Capitales turísticas, por Mariano López

Shanghái se sumará como destino a la Ruta del Gran Canal, casi dos mil kilómetros desde Pekín a Hangzhou.

Mariano López
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Foto: V. Iglesias

Es un debate interesante: ¿deben algunas ciudades limitar el número de turistas que reciben? Las ventajas del turismo son incontestables, pero algunas capitales, entre ellas Barcelona, parece que comienzan a dar señales de fatiga, molestas, agobiadas incluso, por la saturación de visitantes que sufre su centro histórico durante la temporada alta. El turismo urbano ha crecido en los últimos años cuatro veces más rápido que el turismo de sol y playa. Su desarrollo ha sido una bendición para numerosas ciudades, que han ganado en recursos, conexiones, empleos, ideas y horizontes. Pero no todas la ciudades afortunadas por su condición de capital turística han podido evitar los efectos negativos del movimiento de una marea humana, nómada y feliz, que aumenta cada año a un ritmo espectacular: en 1950, el número de turistas internacionales sumaba 25 millones; en 2014 superó los 1.100 millones.

La primera ciudad que expresó señales de preocupación por el crecimiento exponencial del número de sus turistas fue Venecia. Cualquier viajero que haya intentado recorrer un día cualquiera de agosto la Riva degli Schiavoni frente al Puente de los Suspiros sabe que su experiencia es comparable -o casi- a la que se puede sentir cuando se accede al Metro de Tokio en una hora punta. Los turistas parecen generarse y multiplicarse en el centro histórico de Venecia. Sobre todo cuando llegan los cruceros. Venecia recibió 650 cruceros la pasada temporada, un 440 por ciento más de los que atracaban en su puerto hace quince años. Son barcos, casi todos, que superan en tamaño dos o tres veces al Titanic; buques de lujo que alojan, cada uno, miles de turistas. En temporada alta, la tercera parte, incluso más, de las visitas que recibe la ciudad de los canales procede de los cruceros.

Venecia es una ciudad singular, diferente a todas; tanto, que a pesar de su cifra de visitantes -22 millones al año- no suele considerarse un destino urbano. La lista de los principales destinos urbanos del mundo, por el número de turistas internacionales, la encabezan, este año, Londres, Bangkok, París y Singapur, aunque si se añade la cifra de visitantes internacionales al número de turistas locales, ninguna ciudad del mundo puede competir con Shanghái, que el pasado año recibió 6 millones de turistas internacionales y 290 millones de turistas chinos. Con casi trescientos millones de visitantes al año, Shanghái debería ser la ciudad que marcara las pautas del debate sobre los límites del turismo: ninguna otra ciudad tiene sus conocimientos. Pero la ciudad más poblada de China, el destino número uno -por delante de Pekín- para los turistas chinos, no da muestras de sentirse alarmada por el número de sus visitas. Al revés, la ciudad se ha sumado ahora a la promoción de la más reciente y ambiciosa ruta promovida por las autoridades turísticas chinas: la Ruta del Gran Canal, casi dos mil kilómetros que recorren el corazón del país, desde Pekín hasta Hangzhou. Shanghái no está en la ruta, pero será una parada necesaria en el vértice del triángulo formado por Suzhou, la Venecia china, y Hangzhou, el paraíso en la Tierra, según Marco Polo.

¿Sobran turistas en algunas ciudades? Cada ciudad tendrá su propia posición en el debate, pero habrá que escuchar con atención la opinión de Shanghái, la urbe con más turistas del mundo. El lema de su Exposición Universal, hace cinco años, era Mejor ciudad, mejor vida. Un acto de fe, al que podríamos añadir otra de sus convicciones: con más turistas, mejor ciudad. Es el latido de Shanghái, una ciudad fascinante.

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