Candela Serrat, actriz

Vive en Madrid desde hace diez años, pero viaja con frecuencia a su Barcelona natal para ver a sus padres, Joan Manuel Serrat y Candela Tiffón. Formada en Inglaterra, hace tiempo que decidió viajar sola por el mundo de la interpretación. Actriz inquieta y soñadora, a sus 31 años protagonizará una serie sobre la “Cançó” en los 60, con claras referencias familiares.

Javier del Castillo
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Foto: Victoria Iglesias

El parecido con el padre se hace más evidente cuando sonríe y gesticula en la cafetería del hotel Vincci Vía 66 de la Gran Vía madrileña. La hija de Joan Manuel Serrat –por mucho que insista en restarle importancia a su primer apellido– ha heredado el alma aventurera, el entusiasmo y la capacidad de seducción de su progenitor. Desde muy niña recorrió la geografía española en caravana, formando parte de la troupe que acompañaba durante las giras al autor de Mediterráneo. Conoce bien España, y especialmente la isla de Menorca, que sigue siendo la gran referencia en los veranos de su infancia, junto con Cartagena de Indias (Colombia) y la ciudad de Londres, en la que estudió Arte Dramático.

Ir de gira debe resultarle tan familiar como los juegos infantiles en el barrio de Gracia…

Mis padres me llevaban de niña muchísimo de viaje, pero siempre en vacaciones porque el colegio era prioritario. Aparte de algunas giras, casi siempre pasábamos fuera Navidades y Semana Santa. En verano íbamos a Menorca, donde tenemos nuestra segunda casa y donde seguimos yendo todavía. De la Barcelona de mi infancia recuerdo mucho el Parque Güell, al que iba con mis perros, y la Carretera de las Aguas, que pasa por la montaña.

¿Qué tal se ha adaptado a Madrid, su ciudad de residencia en los últimos diez años?

Muy bien. Para mí, Madrid es vida; una ciudad siempre abierta. La gente está muy dispuesta a quedar, a vernos, a tocarnos, a vivirnos. Los primeros ocho años viví en el barrio de Malasaña y ahora me he alejado un poco del centro, pero sigo moviéndome por la zona del Retiro, el Templo de Debod o el Madrid Río.

Viajar

¿Qué importancia tienen los viajes en su vida?

Me gusta muchísimo viajar y ahora tengo la suerte de que a mi pareja (el actor Daniel Muriel) le encantan también los viajes. Hace poco hicimos un recorrido por Estados Unidos: una semana en Los Ángeles, otra en Las Vegas y una tercera entre Nueva York y San Francisco. La gente de Los Ángeles me pareció superamable y el viaje en helicóptero por el Gran Cañón del Colorado fue inolvidable, aunque nos cogió una tormenta y veíamos los relámpagos delante del aparato.

¿Sus próximos viajes?

Iremos primero a Irlanda, para ver el concierto de una banda de música que me encanta, y luego a Italia, para visitar Florencia, Milán y algunas otras ciudades.

¿Conoce bien España?

Bastante bien, pero siempre queda algún sitio por descubrir. Por ejemplo, no conozco Cantabria, aunque tengo amigos de allí y sé que es una tierra preciosa. Aunque haya nacido en el Mediterráneo, me encanta el Cantábrico. Hace poco estuve en la isla de La Toja y por la zona de O Grove, en el Atlántico gallego. La costa mediterránea y las Islas Baleares son lugares que conozco ya muy bien y quiero descubrir otros nuevos.

En la Gran Muralla china. | Viajar

¿Cuál ha sido su viaje más curioso o sorprendente?

El viaje que hice a China al finalizar mis estudios de Arte Dramático. Estuvimos una semana en Beijing y visitamos también La Ciudad Prohibida, a donde yo había soñado ir algún día, después de leer el libro La última emperatriz, que me pareció precioso. Después, nos llevaron también a Xi’an, una ciudad completamente distinta, más rural, y nos enseñaron a hacer empanadillas, para terminar en Hong Kong, ya una gran capital moderna.

¿Qué otros países conoce?

Conozco muy bien Inglaterra, porque viví allí, y lo que yo llamo sus alrededores: Irlanda, Escocia y País de Gales. También conozco bien Francia, porque he ido muchas veces con mis padres. Luego, he recorrido las principales ciudades de Holanda con mochila, viajando en tren con una amiga. Estuvimos en Ámsterdam, Groningen, Rotterdam, Utrech, Gouda, Nieuwegein... He estado, pero cuando era pequeña, en Italia, y varias veces en Colombia.

¿Cuál es el país que más le ha cautivado?

Sin duda, Colombia, donde fui cuatro Navidades seguidas con la familia. Es un país que tengo idealizado. La zona amurallada de Cartagena de Indias es alucinante. Como lo es la vida que hay allí dentro, los colores, los olores. Mi madre me regaló el libro Del amor y otros demonios, de Gabriel García Márquez, y cuando llegamos allí lo primero que hice fue visitar el hotel Santa Clara, donde se supone que estaba la niña... Ahora quiero volver con mi pareja otra vez, porque a él también le ha marcado ese país, y vivir la experiencia juntos.

¿Algún otro viaje a la vista a corto o medio plazo?

Tengo muchas ganas de ir a Madagascar –del continente africano solo conozco Marruecos–, ponerme las vacunas que haga falta y disfrutar viendo todas esas especies que solo pueden encontrarse en esa isla.

¿Qué tal se le da hacer la maleta?

Muy mal. Siempre me paso y luego no puedo cerrarla. Al final me pongo nerviosa, no sé qué dejar fuera y tengo que pedir ayuda.

Con su pareja, en el Gran Cañón. | Viajar

¿Le gusta viajar en tren?

Me encanta, pero los trenes bonitos están desapareciendo. Hace algunos años viajé a París en un tren nocturno precioso, con su restaurante de madera y sus candelabros. Parecía un escenario de Agatha Christie y su detective Hércules Poirot. Algún día espero poder viajar en el Transiberiano.

Si tuviera que vivir lejos de Madrid o Barcelona, ¿a dónde iría?

Dudaría entre Málaga y Londres. La capital inglesa fue durante muchos años mi casa y me siento muy a gusto en ella. Y Málaga creo que es el lugar perfecto para retirarse, por la gastronomía y por el clima. Tenemos un país muy rico y muy variado.