Canción del jubileo, por Jesús Torbado

Los escritores y fotógrafos que han colaborado con la revista durante estos 30 años han hecho mucho por todos los viajeros.

Jesús Torbado

Es poco probable que cierto número de los lectores que en 1978 compraron la neonata revista VIAJAR siga comprándola y leyéndola hoy. Y no porque su precio haya subido escandalosamente, como es natural y obligado, de 100 pesetas (60 centimillos de euro) a los tres euros de hoy, sino porque el tiempo no perdona. Cuántos habrán perdido las ganas de viajar, la curiosidad por contemplar el mundo, o las rentas, o los ojos, o la vida... Pero es raro que los viajeros auténticos se cansen, salvo a causa de fuerzas advenedizas extrañas a ellos mismos. Lo del viajero incansable e intrépido son tópicos tan frecuentados como poco convincentes. En realidad el viajero se fatiga y siente miedo: envejece. Unos mejor que otros. Mas diríase que se cansan menos los que se han empeñado en contar sus viajes o en describir para otros lo que han visto o han sentido, casi como acción fundamental de su vida. Si un coleccionista quiere repasar por ejemplo los 30 primeros números de la revista, encontrará en ellos no sólo asuntos que hoy le resultan muy familiares sino también firmas de escritores y fotógrafos de los que nunca más se supo. El suyo no es trabajo que proporcione fama o gloria; tampoco dinero, desde luego. Aunque sí otras ofrendas y placeres más sutiles. Que se recuerden sus nombres en este jubileo sería homenaje suficiente y tan justo.
Los hay sonoros, recurrentes e ilustres. Vemos al viejo maestro Pepe Pérez Gállego, a Ana Puértolas, Rubén Caba, Soledad Gallego y Malén Aznárez, García Atienza, Natalia Seseña, Néstor Luján, Sánchez Dragó, Vicente Verdú, Gutiérrez Aragón, Felipe Mellizo, Manuel Vicent, Soledad Puértolas, Ángel García Pintado, Rafael Chirbes, Caballero Bonald, Martí Font... Además de un nutrido centón de fotógrafos aficionados y profesionales, enormes de ojos todos ellos, ahora a las órdenes del gran César Lucas. Algunos, en fin, empeñados ya en ese gran viaje último del que quizás no quieran volver, como el propio fundador, primer director y atento viajero que fue Luis Carandell. Y como otro laborioso sucesor en el cargo, que aguantó poco el empuje de la vida, Emilio Rey: abandonó el camino en 1991, poco después de haber echado un lazo amistoso a este cronista que hoy lo cuenta y que sigue todavía en la brecha, mes a mes colgado de esta última página.
Pese a los seis lustros pasados, todavía aparecen afortunadamente por aquí de vez en cuando firmas que ya estaban allí, en aquellas polvorientas calendas de fotos en blanco y negro y periplos incómodos, renombrados veteranísimos de espíritu juvenil e infatigable: Pancorbo, César Justel, Carlos Pascual, Leguineche, Po Egea, Novoa, Alonso Ibarrola... Incluso puede que ellos mismos se pregunten: ¿quién lo iba a decir, tanto hemos viajado?
Hubo escritores y fotógrafos más efímeros, a los que el azar no quiso mantener en este sitio. O que se cansaron, o huyeron, o fueron despedidos por buenas o malas razones. O que se hicieron poderosos y ricos, como el mismísimo inventor y primer gerente, Javier Gómez Navarro. Hubo viajeros de autenticidad muy contrastada pero que apenas tuvieron ganas u oportunidad de aparecer con más regularidad entre las páginas de la revista, hoy tan llena, tan lujosa, tan brillante, después de que empezase a gobernarla en julio de 1996 el joven y vicioso viajero Mariano López, en cuyas manos afortunadamente sigue...
Tantos nombres, centenares, a los que miles de lectores, y no sólo en España, deben algún fragmento de amor y de cortesía, aun desde las orillas del olvido. Forman juntos, y sin necesariamente conocerse entre sí, esa franja de leve nubecilla que enjuaga los ojos con su caricia de nostalgia. Treinta años, tantos. A quien ha sido sobre todo lector fiel y constante de la revista, como éste que ahora lo describe, se le anudan los recuerdos y el agradecimiento hacia los famosos y hacia los desconocidos. Todos han hecho mucho no por los viajes sino por los viajeros, por las personas que viajan. Tienen derecho a alegrarse en este cumpleaños.