¿Y si te decimos que el Camino de Santiago... no acaba en Santiago?

Muchos no saben que aún hay un último tramo, donde también estuvo el Apóstol

Noelia Ferreiro
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Foto: unikatdesign / ISTOCK

Bien es sabido que, al igual que todos los caminos conducen a Roma, el Camino de Santiago conduce, claro, a Santiago, donde descansa la tumba del Apóstol en la majestuosa Catedral. Pero muchos ignoran que esta ruta, la más antigua, concurrida y celebrada del viejo continente, tiene una suerte de epílogo que va mucho más allá.

Se conoce como la Prolongación Jacobea o como el Camino de Fisterra y Muxía y consiste en una extensión de los diferentes Caminos de Santiago, que va desde Compostela hasta el cabo de Finisterre. Un itinerario mítico-simbólico que atraviesa pueblos pintorescos, iglesias románicas, cementerios peculiares y un litoral tan abrupto como hermoso.

Una antigua tradición

Este tramo, que ya desde la Edad Media, sigue el rastro marcado por la Vía Láctea, es fruto de una tradición milenaria que consiste en caminar siguiendo el curso del sol hasta los confines de la tierra, allí donde la Costa da Morte era el límite del mundo entonces conocido.

Faro de Finisterre | Alfonso Fernández Gámez / ISTOCK

También tiene, claro, connotaciones jacobeas, puesto que cuentan que los discípulos de Santiago tuvieron que viajar a estos remotos parajes en busca de la autorización para enterrar al Apóstol. Y que también en Muxía el santuario de la Virxe da Barca se relacionaba con el camino.

Santuario da Virxe da Barca | Joel Carillet / ISTOCK

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Después de la meta

Realidad o leyenda, lo cierto es que hoy, como antaño, muchos peregrinos optan por seguir caminando por este apéndice del Camino de Santiago, dispuestos a poner fin a su largo periplo solo cuando logren contemplar la puesta de sol sobre el océano. Y aunque llegados a este punto, hay mucha belleza acumulada, lo que aguarda en la recta final merece bastante la pena.

Faro de Muxía | josfor / ISTOCK

Cuatro o cinco días más son los que se tarda en recorrer los 89 los kilómetros que restan a Fisterra o los 87 a Muxía. Y tanto si se camina a una u otra, las dos primeras etapas son iguales. En ellas hay postales tan bonitas como la del cruce del río Tambre, en la aldea Ponte Maceira, a través de un hermoso puente de piedra conocido como Ponte Negreira. A su alrededor hay un conjunto arquitectónico formado por la capilla de San Brais, el pozo de Baladrón, hórreos y molinos.

Río Tambre | Juan José Edreira Castro / ISTOCK

Paradas del camino

Cuando el camino se bifurca, hay que elegir entre las dos opciones. La más larga la de Fisterra, a la izquierda, y la más corta la de Muxía, a la derecha, que se hace del tirón. En ambas aguardan paradas tan interesantes como la playa de Langosteira y la ría de Corcubión, el cementerio de Dumbría, el inmenso hórreo (27 metros) de San Martiño de Ozón, la iglesia de San Xulián de Moraime y el citado santuario da Virxe da Barca.

Playa de Langosteira | Joel Corillet / ISTOCK

En los dos ramales aguardan sendos faros donde arrimarse para contemplar al océano embravecido (los más osados se atreverán a bañarse) y divisar en todo su esplendor la Costa de la Morte, la más feroz del país.

Costa da Morte | josanmu / ISTOCK