Burgos a golpe de Tizona: tras los pasos del Cid Campeador

Esta ruta une misterio y realidad para hacernos viajar a las entrañas de la Edad Media

Redacción VIAJAR
 | 
Foto: Turismo de Burgos

Personaje histórico y héroe literario, cinematográfico y de leyenda, Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, nació en Vivar del Cid, en Burgos, y desde allí partió al destierro. Seguir sus pasos por la provincia es una gran experiencia, perfecta para hacer a pie y mochila al hombro. Cien kilómetros distribuidos en cinco etapas que llevan a descubrir hitos cidanos como la cuna del Cid o los monasterios de San Pedro de Cardeña y Santo Domingo de Silos. ¿Arrancamos?

Vivar del Cid, cuna de Rodrigo Díaz

Las calles de Vivar del Cid son una oda a su vecino más famoso. La estatua del Cid y el mojón de la legua cero recuerdan su figura y en el convento de Nuestra Señora del Espino se ubica el cofre donde se guardó, durante mucho tiempo, la copia más antigua del Cantar de mio Cid. Las clarisas de este convento preparan dulces tan evocadores como las lágrimas de doña Jimena.

Zarateman

Tras dejar atrás su localidad natal, el Camino del Cid pasa por Quintanilla Vivar, Villatoro y se adentra en Burgos, ciudad cidiana por excelencia, para continuar hasta Cortes y llegar al monasterio de San Pedro de Cardeña.

Monasterio de San Pedro de Cardeña, el refugio de su familia

En este monasterio y bajo el cuidado del abad, dejó el Cid a su mujer, Jimena, y a sus dos hijas. También aquí estuvieron enterrados Rodrigo y Jimena. Se alza en medio de un paisaje verde de bosques y prados, fue fundado en 899 por la orden benedictina y se convirtió en un centro cultural de primer orden.

Lugar de leyendas cidianas, San Pedro de Cardeña ha sufrido mucho a lo largo de la historia: fue saqueado por las tropas andalusíes en el siglo X y por los franceses en el XIX, abandonado a su suerte durante años y usado como campo de concentración durante la Guerra Civil. A pesar de los avatares de la historia, se conservan la torre del siglo XI y un claustro románico de gran belleza.

Miguel Angel Berbegal Vazquez / ISTOCK

Los amantes de la buena mesa pueden hacer una pausa para comprar y probar algunos de los manjares que se elaboran en el monasterio: vino, cerveza trapense, licor, chocolate o queso de oveja. Y después del descanso, toca ponerse en marcha rumbo al monasterio de Santo Domingo de Silos. En el camino, es inevitable desviarse a localidades de leyenda como Lara de los Infantes o detenerse en Covarrubias, uno de los pueblos más bonitos de Burgos y de España.

CARMEN MINGUEZ

Santo Domingo de Silos, corazón espiritual

Es otro de los hitos cidianos del camino del Cid porque Rodrigo y Jimena donaron en vida algunas tierras a este monasterio. Además, en uno de los capiteles de su claustro románico se representa una mesnada medieval donde se puede ver cómo vestían los soldados en aquellos tiempos.

phbcz / ISTOCK

Nos encontramos dentro del espacio protegido La Yecla y los Sabinares del Arlanza, un entorno de gran belleza que merece la pena recorrer despacio y disfrutando. El desfiladero de La Yecla es una profunda y estrecha garganta esculpida por el río Arlanza en las Peñas de Cervera, con paredes que superan los cien metros de altura.

JCMarcos / ISTOCK

Pinarejos o Espinaz de Can             

Los estudiosos del Cantar de mio Cid sitúan Espinaz de Can, donde el Cid soñó con el ángel Gabriel, en algún lugar indeterminado entre el valle del Duero y la Sierra de la Demanda. Se disputan el puesto Espinosa de Cervera o la actual área recreativa de Pinarejos, cerca de Arauzo de Miel. Esta zona de ocio y descanso, llena de pinos, con fuentes y una ermita del siglo XVIII es el sitio ideal para tomar fuerzas antes de completar el tramo burgalés del Camino, que da sus últimos pasos por Huerta del Rey y dos de sus pedanías: Quintanarraya e Hinojar del Rey.

Luis Rogelio HM

Recorrer despacio estas poblaciones aporta sosiego y permite descubrir antiguas casas de piedra con entramados de madera, escudos, ermitas e iglesias de origen románico, gótico y barroco. Además, desviándose unos kilómetros del sendero marcado se llega a la antigua ciudad romana de Clunia, una de las ciudades romanas mejor conservadas de la vieja Hispania. Un broche de oro perfecto para estos 100 kilómetros de camino.

herraez / ISTOCK