Buscan a cuatro personas que vivan cinco meses en la Antártida sin agua corriente ni internet: pagan 2.000 euros al mes por atender el correo y contar pingüinos
Una isla del tamaño de un campo de fútbol, cuatro o cinco personas y una colonia de pingüinos papúa que anida junto al sendero: así funciona la oficina de correos más austral del mundo, en Port Lockroy, y así puedes vivir en ella cobrando 2.000 euros al mes.

¿Te imaginas vivir en esta caseta durante 5 meses? Puedes... y esta es la forma de hacerlo. / Istock
En esta isla no existe el agua potable, esta llega en bidones casi todas las semanas desde los barcos. Y es por eso que tampoco hay inodoro con cisterna, ni luz que venga de un poste, ni calefacción central, ni internet propio. Vivir aquí se explica tan sencillo como cuando alguien del equipo quiere hablar con un familiar. Este tiene que esperar a que fondee un crucero en las inmediaciones de la base y conectarse a su wifi. No es lo más cómodo, pero así es la forma de tener conexión en uno de los lugares más remotos del mundo. Lo bueno es que es una de las paradas más visitadas de toda la Antártida y vive, literalmente, con lo que les dejan los barcos que pasan.

Colonia de pingüinos en Port Lockroy. / Istock
El equipo que vive en la base de esta isla lo forman cada año un equipo de cuatro o cinco personas que tienen un contrato de unos seis meses, aunque su estancia real en este lugar remoto dura apenas cinco: de finales de octubre o noviembre a marzo, en pleno verano austral y con una luz casi permanente durante todo el día. Y trabajar aquí es hacer de todo: cobran un sueldo por atender el correo, la tienda y el museo, por recibir a los cruceristas y hacer el recuento diario de la colonia de pingüinos que habita este lugar. Cada año se repite la misma escena: se van unos y vuelven otros a la misma isla diminuta. Se llama Port Lockroy, y puede que seas tu la persona que están esperando el año que viene.

Redacción Viajar
Un equipo que vale para todo y sus sueldos
Con cuatro o cinco personas viviendo en esta isla no sobra, obviamente, ningún cargo. Hay un jefe de base, un encargado de la oficina de correos, otro encargado de la tienda, un monitor de vida silvestre y un gestor del museo. Aunque en la práctica todos hacen de todos, porque no sobra ninguna mano. Quien despacha postales por la mañana cuenta nidos por la tarde, y quien gestiona por la mañana la oficina de correos por la tarde, la tienda.

Caseta en Port Lockroy / Istock
El contratante es una empresa llamada UK Antarrctic Heritage Trust (UKAHT), una fundación británica que gestiona y conserva la base desde 2006, y el sueldo depende de la temporada y las necesidades. Según han informado desde su propia web, dependiendo el año han fluctuado desde los 1456 euros al mes hasta los 2000 euros al mes. El ritmo, y el salario, lo marcan los barcos. En temporada alta suelden desembarcar uno o dos al día, y cada desembarco significa un grupo nuevo de personas que visitan la isla. El trabajo: guiarles, cobrarles, sellarles y explicarles todo lo que deben saber sobre el lugar. Al año, aproximadamente, bajan en esta isla entre 10.000 y 18.000 personas.
Sin grifo, sin cisterna y sin router
¿Imaginas lo que es vivir sin agua? Aquí lo saben perfectamente, aunque no significa que no tengan. El agua potable llega desde los cruceros que fondean sus aguas y se carga en bidones, y las duchas de los trabajadores de la isla se toman a bordo de los barcos. No hay red eléctrica, y sin calefacción central el grío se gestiona con lo que se puede. El wifi, el que les ceden los cruceros, y por eso el contacto con las casas de origen dependen de que pase un barco con un poco de ganas de compartirlo.

Montañas cubiertas de nieve y paisajes helados de Port Lockroy, Antártida / Istock
Otra cosa curiosa del lugar es que no es apto para personas escrupulosas. La isla es tan pequeña que no hay dónde esconderse y, con la luz casi permanente del verano, la jornada se organiza por la llegada de los barcos y no por la hora que marca el reloj. Pero hay una norma que es fundamental y que hay que cumplir a raja tabla: aquí está prohibido fumar. La explicación es sencilla de entender: la máxima protección que se le da a los edificios donde viven, que son de madera, y a la fauna que habita el lugar. Cuanta menos contaminación, mejor. Ese es el lema.
La isla es de los pinguinos
Vivir aquí durante cinco meses es una cesión. No es tu casa, no es tu hogar, es simplemente un campamento base donde tu eres el extranjero. Los verdaderos habitantes son los pinguinos papúa, también llamados gentoo o juanito, y se explica bien cuando caminas sobre el hielo. Si un pingüino cruza el camino el visitante se para, espera a que cruce con la tranquilidad que desee, y luego continúa el paso. La colonia con la que vives es de entre 1.000 y 1.500 de estos pinguinos.

El pingüino papúa, en Port Lockroy. / Istock / Gerald Corsi
Aquí viene el peso de trabajar en esta isla: el verdadero trabajo es contar los nidos, los huevos y los polluelos, para al final de cada temporada entregar un informe al British Antarctic Survey. Esto se suma a una extensa base de datos que, acumulada año tras año, sirve para saber como responde la colonia a la presencia humana y a ajustar, en consecuencia, las visitas que se permiten en esta porción de la Antártida.
Una base de 1944 que sigue en pie
Lo primero que ve el visitante es una caseta de madera, y esa caseta es la base. Se estableció el 11 de febrero de 1944 dentro de la Operación Tabarín, una operación británica de la Segunda Guerra Mundial para reforzar su soberanía en la Antártida. La ocuparon varias decenas de hombres y funcionó como estación de investigación británica hasta 1962, el año en el que quedó abandonada. Más tarde se restauró y se abrió como museo y como base, ya en 1996.

Antiguo barco hundido en Port Lockroy. / Istock
Hoy es Sitio y Monumento Histórico bajo el Tratado Antártico, una figura de protección sobre el lugar. Dentro la caseta conserva enseres de la época, y ese es el recorrido que hace hoy quien desembarca entre sus fronteras. En la orilla también se pueden ver las antiguas cadenas de amarre oxidadas y huesos de ballena, restos que se conservan de la época en la que estas aguas eran zona de caza.
Junto al museo está la tienda, y a su lado, la oficina de correos operativa más austral del mundo, la 'Penguin Post Office'. Aquí se compra la postal, se escribe y se echa al buzón. Y, por si te da curiosidad, una vez la echas en el buzón de Port Lockroy tardará unas cuatro semanas en llegar a Europa. Y esto es lo que mejor define lo que es vivir una temporada en una de las zonas más remotas del mundo.

Caseta en Port Lockroy. / Istock
Requisitos para vivir en una de las islas más remotas del mundo
Las candidaturas se abren cada año a comienzos de la temporada de selección, en febrero y marzo, y los elegidos ocupan la isla de octubre a marzo. La última ronda, la de la temporada 2026/27, cerró el 15 de marzo de 2026, así que ahora mismo no hay plazo abierto hasta el próximo año.
El primer filtro es administrativo: hay que ser residente en el Reino Unido o tener derecho legal a trabajar allí antes de que arranque la selección. El segundo filtro es económico: la organización no paga ni reembolsa el viaje desde otros países, de modo que quien llegue de fuera corre con ese gasto.
La descripción de cada puesto, los requisitos concretos de cada perfil (jefe de base, correo, tienda, vida silvestre, museo) y el formulario de solicitud se publican en la web del UKAHT, en el apartado de empleo un poco antes de empezar la apertura de candidaturas. Así que... si eres de los viajeros que no se conforma con ir y visitar y que necesita vivirlo con sus propias carnes... quizás esta es la oportunidad de tu vida para hacerlo.
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