En busca del oso en Somiedo

El ecuador del verano es el mejor momento para avistar al mítico gigante cantábrico en este idílico parque natural asturiano

Noelia Ferreiro
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Foto: ISTOCK

Conviene dejarlo claro: no resulta fácil dar con él. Lo cual no quiere decir que sea misión imposible. Es más, si hay un lugar donde aventurarse en esta búsqueda, ha de ser aquí, en el Parque Natural de Somiedo, donde sobrevive la mayor población de osos pardos de la Península Ibérica (se estima que existen unos 230 ejemplares entre Asturias, León, Lugo, Palencia y Cantabria, de los que el 40%, aproximadamente, se encuentran en estos parajes).

Pero es que, además, es ahora el momento más apropiado para avistarlos, ya que (cuentan los expertos) a partir de la segunda quincena de agosto y hasta mediados de septiembre maduran sus tres manjares favoritos (los arándanos, los arraclanes y los escuernacabras), con lo que no será raro verlos salir al alba o al crepúsculo, evitando el calor, siempre perezosos.

El oso pardo es el rey de este idílico rincón de la cordillera cantábrica, vertebrado en torno a cuatro valles principales a los que atraviesan los cuatro ríos que les dan nombre (Saliencia, Valle, Somiedo y Pigüeña). Un parque que está surcado por senderos que avanzan por parajes sin retocar entre bosques de hayas, robles y abedules, y donde se da la mayor concentración de lagos y cumbres de toda España, a excepción de los pirenaicos. Un privilegiado escenario, protegido también como reserva de la biosfera, donde el ser humano tiene prohibido pisar el 40% de su superficie.

También Somiedo, que está salpicado de 38 aldeas desparramadas por los valles o colgadas de empinadas laderas, es el rincón donde los hombres mantienen una milenaria cultura pastoril. Un sistema ancestral, basado en la agricultura de trashumancia, con el que el paisaje se tapizó de pastos rotacionales o brañas, que suponen el último vestigio, sin parangón en las montañas europeas. Y también se tapizó de las características cabañas de teito, rematadas por un techo de escoba. Utilizadas para resguardar el ganado y los utensilios de labranza, estas rústicas casas son indisociables del paisaje.

Pero más allá de las bonitas rutas, quienes se acercan a visitar este parque lo hacen atraídos por las huellas que revelan la presencia de algún oso. Y aunque para verlos se necesitan prismáticos, un guía que sepa rastrear el bosque y una buena dosis de suerte, se recomienda visitar el centro de interpretación de la Fundación Oso Pardo, en Pola de Somiedo para aprender unas nociones básicas. Se trata de la sede de una ONG dedicada a la conservación del mítico mamífero y de su hábitat, en la que pueden contratarse los servicios de monitores especializados para rutas guiadas por el parque. Y si la caminata resulta infructuosa, uno de los lugares recomendados para avistarlo (eso sí, con prismáticos o telescopio) es el mirador del Príncipe, situado en los alrededores de la aldea vaqueira de La Peral.

Aunque junto al oso pardo conviven especies de fauna tan representativas como el lobo, el corzo o el urogallo, contemplar al emblemático gigante es una experiencia sin igual. Pero poco importa si no aparecen: pasear por estos valles y quebradas, por estos lagos que son testigos de la era glacial y estos bosques que son, con cada estación, una explosión cromática, es ya recompensa suficiente.