Al borde del acantilado

Balcones con vistas. Solo así, al borde de un espectacular acantilado, los huéspedes de estos hoteles de ubicación casi imposible podrán disfrutar de la mejor de las experiencias. Mirar hacia el mar desde las alturas no proporciona vértigo sino pura calma y relax, sobre todo a la hora del atardecer. Como música de fondo, el rugir de las olas al romper contra las rocas. Hay lugares que merecen ser descubiertos para calibrar su valor en su justa medida, auténticos balcones con vistas que son todo un privilegio.

Silvia Roba
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Foto: Xavier Ferrand

Playas salvajes, recónditas calas, carreteras sinuosas, extensiones de pinos que hunden sus raíces en el mar. El abrupto paisaje de la Costa Brava (Girona) está salpicado también, desde Blanes hasta Portbou, desde la comarca de La Selva hasta el Alt Empordà, de preciosos caminos de ronda tallados entre los acantilados, en la roca. Son senderos de piedra, perfectamente habilitados para recorrer a pie, que en sus tiempos servían para facilitar el transporte de sus mercancías a los pescadores y como puntos estratégicos de vigilancia. De entre todos ellos el más elegante es el de S’Agaró, que comunica la playa de Sant Pol, en Sant Feliu de Guíxols, con la cala de los Oriços, tras pasar por el mirador de la Punta d’en Pau, la escalinata de Sa Conca y el Hostal La Gavina.

A principios del siglo XX aquí fue edificada una de las primeras urbanizaciones turísticas de Cataluña, de estilo novecentista, obra del arquitecto Rafael Masó Valentí, admirador de Gaudí. De la unión de dos chalés nació el hoy hotel de cinco estrellas, con 74 habitaciones y piscina de agua marina en el que se han hospedado estrellas del séptimo arte como Ava Gardner, Elisabeth Taylor o Robert de Niro y genios universales como Salvador Dalí. Su decoración, clásica y romántica, invita al relax, que se multiplica hasta el infinito en el Spa y en sus diferentes espacios gastronómicos, abiertos todos al Mediterráneo. 

Jumeirah Port Soller Hotel and Spa (Mallorca) | Jumeirah

Otro sorprendente camino de ronda une la playa del Golfet, en Calella de Palafrugell, con el Faro de Sant Sebastià, en Llafranc. A su lado se alza, poderoso, en un escarpado acantilado a 175 metros de altura, El Far Hotel, con nueve habitaciones de estilo marinero. Cuatro de ellas cuentan con terraza propia orientada al sur, con vistas al Mediterráneo, que se tiñe de un color rojo intenso a la hora del atardecer. Una perspectiva perfecta de la que se puede disfrutar también desde su restaurante, especializado en arroces, pescados y mariscos procedentes de la lonja de Palamós. 

Grandes clásicos hay muchos en el Mediterráneo. Uno de ellos es el Hotel Servigroup Montíboli, el primer cinco estrellas de Alicante, situado en un acantilado junto al mar en Villajoyosa, con acceso directo a las playas La Caleta y L’Esparrelló. A ras del cielo descansa la Hacienda Na Xamena, construida al borde del precipicio. Sus habitaciones, de aires bohemios al más puro estilo ibicenco, son idílicas, tanto por las panorámicas que brindan como por los detalles; algunas cuentan con jacuzzi y piscina privada. Pero aquí la verdadera joya es el Spa exterior, formado por lagunas de agua marina, conectadas entre sí por cascadas suspendidas a 180 metros de altura.

Hotel Servigroup Montíboli (Alicante) | Montíboli

Rituales de aromaterapia cítrica y envolturas en agua de lirio son dos de los tratamientos que podrán elegir quienes se hospeden en Can Simoneta, más desconocido e íntimo, al noreste de Mallorca, en Capdepera. El hotel consta de dos edificios de más de 140 años de antigüedad, recientemente restaurados. Uno de ellos se encuentra al borde del acantilado, con unas escaleras excavadas en él que permiten el acceso al mar. Algunas de sus habitaciones –14 en total– son abuhardilladas, otras tienen terraza propia o incluso zona chill out en el jardín. Aunque aquí el pasatiempo preferido de los huéspedes es dormir la siesta en las hamacas que cuelgan de los pinos. 

El Jumeirah Port Soller Hotel & Spa, también en Mallorca, es un destino en sí mismo, un resort que parece flotar sobre el Mediterráneo, extendido sobre un acantilado protegido por la sierra de Tramuntana. Un hotel de siete estrellas que presume de números: once edificios, dos piscinas y 121 habitaciones. Entre ellas, la Observatory Suite, con las vistas más espectaculares de la bahía y su entorno. The Ritz Carlton Abama, en Guía de Isora (Tenerife), es otro de esos lugares en los que hay que dormir al menos una vez en la vida, donde lo mismo puedes jugar al golf que disfrutar de un picnic bajo las estrellas elaborado por Martín Berasategui. Con un gran tejado de paja y vigas de madera inspiradas en la arquitectura balinesa, El Mirador es su restaurante más especial. No solo por su carta, en la que priman pescados y mariscos, sino también por su ubicación, sobre un acantilado que se precipita sobre el océano Atlántico, frente a La Gomera. Los clientes alojados en el hotel están de suerte: a su disposición tienen un funicular que salva su escarpada altura hasta llegar a una playa con dos piscinas naturales.

Haitzalde (Mutriku, Guipúzcoa) | Haitzlade

Erigida sobre una pendiente que desciende del monte Arno, la villa pesquera de Mutriku es la más occidental del litoral guipuzcoano. En ella abre sus puertas Haitzalde, un hotelito de agroturismo solo para adultos para no dejar de mirar al mar desde cualquiera de sus seis habitaciones o, mejor aún, desde el solárium, que ocupa el lugar de la primitiva huerta del hotel, al borde justo del acantilado. La brisa del Cantábrico inunda cada rincón del Saiaz Getaria, que encuentra acomodo en una torre gótica del siglo XV del casco antiguo de Getaria (Guipúzoa) con un añadido moderno incrustado entre los acantilados de la playa de Gatetape. Tras los grandes ventanales de sus habitaciones, todo es azul.