BMW M6 Cabrio

Bajo el chaqué del M6 Cabrio se esconde el chasis de un verdadero atleta, capaz de enamorar con su conducción. Es un vehículo mucho más apasionado que la media, y su deportividad es una de las más acusadas de su categoría. Gracias a la electrónica, su tacto se convierte en pura radicalidad pulsando un par de botones. Todo un juguete.

Rafa J. CID (revista SUPER AUTO)

El BMW M6 es el chico malo de su categoría; es, de largo, el que ofrece un tacto más deportivo, que roza casi la locura cuando todos sus reglajes se orientan en tal dirección. Incluso deportivos que parecen mucho más agresivos a nuestros ojos, como el Dodge Viper, no son tan precisos y dinámicos, y Mercedes o Jaguar no quieren ir tan lejos para que la suavidad o el confort no se vean perjudicados.

Aun así, el M6, cuando vuelve a la tranquilidad de la posición más relajada del control electrónico de la suspensión o de la caja de cambios, no se aleja tanto de estos últimos, aunque mantiene cierta distancia. Así que este coche es capaz de apasionar cuando se desea, y transportarnos suavemente si es nuestro deseo; todo un personaje.

Flechazo a primera vista
Los diseñadores han tenido la oportunidad de lucirse con la Serie 6 de BMW, disponible en versiones abierta y cerrada, pues este modelo retoma la línea de los Serie 6 de toda la vida, pero al haber sido interrumpida, el nuevo coche no reemplaza a ningún otro y ha iniciado su diseño desde una hoja en blanco. Quizá en próximas generaciones haya un coupé cabrio. Por el momento, la capota de lona no viste tanto como las duras, hoy tan de moda, aunque, eso sí, es totalmente automática. De tres capas, se esconde con sólo pulsar un botón en un tiempo aproximado de unos 25 segundos. Curiosamente, al igual que los otros Serie 6 Cabrio, ésta cuenta con una ventanilla trasera de cristal que puede abrirse independientemente del accionamiento de la capota para que entre el fresquito, pero no el aire huracanado.

En el interior, los acabados son de primer nivel se mire por donde se mire, desde el diseño hasta los materiales, pasando por los ajustes.

Mucha potencia
El motor de 5 litros y 507 caballos del M6 es un huracán. Entrega "solamente" 400 en estado normal, y debemos pulsar un botón para que aparezca el resto de la cuadra. No necesita turbina para alcanzar tales cifras, y el par motor supera los 100 Nm por litro gracias a elementos como el doble vano de regulación de válvulas o las mariposas electrónicas, que lo hacen parecerse a los motores de inyección directa de gasolina.

Su funcionamiento es realmente progresivo y espectacular. Tiene fuerza en todo momento, desde que empezamos a acelerar hasta cerca del corte de inyección, situado a 8.250 vueltas, y ha sido asociado a una de las mejores cajas secuenciales del momento, la SMG III. Ésta entrega la fuerza a las ruedas traseras, no tiene convertidor de par sino embrague automatizado y su rapidez apenas tiene igual. Como avanzaba líneas atrás, en su modo más progresivo es suave y rápida; en el agresivo, brusca y ultrarrápida.

Así armado alcanza los cien kilómetros por hora en 4,8 segundos, y la velocidad máxima, como en todo BMW, ha sido autolimitada a 250 km/h.

En marcha
Pulsa aquí, toca allá, prepárate... y el M6 Cabrio sale disparado hacia delante como una nave espacial. El dispositivo que permite esta descarga de adrenalina es el "Launch Control", que logra que el M6 realice el cero a cien de forma automática y perfecta. El conductor solamente debe dejar pulsado el acelerador y controlar el volante. Ya lo conocíamos, ya lo habíamos probado en el M5 y en el M6 Coupé, pero no deja de entusiasmarnos.

BMW ha creado este modelo con la intención de que apenas se diferencie del modelo cerrado, con lo que prácticamente todo es idéntico, hasta su conducción es muy similar. Eso sí, es un punto menos radical, tiene un toque superior de confort, pero su deportividad sigue siendo ejemplar. ¡Ah!, y es 5 centímetros más largo debido a la nueva defensa trasera, optimizada para mejorar la aerodinámica.

Tiene una pega: el peso. Para que la carrocería mantenga una rigidez suficiente, algo que se pierde cuando se quita el techo, el vehículo ha recibido un buen número de refuerzos estructurales que han incrementado el peso en unos 200 kilos. Con ello, la cifra total alcanza las dos toneladas, sin duda muy elevada para que pueda pelear de tú a tú con deportivos puros, y más si son cerrados. Mucha masa para las carreteras viradas.

De un pisotón nos hemos plantado delante de la primera curva. Con tanto poder de aceleración, casi no hay rectas. Y éste es otro reino, en el que manda el BMW M6. Gracias a la electrónica, la caja de cambios tiene hasta siete posiciones, que van de más suavidad y lentitud de cambios a la rapidez de un rayo y la brusquedad de una mula. Suspensión, dirección y motor tienen ajustes similares, así que recién levantado, con la gota de colonia cayendo por su cuello, este coche cuela como berlina para pasear, y una vez puesto en traje de faena, es hasta parecido a un coche de competición. Conducir de forma deportiva a sus mandos enamora, la ordenada entrega de la potencia colabora a que todo salga como queremos, y cuando deseamos derrapar, resulta que es más fácil de lo esperado, pues resulta noble y predecible. Pero ojo, todo lo noble y predecible que puede ser un vehículo de medio centenar de caballos, que hay que gestionar con esmero.

Con todo de serie
Aunque son 127.000 euros los necesarios para adquirir un M6 Cabrio, vamos, una burrada, el caso es que la mayor parte de los coches de esa potencia se venden por el mismo precio o más caros, y éste, encima, es descapotable.

Además, llega bien cargado de equipamiento, y en su lista de sistemas de elementos de seguridad y confort contamos con la suspensión electrónica regulable, el control de velocidad, el asistente para aparcamiento, la dirección variable, las luces y limpiaparabrisas automáticos, cuero... Los únicos extras interesantes para comprar aparte son el navegador y el "Head Up Display".