Barrio de Kalamaja en Tallin

Modernos cafés y restaurantes han convertido a este barrio de pasado marinero e industrial en una de las zonas con más atractivo de la ciudad, donde se puede hallar desde un submarino hasta fábricas recicladas en centros de diseño.

Nuria Cortés

No hace demasiado tiempo el barrio de Kalamaja era una zona deprimida de carácter obrero que envidiaba el encanto de las calles del precioso casco histórico de Tallin. Pero la buena estrella apareció cuando, unos años atrás, empezó la restauración de sus características casas de madera. Conocidas con el nombre de Casas de Tallin, su origen se debe a la construcción a finales del siglo XIX de la línea ferroviaria que uniría la ciudad con San Petersburgo. Con ella llegaron las fábricas textiles y de papel, además de numerosos trabajadores rusos, para quienes se levantaron nuevas y coloridas casas de madera, siendo las más relevantes las construidas en las décadas de los años 20 y 30.

El paseo para descubrir el encanto de Kalamaja comienza en el antiguo puerto pesquero, a pocos minutos a pie de la famosa torre Margarita la Gorda. Aquí se encuentra la Casa del Diseño Estonio, (Kalasadama, 8), donde descubrir y comprar las últimas creaciones de una treintena de diseñadores y artistas nacionales. Si es domingo, no habría que perderse el Mercado del Pescado, que se celebra a escasos metros de la agradable terraza del café del centro. Aunque si se prefiere revolver entre antiguallas soviéticas y prendas de segunda mano, hay que ir al mercado de pulgas de Balti Jaam, celebrado diariamente junto a la estación de tren. Su ambiente popular pronto da paso a otro más artístico en la cercana calle Telliskivi, en cuyo nº 60 se encuentra una antigua fábrica convertida en el parque industrial homónimo. Tiendas de moda temporales, exposiciones de arte y eventos culturales nocturnos atraen a lugareños creativos y progresistas, quienes también se dejan caer por F-Hoone, un afamado café-restaurante de Kalamaja. Si su aire industrial es frío, en una cercana casa de madera se encuentra Boheem (Kopli, 18), una encantadora crepería cuya decoración retrotrae a un salón comedor de los 50. Si no se ha comido en exceso, quizás apetezca limpiar el cuerpo de impurezas en Kalma (Vana-Kalamaja, 9A), la sauna pública más antigua de la ciudad. O se puede seguir la calle hasta alcanzar Patarei (Kalaranna, 2A), una antigua fortaleza y posterior cárcel que atrae fundamentalmente a los amantes de los espacios abandonados y siniestros. Mejor conocerla en una visita guiada. Siguiendo el llamado Kilómetro Cultural, el paseo peatonal costero que parte del puerto de los cruceros, se llega al inmenso hangar que guarda la colección marítima del Seaplane Harbour (Küti tänav, 15) y que incluye un submarino construido en los años 30. El paseo puede terminar con un té o una copa mientras se escuchan viejos éxitos en vinilo en Tops (Soo, 15), un local de aires soviéticos localizado en una bonita casa de madera.

La moda que transforma fábricas

A un paseo del casco histórico está Baltika Quarter (Veerenni, 24D), un centro multidisciplinar abierto en una vieja zona industrial y en torno al cual se puede comprar diseño de última tendencia. En la calle Veerenni y aledaños se hallan, por ejemplo, los diseños femeninos de Lilli Jahilo (Veereni, 24C) y Tallin Dolls (Tatari, 64) o las propuestas del Centro de Diseño Estonio (Veerenni, 24) -no confundir con la Casa del Diseño, en Kalamaja-.

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