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De Barcelona al pueblo soriano de sus abuelas: los dos primos que cambiaron la ciudad para “disfrutar de las cosas sencillas”

La despoblación, lejos de ser un ‘handicap’, es una manera de aprender a “disfrutar del silencio”.

Cambiaron su vida en Barcelona por un pueblo de Soria de solo diez habitantes

Cambiaron su vida en Barcelona por un pueblo de Soria de solo diez habitantes / Istock / Lagui

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Es evidente que la sociedad actual está viviendo un cambio más que notable. Si la realidad de hace varias décadas era dejar el pueblo para marcharse a la ciudad en busca de una vida mejor, hoy en día el viaje es totalmente al contrario: dejar la gran ciudad para volver a vivir en los pueblos.

Un pueblo remoto perdido en Soria

Un pueblo remoto perdido en Soria / Istock

Lejos de la idea romántica que uno pueda tener en un primer momento, los motivos para dejar atrás la capital, casi siempre, suelen ser laborales y económicos: lo normal es que la vivienda sea más asequible y el coste de vida mucho menos elevado que en la gran ciudad. Si a eso le sumas la posibilidad de teletrabajar, tranquilidad y un ritmo mucho menos acelerado, hay quienes lo tienen claro y no dudan en dar el gran salto.

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Sara Fernández García

Un lugar remoto y despoblado

Es lo que les pasó a un par de primos que decidieron dejar atrás su vida en Barcelona para marcharse a vivir al pueblo de sus abuelas. Un lugar remoto en la Soria profunda donde, de alguna manera, han hecho realidad el sueño de cualquier neorrural: vivir bien en un entorno prácticamente despoblado.

Es la historia de Gabriel Yáñez y Victoria Sancho, que con solo 27 y 28 años dejaron Barcelona en 2023 para instalarse en un pueblo de solo diez habitantes con el que mantenían un vínculo familiar y emocional muy fuerte: “Siempre nos ha gustado venir y pensábamos que si surgía la posibilidad, nos gustaría vivir aquí y probar este estilo de vida”, tal y como explicaba Gabriel en una conversación con La Vanguardia.

Barcelona

Barcelona / Istock

La vida de pueblo, la vida mejor

Gabriel trabaja como programador informático, una actividad que puede realizar cómodamente de manera remota desde el pueblo, mientras que Victoria es profesora de primaria. Ante la imposibilidad de conseguir una plaza en Barcelona, decidió mudarse al pueblo y trabajar como maestra en una localidad vecina mientras seguía estudiando las oposiciones. Un plan redondo en lo profesional pero para el que tuvieron que adaptarse poco a poco al ritmo de su nueva vida en su nuevo (pero conocido) pueblo.

La Hinojosa, en la provincia de Soria, es el pueblo al que estos primos se mudaron hace ya cuatro años, un lugar remoto situado muy cerca de la preciosa localidad de El Burgo de Osma. Durante todo el año apenas hay una decena de habitantes, una cifra que se multiplica exponencialmente cada verano, cuando los habitantes superan fácilmente los 200.

Cuando se les pregunta por cuál ha sido su mayor cambio al mudarse de la ciudad al pueblo, no lo dudan: “disfrutar de las cosas sencillas”, como señalaban en la entrevista al diario. Cuentan que pasan mucho tiempo en la naturaleza y que los domingos pueden acabar jugando a las cartas en el bar del pueblo con los vecinos, y que una partida de pádel les cuesta 5 euros frente a bastante más en Barcelona. Lo más interesante es que convirtieron su experiencia en contenido en un perfil de redes sociales (@Repoblando), precisamente para demostrar que un pueblo de diez habitantes no tiene por qué ser una condena al aburrimiento.