Barcelona pone "límites" a los cruceros: derribará tres terminales para construir una nueva de última generación
El reajuste reducirá un 16% la capacidad y dejará el puerto con cuatro privadas y una quinta pública para 7.000 pasajeros simultáneo

Menos terminales de cruceros, pero mejor servicio a los cruceristas y, sobre todo, "límite" a su crecimiento, ya que el puerto perderá un 16% de capacidad de oferta. El Port de Barcelona y el ayuntamiento han firmado un nuevo protocolo para reordenar hasta 2030 la actividad de cruceros que reducirá a cinco las terminales del muelle Adossat, frente a las siete actuales (seis operativas y una en construcción). El pacto se basa en derribar las viejas A, B y C y construir una nueva macro terminal C de última generación con capacidad para operar con 7.000 pasajeros a la vez, que estará parcialmente operativa en 2028. Esta nueva edificación será pública y priorizará a los barcos que hagan puerto base (inicio y/o final de ruta en Barcelona) y los pequeños de lujo o premium, para menos de mil pasajeros, que ya suponen una cuarta parte del total.
De no haberse tomado la nueva medida, en dos años el puerto habría alcanzado una capacidad de máxima de 37.000 potenciales cruceristas simultáneos, ya que entonces se estrenará la terminal G del Adossat, operada por el grupo Royal Caribbean. Con el reajuste, se eliminarán la A (para 4.500 pasajeros), la B (otros 4.500) y la C (3.800), mientras que la nueva C sumará 7.000 y podrá acoger varios barcos simultáneos. De ese modo, en 2030 el nuevo escenario será de un máximo de 31.000 pasajeros. Es decir, sitúa un techo para la actividad, frente al acuerdo de 2018 que se centró en el número y ubicación de las terminales, olvidando la capacidad.
Según ha explicado este jueves el presidente del Port, José Alberto Carbonell, se opta por servicios de más calidad y mejora del servicio. Las medidas proyectadas para mejorar la gestión de los cruceros alcanzarán los 185 millones de euros de inversión público-privada e incluirán intervenciones para favorecer la movilidad, como desdoblar el puente Porta d'Europa que lleva al Adossat para que los accesos sean más fluidos (90 mIllones) y construir un corredor urbano en el frente litoral destinado a transporte público, taxis, VTC, bicis y peatones.

El alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, ha agradecido a Carbonell la "empatía" y facilidades para "inflexionar" la actividad, de modo que no crezca más. "Ha entendido que el crecimiento económico ha de llegar por otras vías", pero poniendo "límites" al turismo y en concreto a los cruceros, ha dicho. El alcalde ha enfatizado que los efectos "no serán inmediatos", pero que al reducir la capacidad se pone coto al aumento. Confía en una progresiva y natural "reducción" de cruceristas, pero pide "prudencia con las cifras" ya que estas dependen también de lo llenos o no que vayan los barcos.
Lo importante era frenar la "curva ascendente" que desde 2018 había crecido un 20% en cruceristas. "Hay que parar ese ascenso" sobre todo de los que solo hacen escala y son menos rentables para la ciudad, ha insistido. De entrada, 2026 aún cerrará con posibles aumentos, pero creen que posteriormente se producirá el freno, porque también se va a trabajar con la demanda. Es decir, redistribuyendo escalas y prorizando las más positivas para la capital catalana.
El nuevo calendario hasta 2030
Los movimientos en estos cinco años firmados en el protocolo serán continuos. En 2026 se cerrará la sur del WTC y se derribará la C a finales de año. En 2027 se iniciará la construcción de la nueva C, de titularidad pública y es estudiará la movilidad de todo el Adossat. Además, se abrirá la G y se iniciarán los trabajos de desdoblamiento del Pont de Europa. Un año más tarde, entrará en funcionamiento la C, aunque con un solo atraque, mientras siguen las obras del resto de la construcción; también se derribarán la A y B el segundo semestre. Y se iniciará la rehabilitación integral del tramo del Adossat donde estas se ubicaban, con instalación de sistema OPS para la conexión eléctrica de los buques.
En 2029 entrará en servicio el corredor que conectará la plaza de las Drassanes con la Marina del Prat Vermell y la Zona Franca. Mientras que en 2030 la terminal C ya estará plenamente operativa para 7.000 pasajeros.

Cambios tras el nuevo récord
Las negociaciones para el acuerdo bilateral ha ido rápidas, teniendo en cuenta que el pasado febrero se anunció que el ayuntamiento había pedido formalmente al Port reducir a solo las terminales de cruceros. La iniciativa era urgente porque formaba parte de cumplimiento de los acuerdos con Barcelona en Comú para aprobar los presupuestos. El consistorio consideraba que la ciudad había tocado techo, tras los resultados de 2024, cuando se alcanzó el nuevo récord de 3,65 millones de movimientos de pasajeros, que equivale a 2,79 millones de cruceristas (con un aumento del 1%), ya que los que empiezan y acaban ruta en la ciudad se contabilizan dos veces.
Con la nueva demanda municipal, la estrategia del puerto local pasó a ser cualitativa, en tanto que pusieron sobre la mesa la necesidad de contar también con un espacio que priorizase a los cruceros pequeños de mayor categoría, para mimar a ese segmento.
El acuerdo previo de 2018 con la entonces alcaldesa Ada Colau había primado la concentración de la actividad en el Moll Adossat, eliminando progresivamente la actividad en los muelles más cercanos a la metrópolis y fijando un máximo de 7 terminales. Pero precisamente los espacios perdidos en los muelles de Barcelona y de España eran para buques pequeños de lujo o premium, de modo que estos --los más convenientes para Barcelona en términos de volumen y de capacidad adquisitiva de sus pasajeros-- se han ido trasladando al Adossat, mucho más alejado, pero donde no se acotó el crecimiento de pasajeros. Un error de cálculo de los Comuns.
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