Ava Gardner llegó a rodar una película y desató la revolución en este pueblo de pescadores de Cataluña: hoy su estatua mira al mar desde una muralla con siete torres
Fue una campaña de rodaje de unas semanas, pero cambió para siempre la forma en que Tossa de Mar se mira a sí misma. Setenta y cinco años después, el bronce de la actriz sigue asomado al Mediterráneo desde la Vila Vella, y su nombre se cuela todavía en escaparates, dulces y conversaciones de bar.

Tossa de Mar es uno de los lugares más cotizados de la Costa Brava. / Istock
Se sube por callejones de piedra, entre casas que se apoyan literalmente en la muralla, hasta llegar a una placeta con vistas abiertas al mar. Ahí espera la figura de bronce, a tamaño real, con el gesto fijo hacia el horizonte. No hace falta preguntar de quién se trata: en Tossa de Mar todo el mundo sabe el nombre. Lo raro es no cruzarse con alguien haciéndose una foto junto a ella.

Cala Futadera, Tossa de Del Mar / Istock
La historia arrancó en 1950, cuando el director Albert Lewin llegó hasta este pueblo de pescadores de la Costa Brava para rodar "Pandora y el holandés errante", producción con capital de la Metro Goldwyn Mayer que se estrenaría un año después. Lewin buscaba un enclave con muralla medieval intacta y encontró en Tossa exactamente eso. Se trajo consigo a una actriz que en aquel momento ya era una de las estrellas más fotografiadas de Hollywood, y a un pueblo acostumbrado al ritmo de las barcas le llovió encima, de golpe, todo el aparato de un rodaje internacional.

Adriana Fernández
La Vila Vella, el escenario que hizo posible la película
Antes de que llegara ninguna cámara, ya estaba ahí lo que de verdad convenció a Lewin: un recinto amurallado del siglo XII levantado para frenar los ataques de la piratería que azotaba entonces la costa mediterránea. Es, con diferencia, el elemento más reconocible de Tossa, y también el motivo por el que Lewin fijó aquí su rodaje.

Calle en Tossa de Mar. / Istock
De la muralla original se conservan hoy el lienzo casi completo y siete torres circulares, tres de ellas de mayor envergadura, construidas y reforzadas entre los siglos XII y XIV para vigilar el mar. En su interior se levantó también el palacio del gobernador, del siglo XIV, y durante siglos llegó a albergar hasta ochenta viviendas en su momento de mayor esplendor. En 1931 el conjunto fue declarado Monumento Histórico Artístico Nacional, y sigue siendo el único ejemplo de población medieval fortificada que se mantiene en pie en todo el litoral catalán.

Bahía en Tossa de Mar. / Istock
En su vertiente sur, ya fuera del recinto amurallado, se extiende la platja d'Es Codolar, de arena gruesa, que en su día funcionó como puerto de la villa y que hoy sigue siendo la cala menos concurrida de la zona: un rincón que muchos visitantes se saltan sin saber lo que se pierden. Recorrer la muralla completa, subiendo por sus escalones de piedra hasta el faro, es la mejor forma de entender por qué Lewin eligió este sitio antes de rodar un solo plano.
Cuando Hollywood aterrizó en un pueblo de pescadores
Ava Gardner llegó a Tossa acompañada por James Mason, que interpretaba al marinero holandés condenado a vagar por los mares tras maldecir a Dios en una tormenta frente al cabo de Buena Esperanza, y por el torero catalán Mario Cabré, que completaba el reparto. Entre Gardner y Cabré surgió un romance que llenó titulares en media Europa mientras se rodaba la película, hasta el punto de que Frank Sinatra, entonces pareja de la actriz, cruzó el Atlántico para comprobar por sí mismo lo que se contaba. El episodio quedó documentado en la prensa de la época, y en Tossa todavía se recuerda como parte de la leyenda del rodaje, más que como un cotilleo cualquiera.

Mirador con estatua de Ava Gadner. / Istock
Lo que sí puede afirmarse sin matices es que la llegada de una producción de la MGM a un pueblo que vivía de la pesca supuso un vuelco. Tossa entró de golpe en el imaginario internacional, y no fue la única visita ilustre de aquellos años: el pintor Marc Chagall, que frecuentó la localidad, llegó a bautizarla como el "paraíso azul", una expresión que todavía hoy acompaña a Tossa en cualquier conversación sobre su luz y su paisaje.

Tossa de Mar tiene uno de los paisajes más bonitos de la Costa Brava. / Istock
La huella de aquel rodaje tardó casi cinco décadas en materializarse en bronce. Fue en 1998 cuando el escultor gerundense Ció Abellí levantó, sobre uno de los miradores de la Vila Vella, la estatua a tamaño real de Gardner que hoy preside la escena. Desde entonces se ha convertido en el elemento más fotografiado del pueblo, y el nombre de la actriz sigue apareciendo en tiendas, cafés y productos locales, siete décadas después de que se fuera.
Cómo visitar la Vila Vella y seguir el rastro de Ava Gardner
Tossa de Mar se alcanza con facilidad desde Girona o Barcelona, siguiendo la carretera de la Costa Brava, en un trayecto que ronda la hora y media desde la capital catalana. Conviene evitar julio y agosto si lo que se busca es pasear la muralla con calma: en temporada alta las callejuelas de la Vila Vella se llenan hasta el punto de dificultar el paso, y primavera u otoño ofrecen la misma luz sin las aglomeraciones.

Vila Vella al atardecer / Istock
La visita a la Vila Vella se hace a pie, subiendo por sus calles empedradas hasta el faro, o en el trenecito turístico que recorre el pueblo para quienes prefieren no afrontar la cuesta. El recorrido completo del recinto amurallado, con parada en la estatua y en el mirador del faro, se cubre sin prisa en poco más de una hora, aunque merece la pena alargarlo si el día acompaña.
Para cerrar la visita con algo dulce, la Granja Tomás sigue abierta en pleno casco antiguo desde 1885, con sus suelos de mosaico y sus mostradores de madera intactos. Ahí se venden todavía los merengues conocidos popularmente como "besos de Ava Gardner", presentados en una caja con la fotografía de la actriz, y siguen siendo uno de los reclamos gastronómicos más citados por quienes pasan por Tossa.
Ava Gardner falleció en 1990, el mismo año que Mario Cabré. Ninguno de los dos volvió a rodar en Tossa, pero ambos quedaron para siempre ligados a este rincón de la Costa Brava donde, cada tarde, el bronce de la actriz sigue mirando hacia el mar por el que un día llegó un holandés errante que nunca encontró puerto.
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