Los asombrosos "faros del infierno" del mar de Iroise, uno de los más peligrosos de Europa

No es casualidad que aquí se dé la mayor concentración de faros del mundo…

José Miguel Barrantes Martín
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Foto: nikpal / ISTOCK

Olas gigantescas, tempestades que asustarían al más rudo de los marineros… En el litoral bretón se encuentra una masa de agua donde las rocas que asoman a la superficie soportan sin cesar los envites de un mar enfurecido. Un lugar donde las fuerzas de los elementos se palpan a golpe de naufragio.

El mar de Iroise, un infierno en cuyos dominios asoman torres que parecieran obra del diablo. Faros nacidos para alumbrar y salvar vidas que, sin embargo, han apagado el alma de sus moradores al verse enfrentados a condiciones que sobrepasan la capacidad humana.

Mar de Iroise | Jekaterina Sahmanova / ISTOCK

Viajamos hasta las costas noroccidentales francesas para descubrir un rincón fascinante de la geografía europea, donde la mayor concentración de faros del mundo nos anuncia historias que no nos dejarán indiferentes.

Belleza y destrucción a partes iguales

Es uno de los mares más peligrosos del continente europeo. Una porción del océano Atlántico situada a las puertas del Canal de la Mancha, la vía de agua que separa Francia e Inglaterra.

En el extremo meridional, frente a las costas de la región de Bretaña, en un tramo de apenas unas decenas de kilómetros que comprende el área de influencia de las islas de Sein, de Ouessant y el archipiélago de Molène, nos topamos con el temido mar de Iroise.

Mar de Iroise | Philippe Paternolli / ISTOCK

Su particular situación y las peculiares características del lecho marino en este sector son esencialmente las que generan corrientes marinas de una intensidad fuera de lo común, cuyos flujos alcanzan velocidades que han hecho de estas aguas un punto negro de la navegación, como ocurre en la más cercana y conocida Costa da Morte gallega.

Especialmente duro en invierno, cuando se vuelve impracticable, las olas gigantescas que se generan han hecho cobrar una justa fama a esta franja de apenas 3500 kilómetros cuadrados. Un lugar que nos regala imágenes espectaculares y de gran belleza al mismo tiempo que, dada su naturaleza, representa también un rico reservorio de biodiversidad declarado Reserva de la Biosfera por la Unesco y Parque Natural Marino.

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Los emblemáticos «faros del infierno»

Las fuertes tempestades y el inestable estado de la mar en este punto de las costas bretonas ha precisado desde antiguo de la presencia de faros que guíen la travesía de las embarcaciones.

Aquí se da el mayor número de naufragios de Francia y también la mayor concentración de faros del mundo, con 84 en total repartidos en puntos estratégicos, algunos de los cuales se encuentran en ubicaciones imposibles en mitad del mar.

Faro de Trois-Pierres | Philippe Paternolli / ISTOCK

Según una histórica clasificación de los fareros bretones, los faros más deseados para su trabajo eran los «faros paraíso», que se encontraban en tierra firme; a estos les seguían los «faros purgatorio», emplazados en las diferentes islas; y, por último, aquellos que continuamente rehusaban, los «faros infierno», enclavados en pequeños salientes rocosos completamente rodeados de agua. Es en esta última categoría en la que se congregan algunos de los más emblemáticos faros del mar de Iroise, de los que son reconocibles fotografías asombrosas de olas gigantescas engullendo por completo estas construcciones. Torres que, a pesar de haber sido diseñadas para soportar la fuerza de las olas, llevan muchas décadas sin ser habitadas debido a las durísimas condiciones de vida de aislamiento y peligrosidad que conllevaban, sustituyendo la mano de obra humana por sistemas de automatización.

Clasificados en la actualidad muchos de ellos como monumentos históricos, forman parte del conocido como «turismo de tempestad», pudiendo ser observados en toda su dimensión y valor histórico gracias a «La ruta de los faros» del mar de Iroise.

En esta zona, concretamente en la isla de Ouessant, podemos encontrar algunos tesoros como el faro de Stiff, el más antiguo de los faros bretones aún en activo, con una trayectoria que se proyecta atrás en el tiempo hasta el año 1700.

Faro de Le Stiff | thierry64 / ISTOCK

No podemos perdernos, también en esta isla y junto al faro de Créac’h – uno de los más potentes del planeta gracias a los 59 kilómetros de alcance de su haz luminoso -, el Museo de faros y balizas, que recoge en su seno unos ochocientos objetos que son fieles testigos de la señalización marítima.

Faro de Créac'h | sissi73 / ISTOCK

Otra reliquia imprescindible es el faro de Saint-Mathieu, todo un emblema de los marineros bretones, que se encuentra adosado a una antigua abadía del siglo XI creando un paisaje realmente pintoresco y poco habitual. Una joya, erigida en 1835, que sustituyó las arcaicas labores de los monjes que se afanaban por advertir a los marineros de los escollos costeros que tenían que salvar.

Faro de Saint Mathieu | MarcelloLand / ISTOCK

Mientras, la gran mole de granito del faro de la Île Vierge, de más de 82 metros de altura, constituye el faro más alto de Europa y el más elevado del mundo tallado en piedra. Situado en Plouguerneau, es toda una experiencia subir los 365 escalones de su escalera de caracol para admirar desde la base de su linterna el increíble entorno.

Faro de l'île Vierge  | guy-ozenne / ISTOCK

Pero al margen de todos ellos, los que seguramente atraigan más miradas son algunos de los «faros del infierno» más carismáticos e impresionantes, como es el caso del de la Jument, levantado sobre una base de cemento en mitad del mar frente a la isla de Ouessant, en uno de los puntos que acumula más naufragios de toda la zona. Una torre octogonal que se hizo universalmente famosa gracias a las impresionantes fotografías que tomó desde un helicóptero el francés Jean Guichard durante una fuerte tormenta.

Faro de la Jument | Philippe Paternolli / ISTOCK

Cerca de él se encuentra también otro faro mítico, el de Kéréon, encargado también de alumbrar el estrecho de Fromveur. Erigido a principios del siglo XX sobre una roca, fueron necesarios tres largos meses hasta que los ingenieros pudieron arribar en ella, debido a las difíciles condiciones marítimas, para hacer sus tareas de reconocimiento previas a la construcción.

Faro de Kéréon | Julien Carnot

Asimismo, otro de los más emblemáticos es el faro de la Vieille, centinela del peligroso paso del Raz de Sein. Construido entre 1882 y 1887 sobre un islote, es célebre por la historia de dos de sus fareros, dos mutilados durante la Primera Guerra Mundial que tuvieron que ser trágicamente rescatados al poco tiempo tras un desastre marítimo.

Faro de la Vieille | fisfra / ISTOCK

Y, como no, el faro de Ar Men, también erigido en el siglo XIX sobre una diminuta roca rodeada por el mar y aislada a siete millas náuticas de la costa. 37 metros de torre cuya obra se creyó en un principio imposible pero que más tarde se acometió sin no pocas dificultades, tras tres intentos de desembarco infructuosos en 1861.

Faro de Ar Men | Jocelyn Caron

Tampoco fue fácil la del faro de Tévennec, que tras su construcción fue recurrentemente rechazado como destino por numerosos fareros que se volvían locos por el aislamiento y los fuertes temporales que asolaban la zona. Historias que han ayudado a agrandar la mala reputación de todos estos «faros del infierno» del mar de Iroise.

Faro de Tévennec | calcineur