A 2.000 km de todo: ¿cómo viven en la isla más remota del planeta? Contactamos con Tristán de Acuña

245 personas habitan esta isla situada en medio del Océano Atlántico sur y aún hoy más aislada si cabe debido al coronavirus. Sin un caso entre sus habitantes, Tristán celebra estos días haber sido nombrada zona marina protegida, convirtiéndose en la más grande del Atlántico y la cuarta más grande del planeta. Vivir en ella es todo un privilegio y un desafío, como nos cuenta una de sus habitantes

María Escribano
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Foto: Grant Thomas / ISTOCK

El coronavirus y fenómenos atmosféricos como la borrasca Filomena han dejado a multitud de personas aisladas en España, pero este aislamiento no es nada comparado con el de la isla habitada más remota del mundo, Tristán de Acuña, un lugar al que no es fácil llegar, y menos ahora en plena pandemia, y con el que es difícil contactar.

Tristán de Acuña. | Grant Thomas / ISTOCK

Situada en medio de la nada, en una zona al sur del Océano Atlántico, Tristán de Acuña se encuentra a más de 3.700 kilómetros de la Antártida, a 2.800 kilómetros de África y a más de 3.000 kilómetros de la costa este de Sudamérica. Sus vecinos más cercanos están a 2.173 kilómetros, en la zona norte de la isla de Santa Elena.

Tristán tiene un diámetro de 12 kilómetros y debido a lo abrupta que es la isla por su origen volcánico, su único asentamiento humano está en una zona llana en la costa noroeste que recibe el nombre de Edimburgo de los Siete Mares.

Edimburgo de los Siete Mares.  | Grant Thomas / ISTOCK

No son muchos los periodistas o viajeros que han visitado esta isla al sur del Océano Atlántico que es territorio británico de ultramar. De hecho, han sido en ocasiones los propios habitantes de Tristán quienes han documentado cómo es. Uno de ellos es Nigel Humphries, que fue director de una de las escuelas de la isla y que publicó en 1982 el libro So This is Tristan da Cunha, todo un referente para conocer el modo de vida de sus habitantes en aquella época. Nigel tomó fotografías de la isla entre 1974 y 1978 y las publicó en este libro. Eso fue hace casi 50 años, y la realidad es que las cosas han cambiado por allí.

Así nos lo confirma Rachel Green, del Centro de Turismo de la isla, con quien hemos logrado contactar. “Muchas cosas han cambiado en la isla desde los 70”, nos dice. Amablemente, Rachel también nos ha contado multitud de curiosidades sobre cómo es vivir en Tristán de Acuña, todo un privilegio para la revista VIAJAR.

Actualmente viven en Tristán de Acuña 245 personas, nos confirma Rachel. “La mayoría de los isleños han nacido en la isla, pero desde 2011 todos los niños han nacido en Ciudad del Cabo. Este año fue el primero en nueve que un bebé nació en la isla”. Dicho bebé, llamado Alfie, puede significar una revolución para Tristán de Acuña. Tras este nacimiento, se espera que el hospital de la isla, el Camogli Hospital, se equipe un poco mejor para la llegada de más bebés. “En total, hay nueve apellidos en toda la isla, dos relativamente nuevos”, añade Rachel.

EL DÍA A DÍA

¿Y cómo es un día normal en Tristán de Acuña? Así nos lo describe Rachel: “Pues consiste básicamente en acudir a tu puesto de trabajo, que puede ser en la oficina de Finanzas, en la oficina postal, en el centro de turismo, en el departamento de Obras públicas del Gobierno, en una tienda, en el campo como agricultor, etc. Después del trabajo, tenemos que atender nuestros huertos de patatas (situados al oeste del asentamiento), nuestras casas, nuestros animales y cualquier otro trabajo que tengamos que hacer. Si es día de pesca, los hombres se van a pescar y de noche, las mujeres trabajan en la fábrica de pescado procesando las langostas pescadas”. De hecho, patatas y langostas son dos de los productos estrella de Tristán de Acuña, una isla condenada a luchar sin descanso por su autosuficiencia.

Huertos de patatas en Tristán de Acuña. | Michael Clarke Stuff

Pero también hay tiempo para el ocio en Tristán. “Solemos hacer barbacoas con familiares y amigos, hacemos senderismo por las montañas, pescamos o nos bañamos en el océano. Algunos disfrutan tejiendo, cosiendo o creando obras de arte”, explica Rachel.

EL TURISMO EN LA ISLA

Tristemente, no podemos olvidar que estamos en medio de una pandemia mundial por el coronavirus y, aunque el virus no ha llegado a la isla, desde que se desató no está permitida la llegada de turistas. “En un periodo normal, en temporada alta, nos visitan entre tres y ocho cruceros y muchos yates. Algunos turistas, cuando hay espacio disponible, también llegan en barcos de pesca alrededor de nueve veces al año y el S. A. Agulhas (un buque sudafricano de entrenamiento y rompehielos) lo hace una vez al año”, cuenta Rachel.

Los lugares más 'cercanos' a Tristán de Acuña. | Grant Thomas / ISTOCK

También antes de la pandemia, muchos isleños abandonaban la isla para irse de vacaciones. “Pero viajar es muy costoso y normalmente tienes que ir en barco a Ciudad del Cabo y si desde allí quieres viajar más lejos, necesitas coger un avión. Normalmente, los habitantes de Tristán de Acuña visitan Ciudad del Cabo, Reino Unido y Europa”, nos explica Rachel. En barco, se tardan unos seis días en llegar de Tristán de Acuña a Ciudad del Cabo.

¿Y qué pasa si algún extranjero quiere visitar la isla y quedarse allí unos meses? “Los extranjeros pueden quedarse en Tristán varios meses o más, pero primero necesitan un permiso del Consejo de la Isla para visitarla”, nos explica Rachel. Toda la información puede encontrarse en la siguiente dirección web: www.tristandc.com/visits.php

LA ORGANIZACIÓN Y LA TIERRA

Respecto a la organización política en la isla, Tristán está gobernada por un administrador, cabeza del gobierno, que cuenta con el Consejo de la Isla, compuesto por ocho miembros elegidos y tres designados, como asesor.  Y en cuanto a la tierra, Rachel nos confirma que nadie puede comprar un terreno, “pero si alguien quiere construir algo en Crown Land (tierra que pertenece a la Corona de Inglaterra), sus planes tienen que ser aprobados por el Site Board & Planning Committee. También se necesita una carta de aprobación y cualquier isleño puede poner objeciones a esos planes”.

Imagen tomada por la NASA de Tristán de Acuña.  | William L. Stefanov, Jacobs/ESCG at NASA-JSC

UNO DE LOS PEORES MOMENTOS

En julio de 2019, Tristán de Acuña también vivió un duro momento ocasionado por el clima. Una gran tormenta con vientos de casi 200 kilómetros por hora destrozó varios edificios públicos. “Después de la tormenta de julio de 2019, todos los isleños se unieron para ayudar a limpiar y reparar todos los edificios. Esperamos no tener vientos tan fuertes en el futuro, pero el tiempo en Tristán cambia muy deprisa y puede ser muy impredecible”, nos comenta Rachel. De hecho, desde ese julio hasta finales de 2019 hubo más tormentas salvajes sobre la isla. “Hay un montón de problemas de conectividad con el Wi-Fi debido a esos fuertes vientos, que a veces incluso tiran nuestra antena parabólica”, añade.

LOS PINGÜINOS

Hay un habitante en Tristán de Acuña que supera en número a los isleños humanos y es el pingüino saltarrocas norteño o pingüino de penacho amarillo norteño, una de las 18 especies de pingüino, este concretamente en peligro de extinción (quedan entre 190.000 y 230.000 parejas), que habitan en el hemisferio sur. Y es que la isla es uno de los pocos refugios que quedan para estas aves marinas. “Los pingüinos son unos animales muy cómicos y una parte importante de nuestra vida en la isla. Es muy común verlos en las playas de la isla e incluso a veces nos visitan en nuestro pueblo”, cuenta Rachel.

También tienen el pico rojo anaranjado (más grueso y pesado en los machos) y largas plumas amarillas en la cabeza. Se distribuyen entre las islas Tristán da Acuña y la isla de Gough en el centro del Océano Atlántico Sur y en las islas de Ámsterdam y St Paul en el Océano Índico. Es una especie en peligro de extinción.  | RayBatson / ISTOCK

RESERVA MARINA PROTEGIDA

Uno de los motivos por los que Tristán de Acuña está de actualidad es por haberse unido a finales de 2020 al llamado Cinturón Azul para la protección marina del Reino Unido. Las aguas que rodean su isla y otras colindantes se han convertido en la zona de exclusión pesquera más grande del Atlántico y la cuarta más grande del planeta, protegiendo casi 700.000 kilómetros cuadrados. Esto ocurre 25 años después de que la isla de Gough, incluido el archipiélago de Tristán de Acuña, fueran nombrados Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco.

La isla es nueva zona protegida marina.  | Foreign and Commonwealth Office

“Nuestra isla y otras de alrededor [como la isla de Gough, a unos 400 km de Tristán] se han convertido en zona marina protegida y eso son grandes noticias”, se alegra Rachel. “Eso salvaguardará y protegerá uno de los entornos marinos más inmaculados y será un refugio para la gran diversidad de especies animales y vegetales que viven aquí.” Entre esas especies hay, además de pingüinos, la ballena franca austral, el león marino subantártico, pardelas, el petrel de anteojos, el charrán antártico, el albatros de Tristán, arbustos Phylica, tiburones azules, el rasconcillo y el zorzal de Tristan da Cunha,

UN POCO DE HISTORIA

Los primeros asentamientos en la isla, descubierta por el explorador portugués Tristâo da Cunha en 1506, datan de principios del siglo XIX. En 1816, Reino Unido se la anexionó y mandó a ella a William Glass, uno de los hombres que debía vigilar que Napoleón Bonaparte, que estaba cautivo en la vecina isla de Santa Elena, no se fugara. Este escocés se llevó con él a su mujer y a sus hijos.

Algunos hombres más fueron enviados con la misma misión y con la llegada de algunas mujeres de Santa Helena se logró poblar la isla hasta alcanzar los 75 habitantes más o menos a finales del siglo XIX. Pero en 1961, la erupción del pico Queen Mary (que supera los 2.000 metros de altitud y que tan bien ha sido documentado mediante fotografías por satélite por la NASA) de Tristán de Acuña provocó la evacuación total de la isla. Pero dos años después, sus habitantes volvieron y reconstruyeron todo lo destruido.

Imagen de Tristán de Acuña captada por Aster, uno de los cinco dispositivos sensoriales remotos a bordo del satélite Terra lanzado a la órbita terrestre por la NASA. | NASA/METI/AIST/Japan Space Systems, and U.S./Japan ASTER Science Team