Día de la Tierra: mientras nos confinamos, el planeta RESPIRA

Las emisiones han  bajado a niveles históricos. Pero, ¿les damos a los ecosistemas un respiro puntual, o tomaremos alguna lección de esto? Hablan los expertos.

Lucía Martín / Álvaro Martínez
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Foto: AlxeyPnferov / ISTOCK

Y el planeta comenzó a respirar. Las medidas de confinamiento adoptadas en toda España, y en todo el mundo, están causando estragos en la economía a escala mundial. Pero si hay un beneficiado en todo esto, sin duda, es el medio ambiente y nuestro planeta que momentáneamente puede volver a respirar.

Así lo advierten los datos de todo el mundo sobre los niveles de NO2, el principal contaminante del mundo, que están bajando drásticamente según los datos oficiales de todos los países.

NASA

El primer país en sufrir el azote de esta pandemia fue China, que redujo entre un 20% y un 30% los niveles de contaminación a causa de cesar las actividades diarias para detener la propagación del virus, como observó el Servicio de Monitoreo de la Atmósfera Copérnico.

Además, desde la Agencia Espacial Europea aclaran del todo estos datos con un video sobre la bajada del NO2 a través de mapas, en el que podemos observar la bajada drástica de la contaminación en uno de los países más poblados del mundo.

Lo mismo ocurre en Europa, uno de los continentes más castigados del mundo por el brote de COVID-19 que también ha visto una reducción de las emisiones a la atmósfera. Así lo cuenta el Real Instituto Meteorológico de los Países Bajos, que ha estado monitoreando los niveles de contaminación del aire en Europa bajo los datos del Sentinel 5P, un satélite de la NASA.

Estos datos revelan que, en comparación con el año pasado, se han registrado disminuciones de los niveles de contaminación de un 48% en Madrid,  un 49% en Roma, un 47% en Milán y un 54% en París

En Barcelona, la segunda ciudad más grande de España y junto a Madrid una de las más contaminantes también ha visto reducido sus indices de NO2. Según la Generalitat de Cataluña en Barcelona los niveles habrían descendido un 70% desde el 21 de marzo, apenas unos días después del inicio del confinamiento en toda España.

De la misma forma que ocurre en Estados Unidos, en el que se vaticina para 2020 una caída de un 7,5% en las emisiones derivadas de la quema de combustibles fósiles, como ha informado la Administración de Información sobre Energia (EIA, por sus siglas en inglés). Estos datos, aunque parezcan tímidos suponen una drástica caída, ya que el 80% de la matriz energética del país proviene del consumo de fósiles.

Manish Swarup

La pregunta que nos hacemos, es: ¿se trata tan solo de un espejismo? ¿Volveremos a los niveles de contaminación anteriores, o incluso mayores, cuando la economía se reactive? Se lo preguntamos a tres expertos: 

Paco Segura, coordinador general de Ecologistas en Acción

¿Cuál es la situación actual?

En el estudio que hemos hecho Ecologistas en Acción, en la segunda quincena de marzo que ya estábamos confinados, en nuestras ciudades las reducciones son de media del 55%. Otra cosa distinta es que sea deseable el modo en el que hemos llegado a esta reducción, no lo es. Esta situación lleva aparejada muchos problemas, muy graves para mucha gente, y no es algo deseable, pero si es cierto que la contaminación se ha reducido nítidamente. Igual que se ha reducido la contaminación que es tóxica para nuestra salud, también se han reducido las emisiones de Co2, el gas que produce cambio climático. Esto es una de las pocas cosas positivas que podemos encontrar, porque esto también es bueno para combatir la enfermedad de la COVID, porque alguno de los gases como el No2 (dióxido de nitrógeno), deprime nuestro sistema inmunitario y el hecho de que haya menos contaminación hace que seamos más eficaces para defendernos de este virus. 

¿Cree que este mes nos va a hacer ganar tiempo respecto a los compromisos de reducción de CO2 firmados en el Acuerdo de París? 

La clave no es un mes, la clave es como se salga de esta crisis. Es obvio que la reducción drástica de vuelos y el hecho de estar prácticamente la mitad de la población confinada supone un bajón en las emisiones tremendo, pero la cuestión es como se reactive la economía después de esta crisis que antes o después pasará. Ahí estará la clave de nuestra respuesta ante el cambio climático. 

¿Qué pasará cuando todo esto termine?

Si la reactivación viene por cosas, como las que ya se están oyendo, como ayudas a la economía que pasan por retirar la legislación ambiental y quitar los topes de emisiones de los coches, quitar incluso las multas a los fabricantes que han estado haciendo fraude con estas emisiones durante años y años… Si va por esa vía, de seguir produciendo emisiones a lo loco, la situación con la que nos vamos a encontrar en un plazo muy cortito de tiempo va a ser muchísimo peor. 

Sin embargo, si se apuesta por una reconversión ecológica de la economía, por apoyar sectores menos emisorios, a lo mejor esta crisis sirve para reducir una crisis que va a ser aun mucho mayor y peor, que es la crisis climática y ambiental que tenemos por delante. 

En cuanto a la fauna, ¿esto la está beneficiando y está suponiendo un relajo para la subsistencia de especies?

El confinamiento ha caído en plena época de cría de un montón de animales, el hecho de que haya menos presión en el campo y menos presión de caza, hace que sea una buena noticia para los animales y en general para todas las especies. 

Aun así, esto es solo una excepción, un paréntesis, lo importante es lo que se haga de la biodiversidad y nuestra gestión sobre los espacios naturales, que cada vez se van acotando y limitando más a escala global y esto es algo que debería cambiar. 

Cristobal Dueñas / GTRES

Adrián Fernández, experto en Movilidad de Greenpeace

¿Cómo ve la situación actual?

Cuando hablamos de que ha bajado la contaminación habría que ver cuáles han sido los efectos que se han producido de forma inmediata. Nosotros, hemos analizado los datos que tenemos de las Redes Oficiales de Medición y lo primero que hemos podido percibir es que especialmente en las grandes ciudades que ya sufrían una mala calidad del aire, en el momento en que se activó el Estado de Alarma, ha bajado el tráfico prácticamente un 70%, los niveles de dióxido de nitrógeno, que es uno de los contaminantes que en España solemos propasar ya que proviene del tubo de escape de los coches, han bajado en la misma proporción, consiguiendo que en un mes de marzo estemos disfrutando una calidad del aire totalmente excepcional y muy positiva con respecto a la de años anteriores. 

Este dato positivo contrasta con el de otros contaminantes que no tienen un efecto tan inmediato, por ejemplo, con los gases de efecto invernadero, principalmente con el Co2, que son sustancias con una inercia muchísimo más alta, y por tanto el hecho de haber detenido la producción de Co2 durante unas semanas o unos meses no se va a traducir en una ralentización del cambio climático, al menos a los niveles que nos pide Naciones Unidas. Para poder frenar la crisis climática necesitamos un cambio estructural y no solo una pausa en las emisiones, sobre todo si cuando acabe el Estado de Alarma vamos a volver a un ritmo de emisiones igual o superior que el que ya teníamos antes, que es lo que ha sucedido en otras crisis anteriores. 

¿Qué pasará cuando todo esto termine?

No podemos olvidar que España es uno de los países firmante del Acuerdo de París, que comprometía a reducir progresivamente las emisiones de CO2, y estos compromisos no son negociables con el pretexto del crecimiento económico. Nosotros, desde Greenpeace defendemos que la recuperación económica que tiene que producirse para salir de esta crisis y para recuperar un nivel de vida digno, deben hacerse sin prescindir de la ambición climática que habíamos conseguido. Apostar por una economía verde y una economía de proximidad genera más empleo, tiene un retorno económico mayor y evita la cantidad de efectos de una economía basada en combustibles fósiles que son nocivos y tienen mayores costes sanitarios. Es fundamental que la recuperación vaya en línea de una apuesta por la economía verde porque en el fondo y a largo plazo es más rentable y es más resistente a futuras crisis que sin duda vendrán de la mano del cambio climático. 

Sergio Lopez Villar / GTRES

En cuanto a la fauna, ¿esto la está beneficiando y está suponiendo un relajo para la subsistencia de especies?

Las imágenes que hemos podido ver son un poco anecdóticas, y más que reflejar una recuperación de la naturaleza en realidad lo que ponen de manifiesto es hasta que punto el entorno urbano ha ocupado y alterado ecosistemas. En el momento en el que la actividad humana ha cesado, los ecosistemas han intentado volver al equilibrio que tenían anteriormente. 
 
De cara a la perdida de biodiversidad, es algo ligado al cambio climático, pero también depende de otras muchas causas, como el mal uso del suelo, la contaminación de los fondos marinos… son causas mucho más profundas que requieren de un cambio permanente en la conducta humana para frenar su degradación.  

Cristina Alonso Saavedra, responsable del Área de Justicia Climática y Energía de Amigos de la Tierra

¿Cómo ve la situación actual?

Es una situación dramática. No se puede justificar de ninguna de las maneras la alteración sin precedentes de toda la sociedad humana, con muertes a escala masiva, como una forma de reducir las emisiones.

¿Cree que este mes nos va a hacer ganar tiempo respecto a los compromisos de reducción de CO2 firmados en el Acuerdo de París?

No, todo lo contrario, no podemos permitir que se retrasen más las medidas necesarias y urgentes de cara a alcanzar el Acuerdo de París. Como así indica la comunidad científica, en especial el IPCC en su informe de 2008 sobre el calentamiento global de 1,5º, esta década es clave para no sobrepasar ese 1,5 º a finales del siglo.

Las reducciones producidas en este mes son sólo un “espejismo” que en el cómputo global resultan insignificantes. El reto estará en seguir reduciendo las emisiones de una forma constante en los próximos años. Los cálculos en función a los datos proporcionados por la comunidad científica estiman que es necesaria una reducción media de emisiones del 7% anual, y eso implica una gran transformación escalada y controlada del sistema energético y agroalimentario, así como de la gestión de los suelos.

Manish Swarup / GTRES

¿Qué pasará cuando todo esto termine?

Eso va a depender de las decisiones políticas que se tomen al respecto. Necesitamos políticas valientes que no sucumban al gran lobby de las grandes corporaciones mas contaminantes, como estamos presenciando a nivel mundial, especialmente en estos momentos. Las políticas y medidas que se establezcan para salir de la crisis económica resultante de esta pandemia, deben estar enfocadas en acciones climáticas ambiciosas y contundentes que respondan a las demandas establecidas por la comunidad científica. Además, deben de ir acompañadas de medidas sociales focalizadas en las personas, con especial atención a los colectivos más vulnerables. Es decir, un enfoque de justicia climática, en el que la justicia social avance al mismo tiempo que reducimos las emisiones.

Si se repiten los patrones de medidas de salida como en la pasada crisis del 2008, donde se incentivaron a las grandes corporaciones, que normalmente coinciden con las más contaminantes, con medias de socialización de sus pérdidas económicas y asumiendo la precarización de la vida de las personas, la humanidad estará abocada a más pandemias, más enfermedades, más pobreza y más desigualdad, entre otras cosas.

En cuanto a la fauna, ¿esto la está beneficiando y está suponiendo un relajo para la subsistencia de especies?

Uno de los mayores beneficios en cuanto a la fauna, y en general a nuestro entorno natural, es que cuando salgamos de esta crisis, aprendamos sobre el impacto que nuestro comportamiento tiene en él, en nuestra biodiversidad que es uno de nuestros mayores valores, y cuya destrucción, según la ciencia, está en el origen de esta pandemia. Darnos cuenta de que somos seres interdependientes, como se está visibilizando más que nunca en estos momentos, pero también ecodependientes, que estamos insertos en ecosistemas y necesitamos de ellos para sobrevivir.