Aroa Domínguez (23 años), bombera forestal y apicultora que reabrió el único comercio de su pueblo: "A los pueblos los están dejando perder como si ya no tuvieran futuro"
Compagina la extinción de incendios con una explotación de miel que su familia sostiene desde hace cinco generaciones; este agosto ha abierto, junto a su padre, una tienda en un municipio zamorano de 184 habitantes.

Un pequeño pueblo de Zamora que ha reabierto su único negocio gracias a una joven de 23 años. / Antramir | Wikicommons
El 8 de agosto, con Zamora todavía pendiente del fuego y una campaña de miel castigada por la falta de agua, Aroa Domínguez levantó la persiana de una tienda nueva en un municipio que el padrón de 2025 deja en 184 habitantes. Llevaba meses repartiendo el trabajo entre las colmenas y sus jornadas como bombera forestal, sobre un monte que conoce también por lo que produce. El verano le ha exigido las dos cosas a la vez, proteger el terreno cuando arde y comprobar después qué queda para unas abejas que dependen de la floración y del agua.

Casa tradicional en Muelas de los Caballeros. / Wikicommons | Antramir
La tienda es solo el capítulo más reciente. Antes están las cinco generaciones de apicultores de la familia, el padre que dejó su empleo en la ciudad para dedicarse por completo a las abejas y una hija que, terminados sus estudios, prefirió regresar y trabajar con él. También está un antiguo pajar familiar convertido en comercio, con piedra, madera y utensilios de apicultura que ya estaban ligados a la casa. La inauguración reunió a vecinos, amigos y gente que volvió expresamente para la ocasión. Todo esto ocurre en Muelas de los Caballeros, en La Carballeda zamorana.

Adriana Fernández
Cinco generaciones, la sierra y unas 400 colmenas
Aroa trabaja con su padre, Balín Domínguez Bordel, en una explotación que ronda las 400 colmenas repartidas por distintos parajes, con la Sierra de Velilla como uno de sus paisajes esenciales. Miel Balín mantiene una forma de producción poco amiga de los atajos: abeja ibérica negra, extracción manual y mieles ligadas al brezo, al bosque y a la montaña, comercializadas crudas y sin procesar. El reconocimiento más claro llegó en 2024, cuando obtuvo el oro de los Premios Alveare a la Mejor Miel de Zamora en la categoría de mieles oscuras, en una edición con más de medio centenar de muestras presentadas.

Plaza en Muelas de los Caballeros. / Antramir | Wikicommons
La cosecha de 2026 ha salido mal. Aroa habla de una sequía capaz de dejar seco incluso el río que nace en la zona y de una producción de miel muy mermada; el fuego añade otra incertidumbre que ella conoce desde dentro. Algunos apicultores próximos perdieron colmenas o el monte que las alimentaba en incendios anteriores, y la familia estuvo cerca de ver afectado también su entorno. Quizá por eso su decisión de continuar aquí tiene menos de gesto romántico de lo que parece desde lejos. Cuando le preguntan dónde quiere estar, lo despacha en cuatro palabras: "Mi sitio está aquí".
Muelas de los Caballeros: piedra, pizarra y una persiana nueva
Los 184 habitantes corresponden al conjunto del municipio, formado por Muelas de los Caballeros, Donado y Gramedo; el núcleo de Muelas tenía 131 vecinos en el nomenclátor de 2024. El caserío encaja bien con este extremo de La Carballeda: granito, cubiertas de pizarra, madera en los corredores y la torre de la iglesia recortándose sobre los tejados, mientras el Fontirín acompaña un paisaje dominado por robles y brezos. Su historia documentada lleva a la integración medieval de estas tierras en el Reino de León, a su posterior pertenencia a las Tierras del conde de Benavente y, desde 1833, a la provincia de Zamora. Bastante materia hay ahí sin necesidad de cargarle leyendas que no pueden sostenerse.
El nuevo local de Miel Balín ocupa un antiguo pajar familiar en el número 7 de la calle Cheriz. Abrió oficialmente el 8 de agosto y la inauguración acabó tomando la forma de una fiesta de pueblo: degustaciones, panceta, ciervo, sangría, cerveza, reencuentros y la música de Los Osos de Velilla. Conviene no exagerar lo ocurrido —Muelas no era un pueblo sin absolutamente ningún servicio—, pero tampoco rebajarlo: después de años viendo desaparecer actividad comercial, una familia decidió acondicionar un espacio, abrirlo al público y empezar a vender desde allí lo que produce en el monte. En un núcleo de este tamaño, una puerta nueva se ve enseguida.
El Fenal, los lobos y una cocina pegada al monte
El Jardín del Fenal introduce una rareza botánica en un territorio de robles, brezos y monte bajo. La finca, de propiedad privada, ocupa unos 12.000 metros cuadrados y fue creada a comienzos del siglo XX por Maximiano Santiago Prieto, que fue reuniendo especies de sus viajes. El inventario histórico habla de más de 500 especies vegetales, repartidas en más de 70 familias y 280 géneros, con secuoyas, cedros o pinsapos entre los ejemplares más llamativos; precisamente por su carácter privado, la visita no debería darse por garantizada sin comprobar antes las condiciones de acceso. El paisaje cambia de escala en la Sierra de la Culebra, territorio inseparable de la presencia del lobo ibérico y de una fauna en la que también abundan ciervos, corzos y jabalíes.
La cocina de Sanabria y La Carballeda explica bastante bien dónde estamos sin necesidad de mirar un mapa. Galicia dejó el gusto por el pulpo; Portugal, el bacalao y las salazones. A eso se suman la trucha sanabresa, la caza, los habones, las castañas y una despensa micológica que en otoño cambia por completo las mesas de la comarca. En Rionegro del Puente, El Empalme sigue trabajando en 2026 con un menú cerrado de caza y setas que varía según la temporada, una manera muy directa de comer lo que el monte está dando en cada momento. Y aquí la miel de brezo no funciona como recuerdo para llevarse a casa: pertenece a la misma despensa que todo lo anterior.
Aroa ya piensa en lo que viene después. Quiere que la tienda venda otros productos zamoranos cuando estén resueltos los trámites, abrir la venta por internet y llevar Miel Balín a más ferias. No habla de salvar el mundo rural ni necesita hacerlo. Su planteamiento es bastante más concreto: poder trabajar, vender lo que producen y seguir viviendo donde ha decidido vivir. "A los pueblos los están dejando perder como si ya no tuvieran futuro, pero los jóvenes que nos queremos quedar de verdad tenemos que luchar".
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