Andrés Trapiello: "Los madrileños hablan mal de su ciudad, pero bien de su barrio"

El escritor, que acaba de publicar 'Madrid', su gran obra sobre la capital y a la que ha dedicado cinco años, nos habla de los barrios, del rincón que le parece más especial, del Rastro y de la continua transformación de la ciudad

María Escribano
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Foto: Raúl Caro / EFE

Para ser madrileño no hace falta haber nacido en Madrid. Eso lo sabe todo el mundo. Lo sabía Benito Pérez Galdós, nacido en Las Palmas de Gran Canaria y del que nos queda todavía un mes de 2020 para celebrar el centenario de su adiós, y lo sabe Andrés Trapiello, el escritor nacido en el pueblo leonés de Manzaneda de Torío y que acaba de presentar su gran libro Madrid (Ed. Destino) Los dos autores han conseguido demostrar que la ciudad la puedes llevar por dentro desde el minuto uno en que la pisas.

No se dice de Madrid que es bella como París (aunque ya querría la capital francesa un trocito de su cielo) ni cosmopolita como Nueva York (aunque ya quisiera la ciudad de los rascacielos disfrutar de la mezcolanza y tolerancia de Madrid) ni trascendente como Roma (aunque Mary Beard también se quedaría con la boca abierta con la historia de la capital). Pero Trapiello sí lo dice y añade que Madrid “es una ciudad jovial” y que también es “como una enorme fiesta, donde los madrileños son conscientes de los peligros que tiene vivir en una ciudad muy grande”. Entre esos peligros está, cómo no, la pandemia de coronavirus, a la que Trapiello también le dedica un apartado en su libro. Un libro a medio camino entre autobiografía, guía de viajes y manual histórico, una mezcla que lo hace especialmente apetecible y digerible para aquellos que no tienden a leerse los libros sobre ciudades, como bien sabe su autor. 

Hablamos con Trapiello un par de días después de que se reabriera el Rastro madrileño tras ocho meses cerrado por la pandemia. Obviamente, la primera pregunta que le lanzamos al autor de El Rastro. Historia, teoría y práctica tenía que ver con esta gran cita de los domingos madrileños.

¿Qué le ha parecido la reapertura del Rastro madrileño?

Es algo que venían pidiendo los rastreros desde hace mucho y yo lo comprendo, porque la mayor parte de ellos viven de esto, del domingo. Y domingo que no se abre el Rastro es para ellos una ruina. Llevan ocho meses, yo no sé cómo muchos de ellos han podido sobrevivir. La apertura se ha hecho de una manera, como no puede ser de otro modo, muy rara. Únicamente han abierto tres plazas: una calle entera y dos trozos de calles. En el Rastro normalmente hay 1.000 puestos, han dejado abrir 500. Yo, a la hora que estuve, no vi ni siquiera 300. Querían permitir únicamente 3.000 visitantes, en el Rastro normalmente hay entre 50.000 y 100.000 visitantes cada domingo, por lo tanto, aquello era bastante desangelado. Al mismo tiempo, repartían unos pasquines con el lema “el Rastro es seguro”, es al aire libre… Hombre, sí, es al aire libre. Pero lo que hay que recordar a los que vamos al Rastro es que en estas circunstancias más que nunca hay que tener presente que el Rastro es un mercado de tacto y de contacto, es un sitio donde las cosas se ven, pero sobre todo se tocan. Quieres ver si está en buen estado… Y es de contacto porque la gente se aglomera en los puestos buscando chollos, las oportunidades, las cosas inesperadas. El Rastro así como lo hemos visto está bien, es mejor que nada, pero esperamos que vuelva como siempre. El Rastro tiene que volver a ser un mercado de tacto y de contacto. Sin estas dos cosas, el Rastro no es lo que es.

Reapertura del Rastro de Madrid el 22 de noviembre de 2020 tras ocho meses cerrado por la pandemia de coronavirus.  | Europa Press News / GETTY

Le dio tiempo a incluir ese apartado sobre la pandemia en Madrid, donde habla de la tristeza en la ciudad. ¿Cree que ha cambiado algo esa tristeza desde que lo escribió?

No, creo que la tristeza y la preocupación siguen en todo el mundo. Es verdad que las circunstancias han cambiado respecto a marzo y abril. Primero, no porque las cifras sean mejores (de hecho, son mucho peores en cierto modo), pero sabemos más del virus, sabemos más de cómo se contagia y estamos más acostumbrados. Por tanto, vivimos esto con menos nerviosismo y menos angustia. Pero con el mismo temor. Yo lo que veo es que hasta que la ciudad no recupere esa normalidad, probablemente nos resulte extraño. Hay que decir, no obstante, que en Madrid han ocurrido desde siempre cosas muy graves. Primero, porque es una ciudad muy poblada. Segundo, porque es la ciudad donde hay mucho más tránsito y donde los problemas se multiplican. Es una ciudad que ha conocido pestes, pandemias, hambres, envenenamientos, revueltas, motines. Y, aunque esta es de las más graves, hay que recordar que los tres años de sitio durante la Guerra Civil fueron tremendos. De esas circunstancias tan tremendas Madrid siempre ha salido. Pero son cicatrices que le quedan a la ciudad. Madrid es la ciudad probablemente de España que tiene más cicatrices porque justamente es la que está más bregada.

En el libro cuenta que llegó con su hermano a Madrid con 17 años, pero era su segunda visita, ¿cuál fue la primera?

La primera fue una excursión escolar donde estuve dos o tres días en un concurso de villancicos, yo creo. Tenía 12 ó 13 años. No me marcó la ciudad entonces, pero sí me impresionó. Yo venía de un pueblo, pero ver los neones, las farolas, las calles anchas con coches, los tranvías, la Casa de Fieras… Todo eso me impresionó. La segunda fue cinco años después y ahí sí la ciudad me marcó enormemente porque el día que yo vine a Madrid fue el más importante de mi vida, no porque venía a Madrid, sino porque fue el día de mi emancipación. El joven, las personas, tienen que emanciparse en algún momento, todas, más tarde o más temprano, para vivir su propia vida. Y a mí me tocó emanciparme muy temprano, con 17 años, que era entonces cuatro años antes de la mayoría de edad. Vine contraviniendo todo tipo de normas. Fue una emancipación un tanto forzada, de la que estoy contento porque me ayudó tal vez a crecer un poco más rápido.

Portada de 'Madrid', de Andrés Trapiello. | Ed. Destino

¿Algún destino que quiera visitar cuando todo esto pase?

Yo soy una persona viajera… relativamente, viajo poco. Hace ya mucho tiempo que viajé a América, para mí queda muy lejos; a China y a Oriente nunca he ido aunque he estado invitado. Yo me muevo realmente por dos o tres países únicamente, que es Italia, Francia y Portugal. Si pudiera volver a cualquiera de estos sitios, sería feliz. Pero viajamos a estos países muy tranquilos, para ver a algún amigo, para estar algunos días. Soy, de todos modos, de poco viajar. Quizá la pandemia debería enseñarnos a todos que también en la casa de cada uno están todos los viajes posibles. No estaría de más que la gente se sentara un poco y que de esta pandemia salieran algunas cosas buenas. Bajar el ritmo con el que hemos vivido estos últimos años tampoco está mal. Hoy he oído que hay gente que considera que lo de las distancias sociales es algo bueno también. Hemos de aprender de las cosas, ahora ya hay gente que valora mucho más España; y lo mismo pasa en Francia o en Alemania… Ahora valoramos mucho más lo nuestro que antes. El inglés, el francés, el italiano… todo el mundo, al no poder salir…

Y hemos redescubierto nuestros barrios.

Los madrileños en general hablan mal de la ciudad, pero hablan muy bien de su propio barrio. Porque han conseguido aclimatarse en él como la gente se aclimata en su pueblo o en su provincia. Esto es una de las cosas que caracteriza a Madrid: la gente tiene un amor enorme por su barrio, pero luego se permite criticar la ciudad. Madrid, al ser una ciudad que no es evidente, que tienes que descubrir, al final la gente con Madrid es muy leal. Incluso los forasteros tienen un cariño grande por Madrid, les gusta mucho Madrid, el carácter de los madrileños, la ciudad… Una ciudad que no se da importancia, que es muy normal, entre comillas. Es una ciudad que no es ampulosa, retórica, que no es excesivamente grande, que es bastante paseable, que si te pones, es una ciudad que puedes recorrer en un día, puedes estar paseando y recorrer seis o siete barrios fácilmente.

Barrio de Lavapiés.  | Page Light Studios / ISTOCK

-Cita en el libro restaurantes y hoteles muy famosos de la ciudad. Algunos de ellos, como el Ritz, están viviendo un proceso de reconversión, hay obras en el Bernabéu… ¿Cree que es un momento de transición en la ciudad, quizá acelerada por la pandemia?

-Madrid ha sido siempre así. Es una ciudad donde más se ha destruido y más se ha construido. Madrid está en permanente construcción y demolición. No es de ahora. Cuando no es el Calderón, es el Metropolitano, si no, el hipódromo. No es de nuevas. Madrid es una ciudad que destruye mucho y construye mucho. Esto a veces comporta mejoras, pero otras no. Madrid ha perdido muchísimas cosas bellísimas, modélicas y ejemplares, por ser una ciudad que ha crecido muy deprisa. El problema que ha tenido Madrid, desde el siglo XIX hasta ahora, es que ha crecido muchísimo. Después del franquismo, con las autonomías, que ya la gente hizo su vida en sus propias comunidades, la afluencia a Madrid fue menor y Madrid ha mantenido estables sus vecinos desde entonces y por lo tanto, le ha sido más fácil conservar que destruir. En ese sentido, conservar te obliga también a valorar lo que tienes. La pandemia no favorece esto de la destrucción, es la dinámica desde hace dos siglos.

-Qué lugar recomendaría de Madrid para redescubrir en estos momentos.

-A mí me gusta mucho, y ahora es el momento ideal, todo lo que está al lado del río. Lo que mejor define a Madrid en los últimos 40 años, a mi modo de ver, me parece la obra más importante en Madrid desde 1968, es Madrid Río. Es un proyecto de Ruiz-Gallardón, que se le criticó mucho diciendo que era una obra faraónica, que se iba a tirar el dinero… Pues no, al final ha sido una manera de reinventar la ciudad, recuperar esa parte de la ciudad y poner en contacto los barrios del sur con los del norte. Todo lo relativo a Madrid Río es muy bonito, tanto si se ve desde arriba, desde el templo de Debod hasta las Vistillas, esa especie de acantilado que hay en Madrid mirando al río es maravilloso. Pero también mirando a la ciudad desde el río, desde abajo hacia arriba, es también a mi modo de ver lo más bonito. En este momento es lo ideal, está al aire libre, se puede pasear muy bien.

Madrid Río.  | JOSE LUIS VEGA GARCIA / ISTOCK

-¿Es usted madrileñista como Galdós?

-Yo no soy madrileñista. Soy madrileño, porque vivo en Madrid y cuando voy a Cataluña, soy español y cuando voy a león, soy español. Y cuando voy a otro sitio, soy español. Soy español porque no podemos ser otra cosa. Soy madrileño porque lo he elegido, he elegido vivir en esta ciudad, y estoy orgullosísimo de serlo. Es una ciudad que realmente quiero mucho, le veo muchas bellezas, muchas ventajas y mucha grandeza en su pequeñez.

-¿Está preparando algún proyecto más sobre Madrid?

-No, yo espero que después del libro del Rastro y de Madrid… Además, para mí este libro de Madrid ha sido un tour de force porque me ha costado muchísimo escribirlo porque quería hacer un libro que fuera al mismo tiempo una guía, una historia de Madrid, pero era consciente de que escribir un libro sobre una ciudad es muy difícil, sobre todo porque los libros de ciudades raramente se leen; se hojean, se consultan un poco y no los lee nadie. Pero yo realmente quería escribir un libro que se leyera de arriba abajo. Y por eso he recurrido a contar Madrid como se lo contaríamos a un amigo, contando mi vida, contando la vida de Madrid, contando mi vida en Madrid, Madrid en mi vida, contando la vida de mis amigos, contando la vida de la ciudad también, leyendo cientos de libros… Y al final, la gente, por lo que me cuenta, se lee el libro hasta el final. Y de paso, se enteran de muchísimas cosas que no sabían de Madrid. Ese era un poco el propósito. Está hecho así; no es un libro mecánico, es orgánico, está organizado de una manera natural y con bultos, seguramente, con unas cosas más cortas y otras más largas…

En la última obra de Trapiello encontrarás también cientos de recomendaciones para no perderte ni un rincón de Madrid. El autor incorpora un listado, comentado, de películas, de restaurantes, de libros, de parques y jardines... De todo lo que necesitas saber para moverte por la ciudad como pez (o, en este caso, gato) en el agua.