Ana Boyer (37 años) lleva diez años viviendo en una isla artificial donde los pisos cuestan un millón de euros: "Nos conquistaron sus vistas al mar"
Esa isla no existía hace veinte años: se levantó entera sobre el mar, en los antiguos caladeros donde generaciones de pescadores buscaban perlas.

El destino que enamoró a Ana Boyer. / Istock
Cuando Fernando Verdasco se despidió del tenis profesional el 14 de febrero de 2025, lo hizo en su propia casa. El torneo era el Qatar ExxonMobil Open, en Doha, la ciudad a la que él y Ana Boyer llegaron en 2016 y de la que, diez años después, no se han movido. No fue una escala más del circuito: fue el punto de partida de una vida que hoy tiene tres hijos, un apartamento con la playa como jardín trasero y un fondo que no es Madrid ni ningún otro lugar reconocible del mapa, sino una isla que hace dos décadas ni siquiera existía.

La Perla, en Catar, es un complejo de viviendas de lujo. / Istock
Boyer lo resumió en una entrevista a ¡Hola! con una frase que dice más de lo que parece: "Nos conquistaron sus vistas al mar, ya que nos da muchísima paz despertarnos y ver eso por las mañanas". Ese mar es el golfo Pérsico, y esas vistas pertenecen a La Perla de Catar, un proyecto urbanístico construido desde cero sobre las aguas frente a Doha que hoy es una de las direcciones más exclusivas del país y, para cualquiera con curiosidad geográfica, uno de los experimentos de ingeniería territorial más ambiciosos de Oriente Medio.

Sara Fernández García
Lo que había antes de las torres
Antes de que existiera un solo edificio, esa franja de mar fue un caladero de perlas. Durante siglos, la economía catarí dependió de los buceadores que se sumergían sin más equipo que sus pulmones para extraer ostras del fondo del golfo, y este tramo concreto de costa era uno de los puntos donde más se practicaba. El petróleo y el gas acabaron con ese oficio a mediados del siglo XX, pero cuando llegó el momento de construir un enclave residencial de lujo desde cero, el país decidió que el nombre debía recordar ese pasado: La Perla.

Vista aérea de La Perla de Catar. / Istock
El resultado ocupa algo más de cuatro millones de metros cuadrados de terreno ganado al mar, repartidos en doce distritos con identidades arquitectónicas distintas entre sí: unos evocan el Mediterráneo, otros beben de la tradición árabe, otros directamente copian códigos europeos. Es, en la práctica, una ciudad pensada desde el primer plano, con cerca de 15.000 viviendas entre villas y apartamentos, marinas, hoteles de cinco estrellas y calles comerciales con firmas internacionales. Y tiene un detalle legal poco frecuente en la región: es una de las escasas zonas de Catar donde un extranjero puede ser propietario pleno del suelo, no solo del inmueble. Eso explica, en parte, por qué familias como la de Boyer y Verdasco terminan echando raíces allí en lugar de limitarse a alquilar durante los años que dura una carrera deportiva.

Paseo marítimo en La Perla, Catar. / Istock
Cómo se visita una isla que es, sobre todo, un barrio
La Perla no está pensada como parque temático, sino como lugar para vivir, lo que la convierte en un destino distinto a la postal habitual de Doha. Se recorre bien a pie o en bicicleta por sus paseos marítimos, con la marina como eje central y las terrazas asomadas al agua. La zona de Porto Arabia, con su paseo curvo frente a los yates, y Qanat Quartier, inspirado en los canales venecianos, son los rincones que más fotografían quienes se acercan sin ser residentes. Los apartamentos de la zona donde vive la familia rondan el millón de euros, una cifra que en Catar no compra solo metros cuadrados, sino acceso directo a playa privada, seguridad y ese silencio que Boyer describió como el gran hallazgo de su vida allí.

Qanat Quartier, inspirado en los canales venecianos / Istock
Para quien viaja desde España: Qatar Airways conecta Madrid y Barcelona con Doha en trayectos de algo más de seis horas, y el aeropuerto internacional Hamad queda a poco más de veinte minutos de La Perla. El verano catarí, con temperaturas que superan con facilidad los 40 grados, desaconseja cualquier visita entre junio y agosto: la temporada buena empieza en octubre y se extiende hasta abril, coincidiendo además con la agenda cultural y deportiva de la ciudad. Combinar la visita con el Museo de Arte Islámico, obra de I. M. Pei, o con el bullicio del Souq Waqif y su artesanía tradicional, permite entender el contraste que define a Doha entera: una capital que mira al futuro sin haber enterrado del todo su pasado beduino y pesquero.
Verdasco cambió las pistas de tenis por una terraza frente al golfo Pérsico; Boyer cambió Madrid por un barrio que hace veinte años era solo agua. Y si algo queda claro escuchando su explicación es que no fue el lujo lo que los ató a ese lugar, sino algo más simple: abrir los ojos cada mañana y encontrarse el mar donde antes solo había planos y grúas.
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