Amazonia: 34 años sin Chico Mendes, por Javier Moro

"No suele ser un destino turístico popular porque, es cierto, hay mosquitos y hace calor"

Javier Moro
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Foto: Raquel Marín

He viajado bastante por la selva amazónica, sobre todo la brasileña. No suele ser un destino turístico popular porque, es cierto, hay mosquitos y hace calor, pero sus inconvenientes se ven compensados por las maravillas y las curiosidades que esconde. Lo cierto es que la selva misteriosa deja una huella profunda en los que se adentran en ella. Tengo grabadas imágenes de nenúfares de un metro de diámetro, escarabajos de 19 cm de largo (el Hércules, capaz de transportar cien veces su peso), orquídeas que imitan el olor y los órganos sexuales de las abejas y al revés, plantas que exhalan un hedor a carne podrida para que las moscas vengan a polinizarlas.

Los delfines de agua dulce vienen a jugar cerca de la embarcación y parecen sonreír

Hemos contado 46 especies de orquídeas en un solo árbol. Me he visto envuelto en nubes de Morpho rhetenor, unas enormes mariposas cuyas alas son de un intenso azul brillante. La flora y la fauna ofrecen un espectáculo constante que más vale disfrutar antes de que desaparezcan mas especies. Los peces de los ríos amazónicos son inmensos, y es fácil pescarlos. Los delfines de agua dulce vienen a jugar cerca de la embarcación y parecen sonreír. De la misma manera que hay una variedad infinita de fauna y flora, lo hay de especies humanas. La selva no es un territorio vacío, al contrario. Viven indígenas, algunos todavía sin contactar, caboclos (mestizos nacidos en la selva), campesinos, pescadores, recolectores, caucheros, etc…

“Así como las hormigas defienden los árboles de los que se alimentan, así la supervivencia de la selva del Amazonas depende de las especies humanas que la defienden”, escribió un ecologista norteamericano que descubrió la lucha de los caucheros. Viajar a la selva contribuye a desarrollar el turismo, es dar recursos a la población local para que siga cuidándola. Y, por cierto, la Amazonia no es el pulmón del mundo, ya que los árboles consumen la mayor parte del oxígeno que producen a través de la fotosíntesis. Es más importante todavía: regula el clima mundial. Y es crucial para la biodiversidad.

No necesité mucho tiempo para darme cuenta del coraje que Chico Mendes representaba

El 22 de diciembre se cumplirán 34 años del asesinato de Chico Mendes. Hoy casi nadie le recuerda, pero su asesinato sirvió para que el mundo tomase consciencia de la destrucción de la selva. Yo estaba en Brasil cuando le mataron y viajé adonde iba a celebrarse el entierro. Miles de personas surgían de las entrañas de la selva, en burro, a caballo, en todoterreno, en autocar, en canoa y hasta a pie para rendirle un último homenaje. No necesité mucho tiempo para darme cuenta del coraje que Chico Mendes representaba. Al librar una encarnizada lucha contra los colonos que arrasaban la selva, se granjeó su hostilidad. Dos semanas antes de morir acribillado a balazos, tuvo un presagio: “No quiero flores en mi tumba porque sé que irán a arrancarlas a la selva. Solo quiero que mi muerte sirva para demostrar que el progreso sin destrucción es posible” La noticia de su asesinato dio la vuelta al mundo porque murió en el momento en que se dibujaba una nueva visión del planeta, la de un ecosistema global que trascendía los intereses nacionales. Es importante recordarle ahora cuando los problemas de la Amazonia y del calentamiento global se agudizan. No debemos olvidar a nuestros héroes porque, como dijo Paul Éluard, “están a la altura de los mas bellos sueños del mañana”.