Adrián, el ingeniero industrial de 26 años que no teme vivir en un pueblo aislado de Zaragoza, excepto por una cosa: “Si tuviera buena conexión, me empadronaría”
Un pueblo repleto de lugares idílicos y que sería un paraíso para teletrabajar.

Un pueblo repleto de lugares idílicos, un paraíso para teletrabajar. / Istock
El lugar es precioso. Un antiguo caserío asentado sobre un abrupto espolón rocoso, entre cañones y cortados calizos, en un lugar remoto de la provincia de Zaragoza que es conocido por ser el refugio de aves rapaces como el buitre leonado. Y en lo alto, una joya de la arquitectura del siglo XVIII que todavía sigue en pie.

Lo llaman el balcón de los buitres / Istock
La carta de presentación de este pueblo remoto y aislado, de nombre Calmarza, no puede ser más idílica para hacer una escapada. Cosa diferente es elegirlo para vivir, sobre todo teniendo en cuenta que la persona que se lo plantea tiene menos de 30 años y es ingeniero. La profesión no sería un impedimento si no fuera porque la conexión a internet es básica para su trabajo.

Adriana Fernández
Un pueblo idílico para teletrabajar
Remoto y alejado de la gran ciudad (Zaragoza está a 135 kilómetros), Calmarza es el destino ideal para quien busca tranquilidad y desconexión, de eso no hay duda. Y relajación, también, porque a pocos kilómetros del pueblo se encuentra Jaraba, “afamada localidad por sus balnearios. Excelentes instalaciones en las que podrás gozar de las propiedades minero-medicinales de las aguas termales que fluyen en la zona”, como señalan desde Turismo de Aragón.

El entorno está repleto de cascadas y saltos de agua. / Istock
Sin embargo, Adrián no es lo que necesita precisamente, al menos no para su día a día, tal y como explicó en una entrevista al Heraldo de Aragón. Tiene formación universitaria, un empleo cualificado y trabaja en un sector perfectamente compatible con el teletrabajo. Es decir, tiene prácticamente todos los ingredientes que las políticas contra la despoblación quieren atraer a los pequeños municipios. Pero hay un obstáculo muy concreto: no puede conectarse con garantías para hacer su trabajo.
Solo necesita una cosa: internet
Adrián es joven, tiene 28 años, es ingeniero industrial y en el momento del reportaje trabajaba como director de planificación de una empresa de energías renovables. Según contaba en la entrevista, Calmarza es el pueblo donde tiene sus raíces y al parecer es un lugar al que estaría dispuesto a regresar.

Calmarza, el pueblo donde están sus raíces / Istock
Según él mismo explicaba, no le preocupa vivir lejos de una gran ciudad, pero solo hay una cosa que se lo impide: la conexión a Internet. “Si tuviera buena conexión, me empadronaría allí”. Y cuando dice buena conexión se refiere a tan solo 3 Mb, algo casi ridículo teniendo en cuenta que cualquier capital de España goza desde hace años de fibra 5G (o lo que es lo mismo: hasta 500 Mb por segundo).
Del pueblo a Madrid
En el momento del reportaje, Adrián vivía en Madrid, ciudad a la que se marchó precisamente para trabajar. Y el caso de Calmarza se podría definir como crítico, desde el punto de vista de la conexión a internet, porque no es solo que fuera lenta: en el momento del reportaje existía también un problema serio de cobertura móvil. Y ante eso es difícil tomar la decisión de quedarse, un problema que afecta a muchos pueblos del entorno rural de España que luchan contra la despoblación.
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