Adiós, verano

Hay a quien se le irrita la glándula lacrimal como nunca en la Nochebuena o las fiestas patronales.

Foto: Revista viajar

Pero para los que preparan con mimo durante todo el año las vacaciones estivales no hay nada tan triste como el último día de playa. Parece que la toalla pesara cien kilos y que alrededor de nuestros pies brotaran las arenas movedizas. Dicen que Ulises tardó 15 años en volver a casa; tres lustros para recorrer una distancia como de Bilbao a Cádiz. Resulta un tanto sospechoso. Cualquiera diría que no quería volver. Sin duda, las aventuras enganchan. Eso de no estar muy seguro de dónde te vas a despertar mañana, de qué desventura borrará hoy la de ayer eran, con toda probabilidad, los vientos adversos que retenían a Ulises navegando. Pero si se hubiese quedado allí, en alguna de esas playas, la historia se habría visto desposeída de su único sentido: contarla. Sabemos que a la vuelta nos vamos a despertar en la misma cama, que en nuestra ciudad de siempre no va a ser tan fácil toparnos con una maga que nos secuestre en su dormitorio o un dios que nos llene la bolsa de vientos favorables. Pero incluso Ulises volvió. Por un alto sentido del deber o porque se le acabó la pasta.