A todos nos gusta viajar, por Mariano López

Bastaría con que un artículo hubiera ayudado a un solo viajero a realizar sus sueños para dar sentido a 30 años de revista.

Mariano López

Hace ahora treinta años nacía la revista VIAJAR. El primer número incluía grandes reportajes de México y de las Alpujarras, del Karakorum y del Rajastán. Increíble. Por primera vez aparecía una revista en los quioscos españoles que no trataba de política, ni de la crisis (entonces, la segunda provocada por el imparable aumento del precio del petróleo), el fútbol o el sexo. Hablaba de viajes y lo hacía con una pasión especial que su director, mi admirado, querido y añorado Luis Carandell, razonaba de este modo: "Viajar nos gusta, queremos decir que nos gusta hacer viajes y nos gusta hacer una revista que trata de viajes".
A todos, decía Carandell, nos gusta viajar y, ahora, VIAJAR. Nacía una revista que, además, anunciaba su clara intención de servir a unos fines que, en aquella España, parecían, casi, una misión de caballero andante: incitar al viaje, promover la aventura y servir al viajero. Todo con recursos propios. "Una revista -continuaba Carandell- hecha aquí, sin el fácil recurso a la tijera o al reportaje traducido, con la participación de españoles que han viajado por su país y por los demás países, y que trate de orientar mes a mes en sus reportajes e informaciones prácticas a los lectores que deseen viajar o piensen hacerlo". Ojalá haya sido así.
Treinta años después, quienes tenemos el privilegio y la responsabilidad de trabajar en esta revista aún seguimos, con fe, aquellos propósitos iniciales, que resumimos simplemente en uno: ayudar al que sale de viaje a ser un verdadero viajero y no un mero transeúnte. Viajar no es sólo ver sino mirar; no es sólo oír sino escuchar. Hay que viajar. Creemos en la necesidad y la sabiduría de aquella vieja máxima romana que invitaba a los humanos a conocer el mundo antes de tener que abandonarlo. Es una obligación. Y un auténtico placer. Viajar explora nuestros sentimientos, placeres y miedos, nuestra disposición a recomenzar la existencia. Viajar es lo que realmente nos gustaría hacer si pudiéramos optar por una sola actividad en la vida. Algunos no descubren que han nacido para ser nómadas hasta que no viajan. Bruce Chatwin, el más famoso, quizá, de los escritores de viajes, era un crítico de arte que pasaba las mañanas en una galería, las tardes en el pub y las noches frente a la chimenea. Hasta que le detectaron un problema en los ojos; perdería, en gran parte, la visión si no cambiaba pronto de oficio y de despacho: necesitaba con urgencia unas vistas amplias y nuevas, unos mayores horizontes. Chatwin se lo pensó, recogió sus cosas y dejó un mensaje en el ordenador para su jefe: "Me voy a Patagonia". Y así fue. En Patagonia buscó los huesos de un dinosaurio que ya había rastreado un antepasado suyo, persiguió la sombra de los pistoleros Butch Cassidy y Sundance Kid, que encarnaron en la gran pantalla los actores Paul Newman y Robert Redford, y descubrió que la vida sólo tenía sentido para él si viajaba. Siempre, constantemente.
Treinta años después, VIAJAR sigue hablando a los nómadas, pero también a todos aquellos viajeros tranquilos, a quienes exploran los idílicos rincones del mundo desde el sillón de casa, a quienes leen, a quienes sueñan. Bastaría con que un artículo hubiera ayudado a un solo viajero a realizar el mejor de sus sueños para dar sentido a todos los artículos, a treinta años de revista. Treinta años, ya, que no son nada. Treinta años con VIAJAR. A todos los que han colaborado y colaboran en esta revista y a todos los que la han leído y la leen, feliz cumpleaños. Y, como regalo, nuestro mejor deseo: felices viajes. A todos nos gusta Viajar.