7 consejos para un viaje a Shanghái

Estas pistas harán más útil el viaje a la ciudad más poblada de China, la que ha levantado más rascacielos en 20 años que cualquier otra ciudad occidental en 200. El río Huanpu la divide en dos áreas: Pudong, al este, con torres de hasta 632 metros; y Puxi, al oeste, neoclásica y “déco”. En esta megaurbe es fácil entenderse en inglés. 

Fermín Labarga
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Foto: ISTOCK

Cuándo ir
Calor, gentío y humedad desaconsejan ir en verano. También se hace intransitable del 15 de enero al 15 de febrero y la primera semana de octubre por su celebraciones locales. Las mejores épocas: final de primavera y principios de otoño. 

Primera experiencia: el tren Maglev
Tras 12:45 horas de vuelo desde Madrid se llega al aeropuerto de Pudong, a 45 minutos de la ciudad. Desde allí, en taxi a Pudong se tardan 30 minutos y cuesta unos 16 € (1 yuan = 0,14 € ). A Puxi, 45 minutos y 32 €. Si no se lleva demasiado equipaje, merece la pena empezar a lo grande, viajando a 431 km/h en el tren Maglev de levitación magnética, único en el mundo, y llegar en 7 minutos a la estación Longyang Road, en Pudong, donde se toma el Metro. El Maglev sale cada 15 minutos y cuesta el equivalente a 7 €. 

Cómo moverse
Shanghái tiene la red de Metro más larga del mundo (588 km y 364 estaciones) y es fácil de utilizar. Su línea 2 (East Nanjing Road-Lujiazu) tiene sorpresa: espectáculo de luces en el túnel (50 Y). Los taxis se diferencian por su color. Recomendables los blancos y los azules, de empresas grandes. En los rojos y los marrones, de empresas pequeñas, es más difícil reclamar. Evitar los taxis con matrícula que empiece por BX o DX. Y en todos ellos, pagar en efectivo para evitar distracciones con las tarjetas, pedir recibo y asegurarse de que el taxímetro está en marcha. Sus tarifas son de 2 € (14 yuans) los primeros 3 kilómetros por el día, y entre las 11 de la noche y 5 de la mañana, 2,50 euros.

Ayuda
El teléfono del Shanghai Call Centre (962288) lo atienden operadores que hablan inglés... ¡y algunos español!. Resuelven dudas, malentendidos con taxistas, dan direcciones de museos, bares y restaurantes. 

Teléfono e Internet
Si el roaming que ofrece nuestra compañía es caro y se va a usar mucho el móvil, conviene comprar una tarjeta Sim de China Unicom. Facebook, Google, Instagram, YouTube, etcétera, están prohibidas o bajo censura en China, e Internet en general es delicada. Amén de los problemas de cobertura y de las zonas WiFi que se puedan encontrar, se recomienda contratar la Express VPN (Red Virtual Privada) antes de viajar. Instalar la app VPN en el smartphone una vez allí sería difícil porque Google Play está bloqueado. 

Sin bajar la guardia
La ciudad es segura y libre de violencia, pero no de picaresca. En los puntos de mayor concentración turística (como el Bund, Nanjing Road o en el jardín Yuyuan) operan carteristas de guante blanco. Así que las bandoleras al pecho, y la carteras bajo control. Los ofrecimientos de taxis privados pueden ser agobiantes.

El arte del regateo
En los mercadillos y tiendas de la calle hay que regatear y ser amablemente inflexible: se escucha, se baja el 75% del precio propuesto, se sale del local... y el tendero saldrá a pactar. El jade y las piedras semipreciosas de los mercadillos suelen ser falsos. 

Y no hay que perderse...

Dos placeres visuales. La vista desde el bar Flair, en la azotea del hotel Ritz Carlton, de todo Shanghái con la Torre Perla Oriental en primer plano, y el paseo nocturno en barco por el río. Los rascacielos iluminados son un paraíso de neón. 

La Concesión Francesa. Los dumplings son exquisitos y en Shanghái está la mejor comida china del mundo, pero para cambiar se puede almorzar en esta zona de librerías, tiendas, cafés y restaurantes a la europea (entre Xiangyang Road y Changle Road), con rincones únicos para disfrutar del viejo Shanghái mezclado con el charme europeo. A 10 minutos andando del Bund y a 5 de Xintiandi.

Atardecer en el Bund. Para ver el distrito histórico, con edificios de los años 20 y 30, paseando por una inmensa acera que bordea el río construida para la Expo 2010 por 700 millones de euros.

Salir y cenar en Xintiandi. Es el paraíso peatonal de moda en la megalópolis, ideal para comer al aire libre y disfrutar de bares elegantes y tiendas especiales entre tradicionales casas chinas. Hay que probar el pato laqueado del Harbour Plaza y el solomillo crujiente de cerdo en el Cristal Jade. 

Escapar a la China tradicional. Como contrapunto al imperio del rascacielos, se puede coger el tren y salir a visitar las vecinas Suzhou (canales y jardines), Hangzhou (Lago del Oeste) y Xitang, y volver en el mismo día.

Ir de compras. Suning, Gome, Yongle y Metro City son las cadenas locales más importantes de electrónica. Para ropa, hay grandes almacenes en todas partes (Huai Hay Road, People Square, Lujiazui y Xujiahui), pero la calle inevitable para compras es West Nanjing Road. Las marcas de lujo se concentran en el Bund (Puxi). Para regalos y recuerdos, aparte de cientos de tiendas callejeras, probar el mercado de perlas de Hongqiao, los mercadillos de Nanjing Road, de Chengdu Road, el de Tianzifang en la Taikang Road y el de antigüedades de Dongtai Road, con, por ejemplo, bustos de Mao por 50 yuans (unos 8€).

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