5 puertos del Mediterráneo donde atracar este 2022

Desde la magia árabe de Túnez al ostentoso principado de Mónaco, pasando por las joyas italianas de Roma, la Toscana y Génova

Noelia Ferreiro
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Foto: StockByM / ISTOCK

Empezar el año viajando, empezar el año navegando, empezar el año soñando. Y para ello, nada como el Mediterráneo de alma profunda y oscura. Para los lobos de mar, aquí van cinco puertos donde atracar en 2022. Cinco maravillosos rincones del Mare Nostrum:

1. La Goulette (Túnez): laberinto de secretos

Dicen que presume de ofrecer el mejor marisco de Túnez, mérito por el que compiten a voz en grito las tabernas marineras de este puerto cercano a la playa, en el que se juntan -y revuelven- las culturas. La Goulette es la puerta de entrada marítima a la exótica capital tunecina, un rincón auténtico de la costa norte de África que regala a la vista –y al espíritu- la belleza de su bahía.

La Goulette | DaveLongMedia / ISTOCK

Desde esta marina, y puestos a explorar la ciudad, puede que desconcierte cierto toque contemporáneo, con sus anchas avenidas como Bourguiba, jalonada de cafés, restaurantes, boutiques... Pero nada resulta comparable a los secretos que se esconden en sus puestos de cerámicas y chilabas, en los olores y colores de las especias, en los camellos que transitan el laberinto de la bien conservada Medina, anclada en su origen medieval.

2. Civitavecchia (Roma): belleza eterna

Este puerto del mar Tirreno a 80 kilómetros de la capital italiana es la puerta de entrada marítima a la ciudad eterna, el acceso navegable a este museo al aire libre plagado de inolvidables monumentos. Todo y nada se sabe del Coliseo, testigo de las luchas de antaño entre fieras y gladiadores, y del Foro Romano, con sus tesoros escondidos. Porque aunque se haya visitado muchas veces, sorprenden tanto como los rincones cinematográficos de la capital italiana: la Plaza de España, con su escalinata abarrotada de gente; o la Navona, con sus vendedores ambulantes y pintores callejeros; la Fontana di Trevi, inmortalizada por Fellini…

Civitavecchia | NAPA74 / ISTOCK

Otros no querrán salir de Roma sin pisar antes el Vaticano, soberbio centro del catolicismo donde el escultor Gian Lorenzo Bernini alumbró para la posteridad la famosa Plaza de San Pedro y el inigualable genio de Miguel Ángel inventó ael rte con mayúsculas en la Capilla Sixtina.

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3. Livorno: hall de la Toscana

Cálida y acogedora, la ciudad portuaria de Livorno es la antesala a una de las regiones más deslumbrantes del mundo: La Toscana, donde la dolce se aspira en espléndidos paisajes salpicados de viñedos, olivos y girasoles, pintorescos pueblos de piedra con su encanto medieval intacto y una gastronomía que ocupa un lugar privilegiado.

Livorno | NAPA74 / ISTOCK

Desde Livorno merece la pena acercarse a la ciudad inclinada de Pisa, con la famosa torre de la Plaza de los Milagros, y a Florencia, a una hora en autobús, que es el más conmovedor compendio de arte renacentista.

4. Génova: marinera y romántica

Injustamente eclipsada por las grandiosas ciudades italianas, Génova merece ser descubierta. Sí, la que fuera uno de los puertos principales de Europa, la “señora del mar” que cantaba Petrarca, cuenta con un magnífico patrimonio histórico-monumental (Piazza San Mateo, Palacio Ducal, Catedral de San Lorenzo…), un barniz de modernidad en su agradable paseo marítimo (restaurado por Renzo Piano) y una agradable vida en la calle.

Génova | pawel.gaul / ISTOCK

Muy cerca está Cinque Terre, el destino más especial de la Liguria romántica. Cinco encantadores pueblecitos que se derraman hacia el mar desde la ladera y que están comunicados entre sí por una vieja línea ferroviaria y por distintos senderos que bordean la costa escarpada.

5. Bahía de Villefranche (Mónaco): glamour asegurado

Yates de lujo, áticos con terrazas como campos de fútbol, desfile de Ferraris sobre la bahía… Mónaco tiene todo aquello que uno espera de ella. Por algo es el principado de la opulencia y el glamour, el bello escenario del cuento de Rainiero y Grace Kelly.

Bahía de Villefranche | StockByM / ISTOCK

Desde la villa marinera de Villefranche, que es la entrada a Mónaco por mar, ya se adivinan los bucólicos jardines del Palacio que fueron testigos de su romance y la magia sobria de la Catedral donde tuvo lugar el mítico enlace. Son escenarios para los mitómanos de la realeza, aunque también los hay par los del motor con el circuito del Gran Prix de Fórmula 1, parte de cuyo trayecto puede recorrer el viajero.