Los 5 lugares más peligrosos del planeta: de la Costa de los Esqueletos al Valle de la Muerte
En un mundo donde parece que todo es igual de accesible, aún quedan rincones remotos, áridos y extremadamente peligrosos, cuya realidad supera en muchas ocasiones a su propia leyenda.

Para tener un viaje emocionante, no es necesario irse al lugar más peligroso de la tierra. Retarse a uno mismo, moverse por el mundo a merced de la inercia en un chute de adrenalina, es una situación en la que más de un viajero se ha visto metido en algún punto de su vida. Algo muy común en los reporteros de guerra, por ejemplo, que con ínfulas de inmortalidad, se adentran en un terreno baldío tras otro, hasta que se dan cuenta de que no pueden más o hasta que se pierden a ellos mismos dentro de su propia aventura.
En el caso de los simples mortales, quienes nos subimos a un avión de vez en cuando para pasar unos días fuera, pareciera que estamos fuera de peligro. Pero cuidado, porque pocas cosas hay más adictivas que las experiencias que te cambian la vida, esas que suceden en un safari por Nairobi o durante una travesía alpina en Bután. Y siempre vas a querer más, creyendo que no hay límite cuando, aceptémoslo, todos necesitamos uno.
Los lugares más peligrosos del mundo
De todas formas, los lugares realmente peligrosos suelen ser puntos bastante remotos del planeta, alejados entre sí, y con nada en común salvo el hecho de que no se recomiendan para unas vacaciones en familia. Detectarlos es sencillo, aunque normalmente no haya una señal triangular con calavera incluida, pues vaya por donde preguntes, todo el mundo te va a decir lo mismo: no vayas a ahí.
Como nunca está de más salir con los deberes hechos de casa, desde Viajar hemos creado, para variar, una lista de lugares a los que, bajo ninguna circunstancia, recomendamos ir. Aunque recuerda que si vas a tomar riesgos en tus viajes, deberías contratar un seguro de viaje.
La playa más peligrosa del mundo
En las costas de Queensland en Australia se puede ver una isla de apariencia tropical. Se trata de Fraser, la isla de arena más grande del mundo, que se extiende por más de 120 kilómetros frente a las costas australianas. Puede resultar muy atractiva y, de hecho, lo es, pues no solo se encuentra cerca de la Gran barrera de Coral, sino que cuenta con unas playas idílicas de arena infinita, que invitan a los bañistas a pasar un día tumbados al Sol.

Si decides ir, hay dos palabras que tienes que tener en cuenta: cocodrilo marino. Se trata de una especie de reptil muy agresivo que, junto con los tiburones y las mantarrayas, se encuentran en las costas del lugar. En su interior, no vayas solo, pues los dingos salvajes que habitan la isla suelen dejar en paz a los grupos grandes, pero no se muestran tan tímidos con los turistas solitarios. Y si intentas huir, podrás quedar atrapado en las arenas movedizas que se forman por la acumulación de agua en todo el terreno.
La costa de los esqueletos
Este lugar ha sido objeto de muchos documentales de animales, pero no por su exuberante flora y fauna. Más bien por todo lo contrario. La posición única de este tramo de costa en Namibia, donde los vientos que soplan desde el interior del continente impiden las precipitaciones, lo que se traduce en una aridez extrema que hace muy difícil la supervivencia. Además, el constante oleaje de las playas, hace que zarpar desde las costas en un bote resulte prácticamente imposible.

La única forma posible de salir de este lugar era caminar cientos de kilómetros a través del desierto en el que recordemos, las condiciones son extremas que los pocos animales que se encuentran allí son considerados dignos de estudio. Una de sus curiosidades más sorprendentes es la gran cantidad de restos de naufragios que se pueden encontrar en sus playas, producto de la densa niebla que se forma, que sumada al fuerte viento y oleaje, resulta en un destino fatal para los navegantes.
Valle de la muerte
Cuenta la leyenda que este lugar era una ruta de los mineros durante la fiebre del oro en su viaje hacia California. La enorme planicie parecía una buena alternativa al escarpado terreno que se encuentra en el Desierto de Mojave, por lo que la opción parecía obvia. En esos tiempos, no se sabía que este era el lugar más caliente de la tierra. A 86 metros por debajo del nivel del mar, este lugar no cuenta con corrientes que reciclan el aire, por lo que el calor se acumula en su planicie alcanzando temperaturas de 50 º centígrados.

Aunque en su momento se trataba de una trampa mortal, hoy en día sigue resultando un terreno peligroso de cruzar. Con una superficie de 7800 km², una avería puede resultar letal para el conductor, obligándole a salir del vehículo y a enfrentarse al calor sofocante y, potencialmente, a un destino fatal.
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Seguro de viaje ¿sí o no?
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Isla da Queimada Grande
Se encuentra en las costas del estado de Sao Paulo y es la peor pesadilla de cualquier ofidiofobico, pues contiene la mayor concentración de serpientes por metro cuadrado del planeta. Es considerada también como un área protegida, por lo que la Marina Brasileña prohíbe terminantemente a cualquier persona adentrarse en el lugar, a excepción de alguna que otra incursión científica, pues se trata de un importante serpentario a nivel mundial y un área de interés científico.

Es el hábitat natural de la Bothrops insularis o Serpiente de la Isla Quemada, una de las víboras más peligrosas del planeta que además, por no contar con depredadores, se ha reproducido hasta colonizar por completo el lugar. Sin embargo, esto podría cambiar, debido a que esta serpiente única de este lugar se encuentra en peligro de extinción, por causas como los posibles incendios y el riesgo de endogamia.
El K2: la montaña más mortal
No se trata de la montaña más alta del mundo, pero cualquier aficionado del alpinismo sabe que el K2 es un reto al que incluso los más experimentados le tienen respeto. En toda la historia, solo 246 personas han conseguido coronarla en toda su historia, un número bajísimo teniendo en cuenta que el monte Everest, de 8.849 metros de altura, ya va por los 2238 alpinistas que llegan a la cumbre. Perteneciente a la cordillera del Karakórum, en la parte más occidental del sistema del Himalaya, el pico se mantiene como uno de los sueños imposibles de miles de profesionales y aficionados que entienden el riesgo de esta travesía.

Y no es para menos, pues la tasa de mortalidad aumenta durante el ascenso. Según la tasa de mortalidad en la montaña, una forma de medir la peligrosidad de las rutas por las personas que fallecen en una expedición, en el Himalaya hubo durante 2022 un 2,84% de personas que no lo consiguieron, lo que no es nada despreciable. Por otra parte, en el K2, el 28% de todos los que han intentado trepar han quedado congelados en alguna de las paredes de la montaña.
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