Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Las raíces de Rosa María Calaf (80 años) están en la Ciudad Condal donde vivió su primer "última hora": "Al volver a casa no paraba de hablar de lo que había visto aunque nadie entendía nada"

Una niña que vio pasar la comitiva de Eva Perón por las calles de Barcelona sin entender del todo lo que presenciaba. Décadas después, esa misma curiosidad la llevaría a explicar el mundo entero desde más de 180 países.

Ha cubierto medio mundo, pero sus ojos son de la ciudad que le dio la vida.

Ha cubierto medio mundo, pero sus ojos son de la ciudad que le dio la vida. / Istock

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

Corría junio de 1947 cuando una Barcelona todavía marcada por la posguerra recibió a Eva Perón en una de las visitas más comentadas de aquellos años. Entre el gentío que se agolpaba para ver pasar los coches y los caballos de la comitiva argentina había una niña pequeña, hija de una familia barcelonesa como tantas otras, que no comprendía del todo lo que tenía delante pero que sabía, con esa certeza infantil que no necesita explicaciones, que estaba viendo algo fuera de lo común. "Al volver a casa no paraba de hablar de lo que había visto aunque nadie entendía nada", recordaría ella misma años más tarde. Esa niña era Rosa María Calaf, y el desconcierto de aquel día -esa mezcla de asombro y torpeza para poner en palabras lo vivido- fue, sin que nadie lo supiera entonces, el primer ensayo de una vocación.

Este es el edificio modernista más bonito del mundo: no es de Gaudí y está en Barcelona

Adriana Fernández

Porque lo que Calaf haría durante las siguientes décadas fue exactamente eso: intentar explicar, con las palabras más precisas posibles, lo que otros no alcanzaban a ver. De Buenos Aires a Moscú, de Nueva YorkHong Kong, la corresponsal que se retiró de TVE en 2010 después de más de cuarenta años de carrera convirtió aquel primer tropiezo verbal de una niña de Barcelona en un oficio de rigor y precisión. Y aunque su vida profesional la llevó a recorrer más de 180 países, sus raíces siguen ancladas en la ciudad donde nació el 17 de junio de 1945, la misma que la vio crecer entre el asombro de aquella visita y las historias de un abuelo materno, natural de Rocafort de Queralt, cuyo espíritu viajero fue quizá la primera semilla de todo lo que vendría después.

Vista aérea de la ciudad de Barcelona

Vista aérea de la ciudad de Barcelona / Istock

Por qué Barcelona es la Ciudad Condal

Llamar a Barcelona "Ciudad Condal" no es un capricho poético ni una etiqueta turística; el origen se remonta al siglo IX, cuando la ciudad se convirtió en capital del Condado de Barcelona, una de las demarcaciones que el Imperio carolingio levantó como frontera de contención frente a Al-Ándalus dentro de la llamada Marca Hispánica. Aquella frontera, pensada para frenar el avance musulmán hacia el norte, acabó siendo el germen de una identidad que perduraría más de mil años.

Barcelona al amanecer vista desde el parque Guell, Barcelona

Barcelona al amanecer vista desde el parque Guell, Barcelona / Istock

El primer conde de Barcelona fue Berà, que gobernó entre los años 801 y 820 y que pertenecía a la familia de Carlomagno, lo que da una idea de hasta qué punto la ciudad nació vinculada al poder carolingio desde su primer momento como entidad política diferenciada. Con el paso de las generaciones, el título condal dejó de depender de la voluntad imperial y se convirtió en hereditario, consolidándose sobre todo a través de la larga saga de condes que llevaron el nombre de Ramón Berenguer, figuras que durante el siglo XI y XII expandieron el territorio y afianzaron Barcelona como centro de poder mediterráneo.

Paisaje urbano de Barcelona

Paisaje urbano de Barcelona / Istock / Eulogio Valdenebro Manso

Aunque la denominación oficial de "condado" perdió peso administrativo siglos después, en torno al siglo XVI, el nombre de "Ciudad Condal" quedó fijado en el imaginario colectivo y ha sobrevivido hasta hoy como forma casi cariñosa de referirse a la capital catalana. No es, por tanto, un adorno periodístico: es memoria histórica que sigue viva en el habla cotidiana, la misma que probablemente escuchó de niña Rosa María Calaf sin saber todavía que ella misma acabaría explicando historias de todo el planeta con la misma atención al detalle con que sus mayores explicaban el origen del nombre de su ciudad.

Vista aérea de la Ciudad Condal

Vista aérea de la Ciudad Condal / Istock

El Barcelona que pudo ver una niña a mediados de siglo

La Barcelona de finales de los años cuarenta, la que Calaf recorrió de niña, tenía muy poco que ver con la ciudad cosmopolita de hoy, pero conservaba entonces -como conserva ahora- el corazón medieval del Barrio Gótico, testigo silencioso de aquel condado que le dio nombre. Pasear hoy por sus calles estrechas es, en cierto modo, caminar sobre los mismos cimientos que sostuvieron el poder de Berà y de los Ramón Berenguer.

Cómo llegar

Barcelona cuenta con conexiones directas desde toda España por AVE, avión y carretera, y una vez en la ciudad el Barrio Gótico se recorre fácilmente a pie, con la Catedral y la Plaça del Rei como puntos de partida naturales.

Barrio Gótico de Barcelona

Barrio Gótico de Barcelona / Istock

En pleno Barrio Gótico sobreviven restos de la muralla romana y de las construcciones condales, visibles junto a la Catedral de Barcelona y en el entorno de la Plaça del Rei, donde se conserva el Saló del Tinell, antiguo salón del trono de los condes-reyes. La Plaça Sant Jaume, sede hoy del Ayuntamiento y de la Generalitat, ocupa el mismo espacio que fue centro cívico desde época romana, y a pocos pasos, el Museu d'Història de Barcelona permite bajar literalmente bajo tierra para recorrer los restos arqueológicos de la Barcino romana y condal.

La Rambla de Barcelona

La Rambla de Barcelona / Istock

Ese itinerario -la Catedral, la Plaça del Rei, el entramado de callejones que desembocan en la Rambla- es prácticamente el mismo que pudo recorrer de niña la familia Calaf en los años posteriores a la visita de Eva Perón, cuando Barcelona empezaba a recomponerse de la posguerra y el Barrio Gótico conservaba todavía ese aire entre solemne y decadente que tanto ha fascinado a quienes lo visitan después.