15 años de Disneyland París, por Mariano López

Mariano López

A principios de los años 80, los ingenieros creativos de Disney, los "imagineers", estaban en el paro. Acababan de inaugurar Epcot Center en Orlando y ya casi habían completado su trabajo en Tokio Disneyland. La siguiente estación podía ser Europa. El problema era dónde, había que acertar con la elección. Cerca de 200 lugares de países europeos, entre ellos España, ofrecieron su candidatura. La propuesta española fue, inicialmente, confusa y contradictoria. Mientras que el Ejecutivo de Felipe González decidía cancelar la reserva de espacio para el pabellón español en Walt Disney World, varias comunidades autónomas, en especial Cataluña, enviaban delegaciones a Orlando para atraer la inversión americana y convertirla en un éxito político regional. Cuando el gobierno central decidió apoyar, finalmente con entusiasmo, la propuesta catalana, la decisión estaba ya tomada. El ganador resultó Marnela-Vallée, al este de París, un lugar situado a menos de cuatro horas de automóvil para 68 millones de europeos. La noticia no sentó bien en España. Algunos políticos, empresarios y medios de comunicación españoles reaccionaron con gran enfado ante la decisión de Disney y pronosticaron el fracaso de un parque que iba a levantarse tan lejos del soleado suelo español. En Francia también hubo críticas. El filósofo Alain Finkrielkaut encabezó un movimiento de oposición al establecimiento de un parque que, a su juicio, representaba una invasión de la cultura yanqui y contribuía a la transformación del ocio creativo en una industria de consumo. Los directivos de Disney entendieron que debían "afrancesar" el parque y convinieron numerosos cambios. El Castillo de Cenicienta, que se alza en el centro de los parques de California, Florida y Japón, se dedicó, en París, a la Bella Durmiente con el nombre de "Le Château de la Belle au Bois Dormant". En Adventureland se añadieron canciones en francés y personajes franceses a Piratas del Caribe, y en Discoveryland parte de la escenografía rinde un homenaje a Jules Verne. Por el contrario, los responsables de recursos humanos estadounidenses trasladaron a los franceses su idea de la hospitalidad: sonreír es, en los parques Disney de Estados Unidos, una obligación para todos los empleados y no una circunstancia que depende de su estado de ánimo.
Quince años después, todas estas historias pertenecen a un pasado cada vez más lejano, a la génesis de un proyecto que lleva ya años convertido en el principal sueño viajero para millones de familias europeas. La clave de su éxito dicen que está en su capacidad para convertir a los adultos en niños y a los niños en protagonistas de una historia feliz. Con esta magia ha atraído, en quince años, 175 millones de viajeros. No está nada mal. Así que feliz cumpleaños, Disneyland Resort París. De parte de los 175 millones, que cumplas muchos más.