
Sara Fernández García
El refugio de Emilio Aragón (67 años) es un pueblo con 66 Bienes de Interés un lugar que considera su particular paraíso y de origen romano
Hay una Mallorca que los folletos no terminan de explicar bien. No la de los chiringuitos ni los aeropuertos desbordados en agosto, sino la otra: la de los pueblos del interior que huelen a piedra caliente y a higuera, donde la gente sigue haciendo el mercado los domingos por la mañana y el tiempo parece funcionar con otras reglas. Al norte de la isla, donde la Tramuntana se funde con el mar, está Pollença, un pueblo que ha sabido conservar su esencia sin renunciar al encanto cosmopolita que atrae a viajeros de todo el mundo. Es exactamente el tipo de lugar que uno busca cuando lleva demasiados días entre playa y terraza: un sitio con fondo, con capas, con algo que contar más allá del paisaje.
Desde principios del siglo XX han pasado por Pollença artistas de todo el mundo, buscando inspiración en un paisaje donde la Serra de Tramuntana se precipita al mar por los acantilados de Formentor. Esa tradición sigue viva. Y entre los nombres que han hecho de este pueblo algo más que un destino de verano está Emilio Aragón, quien lleva más de veinte años estableciendo en Pollença su refugio particular, un enclave privilegiado en la isla balear donde disfruta junto a su familia de un sinfín de actividades estivales. En este vídeo te damos todos los detalles.



