A bordo del helicóptero más lujoso de la Costa del Sol: "Es un auténtico despacho sobre el aire"
Una experiencia extraordinaria para descubrir Málaga y alrededores a vista de pájaro.

Teniendo vértigo y cierto respeto cada vez que me subo a un avión, viajar en helicóptero no entraba en mis planes. Eso sí, una es profesional y cuando World Aviation Group me propuso probar el Rolls-Royce de los helicópteros no me lo pensé y aquí os voy a contar mi experiencia.
Me trasladé hasta el aeropuerto de La Axarquía, en Málaga, base de operaciones de World Aviation Group, compañía que ha consolidado una oferta pionera en aviación ejecutiva y vuelos de ocio. El objetivo era conocer algunos de los helicópteros de su flota: el Airbus EC130 B4 y el Bell 429, el único que cuenta con configuración para pasajeros de toda Europa.

La compañía, que nació en 2010 como escuela de formación de pilotos, ha ido creciendo en estos años y diversificando sus servicios, puesto que ahora ofrece tanto vuelos panorámicos sobre enclaves naturales y culturales de España, así como traslados ejecutivos a destinos como Ibiza, Sevilla o Marruecos, entre otros.
Los traslados ejecutivos que realizan son una excelente opción para todos aquellos usuarios de alto standing que valoran su tiempo y la privacidad. Fernando Gómez, portavoz de World Aviation Group, nos cuenta que este tipo de usuario no busca una experiencia en sí, sino ‘reducir tiempos’. Y, con estos helicópteros, es posible. Las facilidades para aterrizar en casi cualquier sitio (basta un lugar que cuente con una zona despejada de 90 x 90 metros) los convierten en el mejor medio de transporte para llegar a un yate que cuente con helipuerto, una finca de caza o una reunión en cualquier rincón de Europa.

Este servicio se planifica al detalle y convierte tanto al B4 como al Bell 429 en auténticos despachos sobre el aire. Cabinas espaciosas, interiores de cuero, climatización individual y aislamiento acústico permiten realizar, por ejemplo, el trayecto Madrid Málaga en un par de horas.
Experiencias a bordo de un helicóptero de lujo
Otra de las experiencias que ofrecen son las visitas panorámicas, permitiendo que el cliente diseñe la ruta según sus propios intereses. Es posible, por ejemplo, disfrutar sobrevolando la Serranía de Ronda (que alberga el pueblo más bonito de España según la IA), los viñedos de La Axarquía o el entorno natural del Caminito del Rey, pero también se pueden organizar paradas para almorzar en una bodega, visitar un alojamiento singular o llegar en helicóptero a una finca privada.

"Tenemos pasajeros que nos eligen para celebrar una pedida de mano en el aire, otros que buscan un traslado eficiente desde la Costa del Sol hasta su villa en Ibiza, o quienes simplemente quieren regalarse una escapada inolvidable con todo cuidado al detalle. Cada operación es distinta porque cada cliente lo es", añade Gómez.
No hay excusas para descubrir las sensaciones que se experimentan volando en helicóptero, puesto que también ofertan experiencias más asequibles. Sobrevolar, por ejemplo, la Costa del Sol en helicóptero durante unos 20 minutos cuesta en torno a los 235 euros por persona.
Y, ahora sí, llega el momento de descubrir cómo es volar en un helicóptero de lujo cuando nunca has volado en helicóptero. Tras una pequeña introducción, conozco al que será ‘mi’ piloto durante la experiencia: Pedro Mangas. Me tranquiliza saber que ha dedicado gran parte de su vida a ser piloto para la Fuerza Aérea portuguesa y que, además, ha sido piloto acrobático. Nos da un breve briefing y nos explica las medidas de seguridad. Me sudan las manos y, aunque podría achacarlo al calor de La Axarquía, la realidad es que son puros nervios.
Antes de subir al B4 en compañía de otros periodistas, nos explican que vamos a hacer un vuelo en formación; es decir, tanto nosotros como el Bell 429 vamos a sobrevolar la Costa del Sol juntos. Doy gracias a Eolo, dios de los vientos, porque hoy el día es de ‘sol y moscas’, que en el argot aeronáutico quiere decir que no corre ni una brizna de aire. ‘Vamos a tener un vuelo tranquilito’, me dicen, pero los nervios siguen sin desaparecer.

Una vez dentro de la cabina (que, por cierto, es comodísima) nos ponemos los cascos y, tras las comprobaciones precias por parte de Pedro, el helicóptero se va elevando poco a poco como por arte de magia. No sé muy bien cómo, pero no tengo vértigo, no me estoy mareando y no tengo miedo. Es una sensación nueva para mí y la estoy disfrutando. Sobrevolamos la Costa del Sol a unos 500 pies (que son unos 200 metros de altura) y llegamos casi hasta el puerto de Málaga. Por el camino vemos un carguero en el mar, al Bell 429 a nuestro lado y enclaves emblemáticos como la cementera La Araña, muy reconocible desde el cielo o algún que otro campo de golf.
Los minutos pasan volando y yo no quiero volver a La Axarquía, pero la experiencia va llegando a su fin. Entramos en la pista de aterrizaje que regula el tráfico del aeródromo (normas de seguridad, puesto que el helicóptero no la necesita para tomar tierra) y, sin darme cuenta, ya hemos aterrizado. La experiencia de volar en helicóptero de lujo cuando nunca antes has volado en helicóptero es única. Tanto es así que medio en broma, medio en serio, no he parado de repetir que ‘yo, a partir de ahora, solo quiero volar en helicóptero’.
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