El viaje en tren más bonito del mundo cuesta menos de 3 euros: recorre plantaciones de té y montañas espectaculares
Montañas cubiertas de té, viaductos coloniales y un viaje que se disfruta con la ventana abierta y el tiempo detenido.

Hay recorridos en tren que son mucho más que un simple transporte, más bien son una experiencia para contar. El de Kandy a Ella, en el corazón de Sri Lanka, es uno de ellos. Construido por los británicos a finales del siglo XIX para transportar té hacia Colombo, hoy es considerado el viaje en tren más bonito del mundo, y no solamente por mí (que también), sino que se unen miles de viajeros y publicaciones de viajes. El trayecto dura unas siete horas y recorre unos 160 kilómetros, pero lo importante no es la velocidad, sino el espectáculo que se despliega a cada curva.
Un billete al alcance de cualquiera
Lo increíble es que un viaje así no requiere lujo ni presupuesto desorbitado, pues el billete en segunda o tercera clase cuesta alrededor de 2 a 3 euros. Eso sí, hay que ir preparado para la experiencia; asientos sencillos, vagones llenos de gente y puertas abiertas que se convierten en los mejores miradores. Aquí lo auténtico no está en el confort, sino la oportunidad de vivir una experiencia distinta en contacto con los propios pasajeros locales, que viajan junto a mochileros y turistas con la misma naturalidad.

Desde que el tren sale de Kandy, la antigua capital real, los paisajes empiezan a transformarse. Poco a poco, el verde se intensifica hasta convertirse en un mar ondulado de plantaciones de té. Mujeres con cestas recogen hojas a mano, siguiendo un ritual que no ha cambiado en siglos. Al fondo, montañas cubiertas de selva, ríos que cruzan gargantas y un horizonte que parece pintado. Cada curva ofrece una postal distinta y lo difícil es decidir cuándo guardar la cámara y simplemente dejarse llevar por lo que pasa fuera de la ventana.
Icono de un viaje inolvidable
Uno de los puntos más famosos del trayecto es el Nine Arch Bridge o Puente de los Nueve Arcos, construido en 1921 con piedra y ladrillo durante la época colonial británica. Con sus 91 metros de longitud y 24 de altura, se ha convertido en la imagen más fotografiada del tren de Sri Lanka. Cuando el convoy azul lo cruza lentamente, con las montañas de fondo, parece una escena de otro tiempo. Es un lugar que resume la magia de este viaje; naturaleza salvaje y herencia histórica unidas en un mismo marco.

Entre colonias y modernidad
La línea ferroviaria fue construida por los británicos en 1864 para transportar té desde las plantaciones de las Tierras Altas hasta el puerto de Colombo. Hoy, más de 150 años después, sigue en funcionamiento y se ha convertido en un símbolo nacional. Aunque hay trenes más modernos en otras rutas del país, este mantiene la estética colonial; estaciones con carteles en cingalés e inglés, bancos de madera y relojes de péndulo que marcan el tiempo con calma.

Para disfrutar de este viaje conviene madrugar, pues los trenes suelen salir por la mañana y se recomienda reservar con antelación en segunda o tercera clase para poder viajar con las ventanas abiertas. La primera clase ofrece aire acondicionado, pero pierde parte del encanto. Llevar algo de comida, una cámara con batería y, sobre todo, ganas de asomarse a las puertas (con cuidado) es casi obligatorio. Muchos viajeros incluso recomiendan dividir el trayecto y parar en Nuwara Eliya o Haputale, dos pueblos rodeados de plantaciones que permiten saborear la experiencia con calma.

Lo que hace único al tren de Kandy a Ella no es solo el paisaje, por espectacular que sea. Es la combinación de historia, autenticidad y belleza natural. Tiene plantaciones de té que parecen mares verdes, montañas cubiertas de niebla y un puente colonial que se ha vuelto símbolo de Sri Lanka. Todo por menos de lo que cuesta un café en Europa, ¿no es increíble?
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