El viaje en tren más bonito del mundo cuesta menos de 6 euros y recorre los paisajes más imponentes de Sri Lanka
Entre plantaciones de té y preciosos pueblos se abre paso una de las rutas de tren más bonitas y baratas del mundo.

Quizá es por las historias que giran en torno a él o por el encanto que irradia, pero el tren es uno de los medios de transporte más mágicos que existen. Ya se ha demostrado muchas veces a través de la ficción como en la película de animación 'The Polar Express', en la saga de 'Harry Potter' de J. K. Rowling o en el libro 'Asesinato en el Orient Express' de Agatha Christie. Historias muy diferentes que plasman ese atractivo de los trenes a la perfección.
La mística -positiva y negativa- persigue a la locomotora casi desde su invención en el siglo XIX. Antiguamente, se utilizaba únicamente para el transporte de viajeros, trabajadores o mercancías, pero hoy se ve también como el viaje en sí mismo. Hay trenes en los que importa tanto el destino como el trayecto en sí mismo, porque atraviesan montañas espectaculares, aldeas únicas, monumentos inolvidables, capitales de cuento o lagos que quitan el aliento.
Un viaje con olor a té
El tren bala de Japón, la Linha do Douro en Portugal o el Orient Express entre Francia y Turquía son solo algunos ejemplos de la belleza del recorrido de un tren. Sin embargo, y aunque son impresionantes, hay otro escondido en Sri Lanka que enseña los paisajes más alucinantes del país y, además, por muy poco dinero. Se trata del tren de la Ruta del Té que conecta Kandy con Ella en un trayecto de unas siete horas que, si bien es caótico, también es inolvidable.

Es una de las mayores atracciones turísticas de Sri Lanka y no es para menos, porque conduce a los viajeros a través de uno de los elementos más míticos del país: las plantaciones de té. Según dicen, allí es donde se produce el mejor té del mundo -tendrán que discutirlo con China-. Se dan las condiciones perfectas, clima tropical, lluvia abundante y una buena altura, y por eso crecen las hojas de la marca que se conoce como té de Ceilán.

Además de los paisajes que se suceden ante los ojos de los pasajeros, en el interior de los vagones se respira la esencia esrilanquesa más pura. Hay vagones de primera clase con aire acondicionado y asientos reservados que pueden costar hasta 15 euros, pero en la segunda y tercera clase, donde suelen ir los locales que se asoman a las ventanillas como si estuvieran en su propia casa, cuesta entre 0,50 euros (sin reservar y con riesgo de no tener asiento) y 6 euros.
Algunas de las paradas más bonitas
Lo más recomendable es comprar el billete con antelación y si se quiere vivir una experiencia más pura, escoger entre segunda y tercera clase. Durante el viaje se pueden contemplar escenarios apabullantes, a una altura de más de 1.500 metros. Pero no todo es naturaleza y plantaciones, sino que también pueden visitarse las ciudades en las que hace parada el tren y disfrutar de las diferentes personalidades que irradian.

Nuwara Eliya, más conocida como Little England, es el lugar ideal para degustar un té con pastas al más puro estilo británico y pasear por sus jardines ingleses en Victoria Park; Haputale, donde está el Lipton's Seat, el lugar desde donde Thomas Lipton vigilaba sus plantaciones; o Kandy con su Templo del Diente de Buda, uno de los lugares más sagrados del budismo, y el Jardín Botánico de Peradeniya. Será, sin duda, uno de los viajes más alucinantes de tu vida.
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