La Ruta 66 española recorre los paisajes más bonitos del Pirineo: un recorrido entre valles profundos, pueblos repletos de patrimonio y parques naturales únicos en el mundo
La Ruta 66 española tiene los paisajes y pueblos más bonitos del norte del país.

La histórica Ruta 66 es quizá una de las carreteras más populares y visitadas del mundo entero. En Estados Unidos se conoce como 'la Carretera Madre', porque conecta Chicago con Los Ángeles en casi 4.000 kilómetros y atravesando ocho estados: Illinois, Misuri, Kansas, Oklahoma, Texas, Nuevo México, Arizona y California. A día de hoy, todos los amantes de los road tripsueñan con conducir por ella.
Ser una de las carreteras más conocidas del planeta también tiene sus partes negativas, pues hay épocas del año en la que está tan concurrida que conducir por ella se vuelve casi imposible, así como permitirse un viaje hasta allí. La suerte es que entre los Pirineos catalanes y aragoneses hay una carretera que poco tiene que envidiar a la Ruta 66 estadounidense, que atraviesa los paisajes más bonitos del norte español.
Ruta 66 del Pirineo o la Nacional de los Mil Miradores
Popularmente se conoce como 'la Ruta 66 del Pirineo' y oficialmente es la carretera N-260. Se extiende por un total de 735 kilómetros de carreteras sinuosas, lejos de las autopistas convencionales llenas de coches, ruido y elementos artificiales. Solo la montaña, a más de 3.000 metros de altitud, desde su kilómetro cero ubicado en Portbou (Gerona) hasta su último punto en Irún (País Vasco).

Atraviesa puertos de montaña y valles que dejan sin aliento. Quizá no sea demasiado apta para las personas que se marean o sufren de vértigo, pero merece mucho la pena, sobre todo ir deteniéndose en los diferentes miradores que van apareciendo por el camino. Es uno de sus puntos fuertes y por eso también se le llama 'la Nacional de los Mil Miradores', en un paisaje que te abraza y donde el trayecto se convierte en un destino en sí mismo.
La ruta al completo, desde Gerona hasta País Vasco
El tramo catalán
El punto de inicio se marca en la Costa Brava, en el corazón de la comarca del Alto Ampurdán. El mar Mediterráneo baña este coqueto pueblo marcado por el Museo de la Memoria, que rinde homenaje a Walter Benjamin, exiliado allí en 1940. Después continúa hasta el pueblo de Llansá, con desvíos hacia algunas de las calas más bonitas de Gerona; para después seguir hasta Figueras, diciendo adiós al mar.

Continuamos en la misma provincia, pero con paisajes muy distintos, esta vez de origen volcánico. Aparece ante nosotros Besalú, uno de los pueblos medievales más bellos de Cataluña, y luego Olot en la comarca de la Garrocha, con varios senderos entre tierras volcánicas. Seguimos por Ripoll, conocido como 'la cuna de Cataluña' y Vallfogona de Ripollés, antes de llegar al primer puerto de montaña, la Collada de Toses.

Vamos observando el cambio de paisaje, que ha pasado de ser completamente veraniego con vistas al Mediterráneo para dar paso a las formaciones más caprichosas del terreno montañoso. Se presenta entonces Seo de Urgel, donde merece la pena hacer una parada para pasear por el casco antiguo. A continuación, el Puerto del Cantó, con unas praderas y unas vistas impresionantes.

En la comarca de la Vallferrera podemos adentrarnos en el Parque Natural del Alto Pirineo. Por la zona, es posible visitar monumentos como el monasterio románico de Gerri de la Sal en La Pobla de Segur. Seguimos en Cataluña, contemplando la impactante belleza natural del valle de Bohí y sus iglesias románicas que son Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, como la de San Clemente o la de Santa María de Taüll.
Atravesando Aragón y Navarra hasta el País Vasco
Al adentrarnos en Aragón, aparecen Lespaúles, Castejón de Sos, Aínsa y Sabiñánigo, con postales idílicas que dan paso a Jaca. Lugares en los que respirar el auténtico mundo rural más desconocido e infravalorado del norte de España. Son zonas perfectas para disfrutar en invierno, cuando las pistas de esquí están repletas de nieve, pero también de gente. Así que tampoco es mala idea plantearse el viaje en otra época como la primavera.

Pasamos por Pamplona, en Navarra, y atravesamos pueblitos encantadores como Monreal. Llegado este momento, se solapa una parte del Camino de Santiago en varios de sus tramos, por pueblos como Egües, Ostiz, Berrizaún, Olague, Oronoz, Legasa, Donetzebe, Bera, Bidasoa o Behobia. Finalmente, alcanzamos Irún, ya en el País Vasco, donde volveremos a ver el mar, pero esta vez el Cantábrico.
Síguele la pista
Lo último