El recorrido ferroviario más extremo del mundo se llama “el tren al cielo”: es el único del mundo que suministra oxígeno a sus pasajeros, alcanza los 5.072 metros de altitud y tiene túneles excavados en el hielo
Un trayecto inolvidable por las alturas de la meseta tibetana, desde 38 euros.

Cuando se habla de destinos de aventura, muchos imaginan montañas perfectas para el senderismo, paredones de escalada o rápidos por los que descender haciendo kayak. Sin embargo, una de las experiencias más espectaculares del mundo solo requiere sentarse en un vagón y disfrutar del viaje en tren más extremo del mundo.
A lo largo de 1.956 kilómetros a través de la meseta tibetana, este viaje recorre paisajes inolvidables como el lago salado más grande de China, eternos picos glaciares, nevados, una de las zonas deshabitadas más grandes del planeta y túneles sobre suelo congelado a más de 4.000 metros de altura.
El ferrocarril Qinghai–Tíbet, conocido popularmente como Qingzang, conecta la región occidental de Xining, en la provincia china de Qinghai, con Lhasa, capital de la Región Autónoma del Tíbet, un trayecto de entre 20 y 21 horas que, además de inverosímil, supone la línea ferroviaria más alta del mundo.

Un recorrido de infarto
Dentro de su espectacular trayecto, el “tren al cielo” supera tres grandes obstáculos que hacen de su circuito una postal inigualable.

En su paso por zonas glaciares, el tren cruza el túnel de Fenghuoshan, el más alto del mundo sobre suelo congelado, a 4.905 metros de alto. Para mantener la superficie fría y evitar su inestabilidad, la máquina cuenta con intercambiadores de calor, un entramado de tubos de amoniaco que se encargan de mantener la temperatura a lo largo de los 550 kilómetros de la conocida como “permafrost”, una capa de terreno congelado durante al menos dos años consecutivos.

Además del difícil terreno, el tren pasa por la Reserva Natural de Hoh Xil, un cruce por el frágil ecosistema tibetano que salva gracias a 33 zonas elevadas especiales. Con esta estructura, su paso no interfiere con la migración de fauna como el antílope tibetano, el yak, el asno salvaje tibetano o el leopardo de las nieves.

Pero el tren no solo se adapta al entorno exterior, también cuenta con un dispositivo interno para hacer de este viaje el trayecto más ameno posible, cuidando, entre otras cosas, el factor que lo define: la altura. Debido a la elevación que alcanza su trayectoria, los vagones cuentan con un sistema de presurización de cara a la falta de oxígeno, además de suministros individuales, dado que más de 960 kilómetros de la vía superan los 4.000 metros de altura, más del ascenso total del pico del Teide (3.715 metros), el más alto de España.

Billetes, precios y recomendaciones
El tren cuenta con distintas opciones de clase y trayecto en función de la comodidad con que se quiera viajar.
Aunque el viaje más popular es desde Xining, el recorrido más largo supone 4.979 kilómetros desde la ciudad de Guangzhou, en un trayecto de 52 horas, además de ofrecer otras opciones de salida desde Shanghái, Pekín o Chengdu, todas ellas con destino en Lhasa.
En su interior, los vagones ofrecen tres opciones: Soft Sleeper, compartimentos cerrados de cuatro; literas, seis abiertas; y asientos duros, tres opciones de mayor a menor comodidad que, pese a variar según el trayecto, mantienen una media de 100, 63 y 32 euros respectivamente con salida desde Xining, todo ello especificado en su página oficial.

Asimismo, de cara a realizar este viaje es obligatorio contar con un Permiso de Viaje al Tíbet (Tibet Travel Permit), accesible a través de una agencia autorizada. Además, se recomienda la opción de un viaje inverso, de Lhasa a Xining, para reducir el riesgo de mal de altura, ya que el ascenso desde Xining es muy rápido.
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