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La estación de tren modernista que parece un palacio de principios del siglo XX: mosaicos cerámicos, vidrieras monumentales y una fachada Bien de Interés Cultural

La gran puerta de entrada a la ciudad, una joya de la arquitectura a la altura de las grandes estaciones de tren de Europa.

Estación del Norte de Valencia, un palacio modernista en el centro de la ciudad

Estación del Norte de Valencia, un palacio modernista en el centro de la ciudad / Istock

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Si tuviéramos que hacer una lista con las estaciones de tren más bonitas de Europa, enseguida se nos vienen a la cabeza lugares como la Estación de São Bento de Oporto (mundialmente famosa por su revestimiento en azulejos artesanos pintados a mano en colores azul y blanco), o la desaparecida Estación de Orsay,en París, hoy convertida en museo.

Es una de las estaciones de tren más bonitas de España, y de Europa.

Es una de las estaciones de tren más bonitas de España, y de Europa. / Istock

Sin embargo, mucho más cerca, aquí en España, tenemos buenísimos ejemplos de complejos ferroviarios que son auténticas joyas de la arquitectura. Además de Canfranc, posiblemente la estación de tren más espectacular de la península (cuando se construyó a principios del siglo XX, con sus 241 metros de largo, ostentaba el título de ser la segunda estación de tren más grande de Europa), hay otra estación digna de mención, y está en el Mediterráneo. 

La estación de tren más bonita de Europa es “la catedral del ferrocarril”: parece el palacio de un rey, con una cúpula de 75 metros y un interior forrado con 20 tipos de mármol

Adriana Fernández

Se trata de la Estación del Norte de Valencia, considerada una de las grandes joyas del modernismo español y, para muchos historiadores de la arquitectura, el mejor ejemplo de arquitectura civil modernista de la ciudad. 

Una puerta de entrada monumental a la ciudad

Esta imponente estación, con una fachada monumental de 200 metros de largo, se concibió no solo como una estación a la que llegaban los viajeros procedentes de otras partes de España y de Europa, sino como la gran puerta de entrada a la ciudad de Valencia, que en aquella época quería dar una imagen de ciudad moderna, próspera y orgullosa de su identidad.

Con una ubicación privilegiada, era la gran puerta de entrada a la ciudad de Valencia.

Con una ubicación privilegiada, era la gran puerta de entrada a la ciudad de Valencia. / Istock

Se encuentra justo al lado de la Plaza de Toros y a apenas 300 metros de la Plaza del Ayuntamiento, el auténtico corazón de Valencia. Una ubicación que para nada fue casual: cuando comenzó a proyectarse a principios del siglo XX, Valencia estaba creciendo fuera de las antiguas murallas medievales. La nueva estación se construyó en el límite entre la ciudad histórica y el Ensanche, convirtiéndose en el nexo entre la Valencia antigua y la moderna.

La gran joya del Modernismo, con permiso de las obras de Gaudí

Proyectada por el arquitecto Demetrio Ribes en 1906 e inaugurada en 1917, su estilo se inscribe en la corriente de la Secesión Vienesa, una vertiente del modernismo diferente, de líneas más geométricas y sobrias que el modernismo catalán de Gaudí o Domènech i Montaner.

Modernista, pero distinta a las obras de Gaudí.

Modernista, pero distinta a las obras de Gaudí. / Istock / Roel Slootweg

Lo que la hace excepcional es que combina una ingeniería muy avanzada para su época con una decoración extraordinariamente rica, algo que se aprecia visiblemente ya en la fachada. Decorada con mosaicos, cerámica vidriada, relieves florales y naranjos, detalles que son todo un homenaje a la agricultura valenciana y, en definitiva, a la identidad de la región. El vestíbulo también es una auténtica obra de arte, con trencadís, mosaicos, carpinterías de madera cuidadosamente diseñadas, vidrieras y trabajos de forja. 

Aunque la gran joya de la estación es la monumental marquesina de hierro que cubre los andenes sobre las vías del tren, a una altura de 45 metros. Todo un prodigio tecnológico teniendo en cuenta que fue construido en 1917. 

Detalles modernistas que homenajean a la identidad valenciana.

Detalles modernistas que homenajean a la identidad valenciana. / Istock

No es de extrañar que todo el edificio haya sido catalogado como Bien de Interés Cultural, protegido desde los años 80 del siglo pasado, lo que le ha permitido conservar su aspecto casi original durante todos estos años. No es de extrañar que muchos viajeros vayan a visitarla por dentro aunque no vayan a coger un tren. Es lo que tienen las grandes obras de arte.