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La estación de tren más bonita de España es el “Titanic de los Pirineos”: de estilo palacial modernista, es Bien de Interés Cultural, fue clave en la II Guerra Mundial y puedes visitarla en su tren original

Cuando se inauguró, era la segunda estación de tren más grande de toda Europa.

Llegó a ser una de las estaciones de tren más grandes de Europa.

Llegó a ser una de las estaciones de tren más grandes de Europa. / Istock

Todas las estaciones de tren de principios del siglo XX tienen algo en común: eran la puerta de entrada a las grandes ciudades. Por eso se construyeron como si fueran escaparates; después de todo, tenían que ser la mejor carta de presentación de la ciudad, o incluso del país al que se llegaba.

Es una de las estaciones más espectaculares de principios del siglo XX.

Es una de las estaciones más espectaculares de principios del siglo XX. / Istock

Eso explica la imponente monumentalidad y la riqueza arquitectónica con la que fueron levantadas en la mayoría de los casos. Aunque hay una que es realmente especial, por su tamaño, por su belleza y por el entorno natural y privilegiado en el que está situada.  

Las estaciones de tren más bonitas de Europa

Las estaciones son algo más que lugares de paso o espera, son testigos mudos de amargas despedidas y los reencuentros más emotivos. Por eso la arquitectura quiere rendirle un homenaje a estos preciosos lugares y aquí tenemos una recopilación de las estaciones más bonitas de España y Europa. / Redacción Viajar

Inaugurada en 1928, la Estación Internacional de Canfranc, en Huesca, es uno de los grandes iconos de la ingeniería ferroviaria de principios del siglo XX. Inaugurada en 1928, fue concebida como el enlace fronterizo entre España y Francia a través de los Pirineos. 

La segunda estación más grande de Europa

Esa dualidad de países explica en parte su descomunal tamaño: más de 200 metros de largo, 150 puertas y unas 350 ventanas (cuando se inauguró, era la segunda estación de tren más grande de toda Europa). 

Más de 200 metros de largo, 150 puertas y unas 350 ventanas.

Más de 200 metros de largo, 150 puertas y unas 350 ventanas. / Istock

Lejos de ser un capricho o simplemente una expresión de poderío, respondía a la necesidad de acoger dos aduanas: españolas, a un lado de las vías, y francesas, al otro lado, para recibir a los pasajeros nacionales e internacionales que entraban y salían de ella. 

Frente a su tamaño, es la estética palaciega de su arquitectura lo que más miradas ha atraído desde que se levantara en 1928. Elegante, neoclásica y con detalles modernistas del momento, la Estación de Canfranc constituye un bellísimo ejemplo de arquitectura industrial de aquella época. No es de extrañar que se la conociera como ‘el Titanic de los Pirineos’ y que esté reconocido como Bien de Interés Cultural

Mucho más que una estación de tren

Pero Canfranc era mucho más que una preciosa y majestuosa estación de tren. Cuando los pasajeros cruzaban la frontera por los Pirineos, llegaban hasta un complejo que, tras la aduana, tenía hotel y hasta casino

Y fue clave en la historia. Con el tiempo, se ha sabido que fue un escenario decisivo durante la II Guerra Mundial: a través de sus convoys llegaba oro, obras de arte robada y hasta judíos que hían de la Alemania nazi. 

Hoy es un lujoso hotel, Canfranc Estación, A Royal Hideaway.

Hoy es un lujoso hotel, Canfranc Estación, A Royal Hideaway. / Canfranc Estación, A Royal Hideaway.

El expreso de Canfranc

Aquellos viejos convoys dejaron de funcionar en 1970 (la línea se cerró tras un descarrilamiento mortal que obligó al cierre de la estación y, por tanto, la conexión ferroviaria entre Francia y España a través de los Pirineos). 

Así ha sido hasta que varias décadas después, la estación ha vuelto a la vida convertida, ahora sí, como lujoso hotel, Canfranc Estación, A Royal Hideaway (gestionado por el grupo Barceló). Y el que también ha vuelto a la vida ha sido el tren, el Expreso de Canfranc

Desde el verano de 2025, sus vagones verdes vuelven a recorrer las vías del Pirineo aragonés (en un trayecto paralelo al Camino de Santiago), convertido en tren histórico después de un largo proceso de restauración. Subirse es como hacer un viaje en el tiempo y volver, de repente, a aquellos años 40. 

Y, como no podía ser de otro modo, Canfranc es punto de salida y de llegada del recorrido, como en aquellos años gloriosos en los que la estación era la gran puerta de entrada a España a través del bellísimo paisaje de los Pirineos.