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La estación de tren abandonada más majestuosa de España es hoy un hotel de cinco estrellas: con 241 metros y 365 ventanas, es un palacio ferroviario con restaurante en un vagón de época en el Pirineo

El tiempo le ha devuelto su gran lugar en la historia: está declarada Bien de Interés Cultural, es hotel cinco estrellas y su restaurante cuenta con una Estrella Michelin.

Del abandono a la Estrella Michelin: la monumental estación de tren que vuelve a brillar a los pies de los Pirineos

Del abandono a la Estrella Michelin: la monumental estación de tren que vuelve a brillar a los pies de los Pirineos / Manolo Yllera

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Hacia finales del siglo XIX y principios del XX, las estaciones de tren se convirtieron en el gran impulso de los destinos europeos y todo un atractivo para los viajeros, facilitando el trayecto y haciéndolo tan cómodo (comparado con lo anterior) que el viaje se convertía en parte del atractivo y no solo en una forma de llegar a algún sitio. 

En ese contexto, surgió uno de los grandes complejos ferroviarios de España, una estación que se diseñó a imagen y semejanza de la opulenta y grandilocuente arquitectura afrancesada (pura tendencia en ese momento) y que pasaría a la historia como el gran icono de los Pirineos: Canfranc Estación.

La estación de tren más bonita de Europa es “la catedral del ferrocarril”: parece el palacio de un rey, con una cúpula de 75 metros y un interior forrado con 20 tipos de mármol

Adriana Fernández

Un poco de historia

Situada al norte de la provincia de Huesca y a muy pocos kilómetros de la frontera con Francia, la estación de Canfranc se inauguró en 1929 como una estación internacional clave para la conexión entre España y Francia. La línea de tren conectaba ambos países a través de Somport, un puerto de montaña en los Pirineos situado a 1640 metros de altitud, que históricamente ha servido como paso fronterizo natural entre la provincia de Huesca y los Pirineos Atlánticos

La monumental estación de Canfranc se inauguró en 1929.

La monumental estación de Canfranc se inauguró en 1929. / Manolo Yllera

Se construyó con una elegancia tan sorprendente que constituye uno de los ejemplos más bellos de arquitectura industrial de aquella época. Aunque fue su monumentalidad lo que le hizo pasar enseguida a la historia: era la segunda estación de tren más grande de Europa en el momento en el que se construyó. 

Edificio modernista diseñado con hotel y restaurante

Su diseño es obra de un ingeniero alicantino, Fernando Ramírez Dampierre, quién creó el gran edificio modernista de 241 metros de longitud, con 150 puertas de acceso y 365 ventanas (una por cada día del año). El tamaño estaba más que justificado: al ser un paso fronterizo, la idea era hacer dos estaciones de lujo en una en la que los viajeros encontraran todo tipo de servicios. Y todos multiplicados por dos para satisfacer las necesidades de sus dos perfiles de viajeros: españoles y franceses, que para eso este era un paso de aduana fronterizo oficial. 

Se ha mantenido el espíritu modernista en la renovación.

Se ha mantenido el espíritu modernista en la renovación. / Manolo Yllera

Cuando se inauguró, la estación tenía taquillas, oficinas de sus operadoras del servicio, puesto de cambio de moneda, aduanas, comisarías (de policía y de carabineros), oficinas de correos, telégrafo público, enfermería, oficinas de Hacienda, cantina, restaurante, un hotel internacional, alojamientos para los ferroviarios de ambos países, garajes, hangares para mercancías... Y todos los habitáculos con letreros bilingües en francés y en español.

Del abandono a la Estrella Michelin.

La estación de Canfranc fue un éxito (fue incluso un escenario decisivo durante la II Guerra Mundial, como punto de paso de oro, obras de arte robadas y de judíos huidos), pero un accidente de tren en los años 70 provocó su cierre y su posterior abandono. El edificio pasó en silencio durante décadas, hasta que en 2002 llegó la declaración de Bien de Interés Cultural y, dos décadas después, su gran rehabilitación, esa que le ha convertido en uno de los hoteles más singulares del Pirineo aragonés de la mano del grupo Barceló. 

Está declarado Bien de Interés Cultural.

Está declarado Bien de Interés Cultural. / Manolo Yllera

Con 104 habitaciones (4 de ellas son suites de lujo, ubicadas en los extremos del edificio), Canfranc Estación A Royal Hideaway Hotel mantiene todo el ADN arquitectónico y los rasgos originales más característicos de lo que fue la estación, pero convertido en hotel cinco estrellas gran lujo a los pies de los Pirineos. 

Porque no solo evoca las grandes estaciones ferroviarias decimonónicas tan vinculadas al modernismo de aquella época (el estudio de interiorismo Il Mio Design es el gran artífice de un resultado tan soberbio), sino que ha conseguido meter un restaurante gastronómico en uno de sus antiguos vagones de tren originales y completamente rehabilitados. 

El restaurante está dentro de un vagón de época y cuenta con una Estrella Michelin.

El restaurante está dentro de un vagón de época y cuenta con una Estrella Michelin. / Manolo Yllera

El chef Eduardo Salanova y la directora de Sala Ana Acín han recuperado el legado culinario aragonés, despertando la emoción a través de sabores, texturas y productos típicos de la región mediante técnicas de vanguardia. El resultado es un exclusivo viaje gastronómico que tiene a Canfranc como punto de partida y el reconocimiento de una Estrella Michelin