Veranear en la mina

En ningún lugar de España se está tan fresquito como en sus profundidades. Es lo que deben pensar los cerca de 200.000 turistas que cada año se aproximan a paisajes mineros como los de Riotinto, Almadén, El Soplao o Las Médulas

Rafael de Rojas
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Foto: monysasi/iStock

Las minas se pueden cerrar, pero no abandonar. Las empresas de minería se gastan 7 millones al año en el mantenimiento de galerías clausuradas para evitar problemas como hundimientos, inundaciones y corrimiento de tierras. Así que, cada vez más, se están explorando nuevos modos de hacerlas rentables y el turismo minero se está extendiendo. Cada año atrae a 200.000 visitantes, con un caso muy sobresaliente, el de los 60.000 curiosos que se acercan a las históricas instalaciones de Riotinto.

Minas de Riotinto (Huelva)

Los romanos ya excavaban aquí en el siglo IV antes de Cristo. Han dado oro, plata y cobre y esa abundancia de minerales de la zona es también la responsable de que el cercano río Tinto tiña sus aguas de rojo. Cerradas desde 2001, a través de su Peña de Hierro se pueden visitar la mina al aire libre y 200 metros de las galerías. También cuenta con un Museo Minero, donde se cuentan las historias de su reciente pasado de explotación británica (incluido su papel como importador del futbol a España) y ofrece un Ferrocarril Minero que recorre 22 kilómetros de la zona en paralelo al río.

Minas de Almadén (Ciudad Real)

Consagradas al mercurio hasta que se prohibió recientemente su extracción, las Minas de Almadén cuentan con varios puntos de interés, de los pozos tradicionales a los templos mineros y el castillo de Retamar. Fueron unas de las minas de mercurio más grandes del mundo y exportaban buena parte de su producción a América. Esa historia de comercio transoceánico se cuenta en sus museos y se puede palpar en su galería visitable, a 50 metros de profundidad y de la que se sale en tren. El parque minero es Patrimonio de la Humanidad.

El Soplao (Cantabria)

Promocionada en los últimos años por sus galerías naturales con peculiares formaciones calcareas, algunas incluso con hechuras de Catedral, lo que no todo el mundo sabe es que fue una explotación geológica. Perteneció a las minas de La Florida y su historia minera se relata junto con la del resto de El Soplao.

http://www.elsoplao.es

Pozo Sotón (Asturias)

La historia en Sotón no es milenaria, pero la experiencia que se vive en sus profundidades es de las más auténticas. Aquí a lo que se viene es a realizar una inmersión de 4 horas en una mina real, bajando hasta 600 metros de profundidad. Pertrechados de mono, casco, lámpara y botas, los visitantes bajan en la tradicional jaula, a toda velocidad, hasta una octava planta de profundidad desde donde se recorren 5 kilómetros de túneles.

La Unión (Murcia)

De ella se extrajeron zinc y plomo en el siglo XIX. Su estrella es Agrupa Vicenta, una mina de pirita visitable a 80 metros bajo el suelo.

Las Médulas (León)

Situada en El Bierzo, es la principal atracción minera de Castilla y León y la más importante explotación romana que ha llegado a nuestros días. En su centro de interpretación relatan sus avatares como una de las principales fuentes del oro del Imperio y los motivos de que se la protegiera como Patrimonio de la Humanidad. Lo cierto es que salta a la vista: desde sus alrededores se puede observar cómo la naturaleza y la mano del hombre se han aliado para construir un paisaje de rara belleza, de rojo y de verde entremezclado, de aire vital en lo horizontal y de alma de desierto en lo vertical.

Pero la creciente lista de la minería turística en España no se acaba con estas instalaciones. Para recordarnos un pasado cercano en el que la energía sólo estaba bajo la tierra, están también instalaciones como las de montaña de Belorado (León), con dos minas de manganeso del siglo XVIII; las de Escucha (Teruel) con 200 metros de galerías que horadan el carbón; el Museo de Cercs (Barcelona); las minas de Anditurri (Guipuzcoa); o el Museo de la Minería y la Industria de El Entrego (Asturias)