Turismo slow en el Ebro

Las llaves, en el fondo de la maleta. No las necesitaremos en unos cuantos días. Nos apuntamos al Delting. Una forma muy personal de vivir el Delta del Ebro. Alquilamos nuestra bici en Riu al Ebre y a rodar. Montar un picnic, salir a comprar el pan, tomar un café, merendar a media tarde o conocer las Tierras del Ebro, Reserva de la Biosfera. Siempre a pedales. Connecting con la naturaleza. Una terapia por todo lo alto. Un break más que necesario.

Yolanda Guirado
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Foto: Redacción Viajar

Durante todo el año, el Delta se vive en la provincia de Tarragona. Desde Amposta hasta la playa de Migjorn. Pedaleamos por el camino de sirga. La vía transcurre paralela al Ebro. Mucha calma. Mucha tierra. Y mucha historia en estos parajes. Nos cuentan que antiguamente la utilizaban para remolcar las embarcaciones que tenían que remontar el río con la corriente en contra. 

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El trayecto resulta muy cómodo. Con la brisa en la cara, la sensación de libertad es plena. Ante nuestros ojos,  los campos de cultivo y un paisaje natural único donde se crían mejillones. Dejamos las bicicletas en el embarcadero. El río nos espera. 

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La Venecia del Ebro

De la bici al kayak. En el hábitat acuático más extenso de Cataluña nos sentimos como pez en el agua. En Riu al Ebre nos proponen rutas para todos los gustos. Ahora solo nos queda elegir la nuestra. 

La familiar. Para todos los públicos. La de la isla de Gracia. Resulta muy fácil. Tiene su salida en Balada, una pequeña y pintoresca población. Su duración es de una hora. Perfecta si viajas con niños. Un secreto: resulta imprescindible.

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La inaccesible. La de la isla de Sapiña nos lleva entre la ribera del río. Son dos horas de duración. Salimos desde el antiguo embarcadero que hay frente a la isla para rodear este espacio inaccesible que alberga un dormidero de ardeidos.

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La veraniega. Tendremos que remar algo más de la cuenta para hacernos con la recompensa de esta ruta. Al final de un recorrido de tres horas nos espera la playa Migjorn. Arena fina y dorada y aguas tranquilas. Con presentaciones así sobran las explicaciones.

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La atrevida. Para los más aventureros, la ruta “Del Verde al Azul”. Desde el agua podemos divisar Deltebre, mientras navegamos por el Ebro a su paso por esta población y descendemos hacia la desembocadura del río.

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Explorando el Delta todo el año

El Delta del Ebro es cambiante. Su paisaje nos sorprende. Las suaves temperaturas nos invitan a disfrutarlo en cualquier época del año. Kilómetro a kilómetro. Y así hasta 320 km2. En verano, los campos de arroz son enormes lagunas de agua. En septiembre se tiñen de color dorado. La cosecha ya está preparada para la siega. El intenso olor a arroz maduro inunda todo el Delta. 

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En el invierno, nos esperan esos campos terrosos. Las aves paran a descansar durante la migración. Y aquello del fondo es una gran colonia de flamencos. Sus intensos colores y elegantes movimientos nos dejan boquiabiertas. Como las playas de río que se forman caprichosas en diferentes lugares. Ante este regalo, lo mejor es perderse. Placeres de la Madre Tierra.

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Y así, pedaleando, la naturaleza se muestra en todo su esplendor en estas Tierras del río más caudaloso de España. Carriles bici para una mañana de sol. Miradores con unas vistas de cuento. Las lagunas se van formando a su antojo. Caprichosas. Tan naturales como este paraje. Un kit kat norteño donde los ruidos se convierten en sonidos. Así suena este Delta del Ebro. En bici o en kayak. Mejor forma de conocerlo no hay. De amarlo, tampoco.