Todo sobre Berlín (este), 25 años sin muro

Un cuarto de siglo puede ser mucho o poco. Según se mire. Lo que sí es cierto es que es tiempo suficiente para que una ciudad dé un giro sobre sí misma, se levante de un salto, se reinvente y se convierta en un referente para el mundo en muchos sentidos. Es lo que ha pasado en Berlín Este.

Alicia Arranz

Berlín conmemora los 25 años de la caída del Muro (cayó en la noche del jueves 9 al viernes 10 de noviembre de 1989). El profundo proceso de cambios que protagonizó la capital alemana tras la caída de este icono de la guerra fría recibió el nombre de Reconstrucción crítica. Fue un día, o mejor dicho, una noche en la que los acontecimientos se precipitaron para que casi sin previo aviso el mundo entero asistiese a través de sus pantallas de televisión a un hito histórico de tremenda magnitud que marcaría para siempre la ya de por sí intensa historia de Alemania y, por derivación, de Europa entera. El término se refería, sobre todo, a ese plan maestro con el que se cursaba una invitación formal a los mejores arquitectos del panorama internacional a dejar su huella en ese nuevo Berlín. La de los 90 fue, por tanto, la década en la que todo el antiguo Este se llenó de grúas, haciendo de Potsdamer Platz el paradigma de un escaparate que reunía al dream team de los premios Pritzker, con Richard Rogers, Renzo Piano, Helmut Jahn y Arata Isozaki como cabezas de cartel. Antes de la vorágineaquello era tierra de nadie. Un erial en el que solo algunos visionarios pudieron atisbar lo que terminó siendo el futurista complejo del Sony Center, con su cubierta que cambia de colores a cada rato y todos los demás edificios aledaños.

Visiones de alto impacto

Removidas por dentro y por fuera, a las autoridades les llevó diez años más tomar la decisión de honrar de una manera contundente a la vez que poética la memoria de las víctimas del Holocausto. El escogido para ello fue Peter Eisenman, quien, al principio de su carrera, colaboró con el mismísimo Walter Gropius. A pocos metros de la Puerta de Brandenburgo, Eisenman levantó un angustioso laberinto compuesto por 2.711 bloques de hormigón gris de distintos tamaños y alturas por el que ahora camina gente ensimismada. Otra de las grandes novedades para el antiguo Berlín Oriental fue la inauguración del Museo Judío del arquitecto estadounidense de raíces polacas Daniel Libeskind. El diseño, que él mismo definió como "Between the lines", juega con líneas quebradas en el exterior y huecos vacíos en el interior, promoviendo un impactante viaje sensorial por las distintas etapas de la trágica historia de los judíos alemanes.

Más allá de la apariencia física de Berlín Este, durante todo este tiempo los cambios han ido calando también y más paulatinamente, aunque no a menor escala, en las cosas más pequeñas: en los negocios a pie de calle, en las casas de la gente, en su manera de vestir y, mucho más que eso, en las conciencias de cada berlinés. Si bien durante los primeros años las diferencias entre los berlineses del Este y del Oeste se notaban a simple vista, 25 años después las fronteras apenas se perciben de tan difuminadas que están. Las tensiones han desaparecido casi por completo y aquellas formas tan dispares de entender la vida han terminado por interconectarse para dar lugar a algo difícil de definir pero fácil de sentir a nada que uno se deje caer por allí y permita un mínimo de permeabilidad.

La vida a la berlinesa

Es un hecho que en Berlín Este se vive de una manera especial, diferente y única. Y esta sensación está en el ambiente, sí, pero en verdad emana de todos y cada uno de sus habitantes, que, a fin de cuentas, son los verdaderos generadores de esa energía para el cambio constante que hace de ellaun lugar tan emocionante por estar siempre en constante transformación. Lo mismo que el mítico Checkpoint Charlie ha dejado atrás toda su solemnidad militar para convertirse en una especie de parque temático en el que los turistas pagan tres euros por posar con una pareja de militares estadounidenses, el puente Oberbaumbrücke, que sobrevuela el Spree dividiendo las áreas de Friedrichshain y Kreuzberg, es otro buen ejemplo de cómo ha evolucionado todo. Justo después de la reunificación, fue Santiago Calatrava quien dirigió el proyecto de restauración de su parte central, la que permanecía dañada desde mucho tiempo antes. Y así, este puente que antaño funcionase como uno de los puestos fronterizos entre las dos mitades es ahora un punto de encuentro fundamental en torno al que orbita gran parte de la industria creativa de Berlín. Junto con Londres, pero con mejores condiciones fiscales si cabe, la capital alemana es hoy en día un efervescente vivero de start ups que permite que se consolide a pasos agigantados una comunidad de jóvenes sobradamente preparados llegados de todas partes que traen consigo tantas ganas de comerse el mundo como de pasarlo bien y disfrutar de la cara amable de su nueva ciudad .

En Berlín Este hace ya tiempo que no hace falta hablar alemán para conseguir un trabajo creativo y ser parte de su vida cultural. Se puede sobrevivir sin grandes problemas hablandoinglés al tiempo que cada vez se escucha más español, sea con el acento que sea. Así pues, editoriales independientes, estudios de diseño, de fotógrafos, sellos musicales, productoras audiovisuales y todo tipo de pequeñas empresas que desarrollan proyectos originales y novedosos en todos los ámbitos encuentran aquí su paraíso particular. Digna heredera de lo que fue el Brooklyn neoyorquino de los 80, tampoco hace falta ganar mucho dinero para salir adelante cuando los alquileres y el coste de la vida en general siguen siendo sorprendentemente bajos comparados con cualquier otra capital europea. En un barecito con encanto de Kreuzberg que es mitad bistró como Das Hotel (www.dashotel.de) -regentado, por cierto, por españoles- se cena de lujo por apenas 10 euros. Así pues, cerca de 50.000 personas aterrizan cada mes en Berlín Este en busca de una oportunidad. Semejantes oleadas de inmigrantes alientan todos los negocios paralelos: tiendas, restaurantes, cafés, bares, clubs, discotecas y demás, pero plantean un serio problema también en términos inmobiliarios. Por ahora, el gobierno local está consiguiendo contener con bastante éxito las ansias de hacer negocio de los tiburones inmobiliarios, pero quién sabe durante cuánto tiempo más será posible mantener a raya su voracidad.

Creatividad a raudales

Con suerte, esas filosofías vitales, cada vez más extendidas, que promueven la consecución de una ciudad sostenible y colaborativa, terminen por ganar esta partida porque definitivamente el mundo necesita de modelos de urbes en las que suceden cosas como que a alguien se le ocurra hacer una piscina flotante en el río rodeada de fina arena que en invierno se convierte en una sauna, como es el caso del Beach Club de Treptow (www.arena-berlin.de). O que una antigua fábrica de cerveza se convierta en un espacio de última generación desde el que se promueven proyectos culturales, como Kindl (www.kindl-berlin.com), el centro de creación artística que acaba de abrir en septiembre en el corazón del mismo Kreuzberg con más de 5.000 m2. Si existen ciudades en las que un grupo de amigos lanza un proyecto de creación de supermercados en los que todo se vende a granel y se eliminan para siempre los envases (www.original-unverpackt.de) financiándose enteramente por crowdfunding, hay que dejarlas vivir. Porque, ¿dónde si no va a haber espacio y ganas para montar un hotel como el NHow, que incorpora un estudio de grabación en sus instalaciones y que permite grabarte tu propio álbum mientras cantas en la ducha? ¿Dónde vamos a encontrarnos con que el local más escondido en el más inhóspito de los callejones puede ser un exclusivo dinner club en el que el chef cocina en directo para unos pocos invitados como es Mulax (www.mulax.de)? O, ¿adónde si no podría ir una pareja de emprendedores a montar Sauvage (www.sauvage.de), elúnico restaurante de comida paleolítica de Europa, sin morir en el intento? ¡Ah, Berlín! "In Weiter Ferne, so Nah (¡Tan lejos, tan cerca!)", que decía Win Wenders...

Citas para un otoño en Berlín este

En una ciudad tan hiperactiva como esta, en la que de media hay unos 1.500 eventos cualquier día corriente del año, el listón está muy alto para lograr organizar algo que impresione. Las exposiciones de Ai Weiwei, el más destacado artista contemporáneo chino, y la soberbia retrospectiva que repasa la vida y trayectoria de David Bowie son dos de los hits de la temporada. Ambas muestras se pueden visitar en el Edificio Martin Gropius (www.gropius-bau.de) hasta agosto y mayo del año que viene, respectivamente. El 9 de noviembre de 2014 será para Berlín y para el mundo una fecha especial. Durante ese fin de semana y esa noche en concreto una impresionante instalación lumínica de globos blancos alumbrará lo que fue el trazado del Muro a lo largo de 12 kilómetros. Para experimentar otras formas de profundizar en la historia del Berlín dividido se pueden hacer rutas guiadas con GPS a pie o en bici por el Berlín subterráneo o por el Berlín Este a bordo de un "trabi", uno de los coches Trabant de la RDA. Ese mismo día, y tras un año entero de trabajos de renovación, reabrirá la exposición permanente del Centro de Documentación del Muro de Berlín (www.berliner-mauer-gedenkstaette.de/en). Por su parte, desde el pasado marzo y hasta agosto del año que viene, el Deutches Historisches Museum (el Museo de Historia Alemán) muestra en "Colour for the Republic" (www.dhm.de/ENGLISH/ausstellungen) los trabajos de Martin Schmidt y Kurt Shawarzer, dos renombrados fotoperiodistas que retrataron cómo era la vida cotidiana en la Alemania del Este. Además, en Checkpoint Charlie se puede obtener hasta el mes de agosto una impresionante visión de 360º del Muro a través de un gigantesco panorama de 16 metros de altura concebido por el artista Yadegar ASisi (www.asisi.de).

Más información en www.wall.visitberlin.de