Tito Bustillo: la cueva madre de Asturias

Han pasado cincuenta años desde que un grupo de jóvenes espeleólogos dieran con un hallazgo impresionante en el macizo de Ardines, cerca de Ribadesella (Asturias): la cueva de Tito Bustillo, llamada así en honor de uno de sus descubridores y que alberga uno de los más importantes conjuntos de pinturas rupestres del arte paleolítico de Europa. Bienvenidos a su interior.

Regina Buitrago
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Foto: VIAJAR

Quién les iba a decir a aquellos diez jóvenes espeleólogos –ocho de ellos componentes del grupo de Montaña Torreblanca de Oviedo y dos riosellanos–, aquel 11 de abril de 1968, que decidieron escudriñar el gran agujero que se abría a sus pies en pleno macizo kárstico de Ardines, que iban a ser los artífices del cambio de la historia de Ribadesella y de Asturias. El macizo de Ardines emerge sobre la desembocadura del río Sella. Sus entrañas calizas, horadadas por el río San Miguel, que genera su relieve kárstico, albergan un complejo de cuevas cuya ocupación se extendió a lo largo de todo el Paleolítico superior, hace entre 30.000 y 10.000 años.

El grupo de jóvenes aventureros, tras descender los casi cien metros de aquella sima, pertrechados de su rudimentario material de espeleología, recorrieron la galería principal, entre oscuridad, humedad, guano y barro, deteniéndose para, aprovechando la gotera que bajaba por una estalactita, lavarse las manos y comer algo. Uno de los chicos, que se había alejado momentáneamente del grupo, descubrió en una cercana cavidad el famoso Camarín de las Vulvas. Llamó a sus compañeros, que lo contemplaron entre la incredulidad y la conmoción. Después, y tras un fogonazo de carburo para ajustar una lámpara, apareció el emblemático caballo del Panel Principal, y el resto de figuras que se fueron desvelando ante la ruda luz de sus lámparas a lo largo de aquella larga e inolvidable jornada.

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Conscientes de que aquellas pinturas rupestres eran algo excepcional, pactaron guardar silencio para proteger la certificación de los expertos. Después vendría la prensa, las felicitaciones y la toma de conciencia de la trascendencia del hallazgo. Lo llamaron la Cueva de Tito Bustillo, en honor de uno de estos diez jóvenes descubridores, Celestino Tito Fernández Bustillo, que falleció en accidente de montaña pocas semanas después del descubrimiento de la cueva. El grupo de jóvenes espeleólogos estaba compuesto por el citado Tito, Pilar González Salas, Elías Ramos Cabrero, Eloísa Fernández Bustillo, Ruperto Álvarez Romero, Amparo Izquierdo Vallina, Jesús M. Fernández Malvarez, Adolfo Inda, Pía Posada Miranda y Fernando López Ramos.

El panel principial

A la cueva se accede por un túnel artificial, excavado en 1970, que sigue el curso del río San Miguel, ya que la entrada original fue cegada hace miles de años por un derrumbe. El recorrido de la visita, que se hace al revés, es de unos 600 metros de longitud, y va dejando atrás once conjuntos de arte parietal únicos en el mundo hasta llegar al Panel Principal, el más accesible para su contemplación. Este Panel Principal, de unos 10 metros de longitud, se considera como un inigualable muestrario de grabados y pinturas realizados por los artistas paleolíticos en un período que abarcó más de 10.000 años, comenzando por animales y signos pre-magdalenienses hasta los caballos y renos bícromos magdalenienses. Las representaciones superan el centenar, predominando las grabadas sobre las pintadas, aunque son estas las que destacan por sus dimensiones y vistosidad. La más conocida y mejor conservada es una cabeza de caballo, la única que mira a la izquierda. También destaca la presencia de tres renos pintados en negro y que constituyen un motivo decorativo poco representado en otras cuevas cantábricas.

La llamada Galería Larga alberga nueve conjuntos de arte parietal, alguno realmente enigmático, como el Camarín de las Vulvas. En otra de las cámaras se muestran unas interesantes figuras antropomorfas, raras o poco representadas en el arte paleolítico: una femenina y otra masculina pintadas en una bandera (una formación geomorfológica aplanada). En otra de las galerías se puede admirar un grabado de un rorcual, ballena azul de pequeño tamaño, acéfala además, también infrecuente en este período.

Además de las pinturas rupestres, en el interior de Tito Bustillo reposa un interesantísimo yacimiento arqueológico que arroja luz sobre estos grupos humanos del Paleolítico a lo largo de este período. Y es interesante también observar el catálogo de formas caprichosas en el interior de la cueva como resultado de la filtración durante siglos de aguas cargadas de bicarbonato cálcico.

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En torno a la celebración del 50 aniversario del descubrimiento de la cueva, declarada Patrimonio de la Humanidad en 2008, se han preparado multitud de actos, tanto en Ribadesella como en el Centro de Arte Rupestre Tito Bustillo (centrotitobustillo.com), con los que se recordará la hazaña espontánea de estos diez jóvenes que cambiaron el devenir de la villa de Ribadesella.