Tarazona y su Cipotegato, una de las mejores formas de disfrutar agosto

Participa en la fiesta más universal del «Toledo aragonés». A unos 86 kilómetros de Zaragoza y muy próxima al Moncayo, Tarazona es una de esas localidades españolas que sorprenden gratamente a quien las conoce por primera vez.

José Miguel Barrantes Martín
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Asombra por su rico patrimonio e impresiona por su cultura y tradiciones arraigadas en lo más profundo de los tiempos. Precisamente una de esas tradiciones supone la mejor excusa para visitar este enclave aragonés a finales del mes de agosto, momento en el que se celebran las Fiestas Generales de Tarazona en honor a Atilano.

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El Cipotegato, una fiesta universal llena de colorido

Cada 27 de agosto a las 12 horas del mediodía, abriendo las fiestas en honor al patrón de la localidad, San Atilano, un personaje disfrazado de arlequín con llamativos colores – rojo, verde y amarillo -, discurre desde el Ayuntamiento y la Plaza de España por un recorrido en las calles del casco antiguo mientras una multitud le persigue arrojándole tomates, hasta que consigue volver a la plaza del Ayuntamiento para alzarse al monumento erigido en su honor y dar por inauguradas las fiestas de Tarazona.

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Una tradición que encarnan en el Cipotegato los jóvenes de la ciudad – cada año es elegida por sorteo la persona que contará con el orgullo de vestir las prendas de este histórico personaje -, y que debido a la vistosidad y arraigo de la misma fue declarada Fiesta de Interés Nacional en 2009. A partir de este momento del día 27 de agosto se da el pistoletazo de salida a las fiestas patronales, que conmemoran el traslado de las reliquias de San Atilano hasta Tarazona en el año 1644.

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Aunque la costumbre de arrojar únicamente tomates procede del siglo pasado y haya quien la relacione con la famosa fiesta de la Tomatina de Buñol, la celebración de la tradición del Cipotegato procede al menos de hace más de tres siglos, vinculada a la víspera del Corpus Christi, cuando el llamado por entonces «Pellexo de Gato» cumplía la función de ahuyentar a los muchachos que impedían el buen trasiego de la procesión; con el tiempo, estos muchachos comenzaron a arrojar restos de verduras del mercado que se llevaba a cabo en la plaza principal, dando lugar a la costumbre actual.

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Tarazona, un lugar histórico por descubrir

El casco antiguo de Tarazona, declarado Conjunto Histórico-Artístico en 1965, engloba todo un conjunto de monumentos de gran valor diseminados por un laberíntico trazado de calles estrechas que se escalonan a lo largo de una de las laderas del río Queiles, dándonos la sensación de estar caminando por el centro de Toledo; algo que ya percibió el célebre Gustavo Adolfo Bécquer, quien la llamara cariñosamente «la pequeña Toledo aragonesa».

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Un trazado medieval que protagoniza el barrio del Cinto, núcleo neurálgico de esta ciudad de origen celtíbero que ha sido poblada por romanos, cristianos, musulmanes o judíos. Tratándose de una de las diócesis más antiguas de toda España, creada en el año 449, no es de extrañar que pronto ocupara un lugar relevante en toda esta franja de la geografía española.

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También ocupada por los musulmanes, quienes construyeron aquí su zuda o fortaleza amurallada – situada en lo que es hoy en día el Palacio Episcopal, una magnífica obra renacentista -, y por las comunidades judías – la Judería Vieja es el testigo fiel de esta cultura en la actualidad -, no hay que desdeñar tampoco los importantes vestigios mudéjares que, al igual que en otras muchas otras partes de Aragón, se han conservado espléndidamente en muchos casos.

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Especialmente situada entre los monumentos más relevantes de la localidad está la Catedral de Nuestra Señora de la Huerta, uno de los templos góticos más tempranos de este estilo en España, que cuenta con auténticas joyas en su interior como las pinturas de su cabecera y su cimborrio. Además de esta catedral, no hay que dejar de hacer un recorrido por distintos puntos del histórico barrio del Cinto, donde encontraremos buenas porciones de la antigua muralla que protegía la población o las curiosas casas suspendidas en la Calle Judería. 

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Ni mucho menos hay que restar importancia tampoco a la insólita y bellísima Plaza de toros vieja, un excelente ejemplo de plaza octogonal construida a finales del siglo XVIII – una de las más antiguas del país -, ocupada en su interior por una serie de viviendas que servían de balcones durante los festejos taurinos.

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Junto a todo este rico patrimonio, un sinfín de monumentos religiosos de primer orden se suceden a lo largo y ancho de la ciudad dispuestos a ser descubiertos por las miradas indiscretas de cualquier persona que viaje hasta Tarazona; una localidad que, si visitamos durante las fiestas patronales, nos focalizará en la soberbia Casa Consistorial, epicentro del evento del 27 de agosto que marca el comienzo de estas celebraciones con el Cipotegato.