Stavanger y los grandes paisajes de Noruega

Stavanger es una ciudad portuaria del suroeste de Noruega que ha florecido gracias a las rentas del petróleo descubierto en el siglo XX. Hace cien años vivió su esplendor como centro de pesca de la sardina y ahora los turistas la visitan por ser la base perfecta para recorrer el fiordo de la luz (Lysefjord) y ascender al Púlpito (Preikestolen), la mítica roca suspendida en el vacío a 604 metros sobre el nivel del mar. Para muchos, el mirador natural más espectacular del mundo.

Javier Carrión
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Foto: Eduardo Grund

Vikinga antaño e internacional hoy, por la prosperidad que ha traído la existencia de petróleo en sus aguas más próximas, Stavanger ha olvidado su herencia pesquera que la enriqueció en el último cuarto del siglo XIX y la primera mitad del XX para figurar en el podio de las ciudades más importantes y pobladas de la rica Noruega. Su actual censo confirma que Stavanger supera los 120.000 habitantes, pero también es cierto que esta ciudad de nuevos ricos sirve de refugio de 170 nacionalidades diferentes empleadas en la industria del oro negro. Y ese poder adquisitivo se hace más evidente durante el verano, cuando hay más horas de luz y sol y las ganas de divertirse suben como la espuma del Mar del Norte.

La torre Valberg (Valbergtarnet) y el lago Breiavatnet constituyen los dos puntos de referencia de esta coqueta población donde casi todo está a mano. La torre es el actual Museo de la Guardia, porque es visible en cualquier punto y sirve siempre de orientación al viajero, y el lago, llamado popularmente "el ojo brillante", es el lugar que buscan sus vecinos para disfrutar de los rayos de sol, cuando hay buen tiempo, o de la lectura de un libro en alguno de sus bancos que lo rodean mientras cientos de gaviotas revolotean en busca de comida. Valbergtarnet fue antiguamente el edificio más alto de la ciudad y los serenos empezaron a utilizarlo en 1853 como punto clave de vigilancia para avisar a la población del peligro de incendios. En la actualidad, esta singular construcción octogonal, de casi 27 metros de altura, sigue flanqueada como antes por un grupo de cañones, mudos testigos ante la presencia de los turistas que suben los escalones de esta histórica torre para gozar de una de las mejores panorámicas de la ciudad y de su puerto.

La catedral noruega más antigua

Entre esos dos enclaves se eleva la catedral de San Svithuns, majestuosa y muy querida por el pueblo noruego por ser la más antigua del país. Construida en estilo anglo-normando por artesanos ingleses, se trata de la única catedral noruega de la Edad Media que ha conservado su aspecto original. Data del año 1125 y las joyas de su interior son cuatro: el crucifijo elevado con un Cristo victorioso, la pila bautismal del año 1300, el púlpito colorista repleto de figuras (siglo XVII) y el altar con sus llamativas vidrieras. La catedral sigue siendo iglesia parroquial y el pueblo de Stavanger se enorgullece de celebrar en este emblemático templo las ceremonias de confirmación de los jóvenes, vestidos siempre con el primer traje nacional, llamado bunad, y las bodas religiosas.

Dando un corto paseo desde el templo a la bocana del puerto se alcanza el animado mercado y el monolito dedicado a Aleksander L. Kielland, uno de los cuatro grandes de la literatura noruega, con Ibsen, Bjornson y Lie, y también alcalde de Stavanger. Sin embargo, a esta figura elegante y de frágil salud se le asocia últimamente a la tragedia ocurrida en la plataforma petrolífera que lleva su nombre, situada a 320 kilómetros al Este de la costa de Escocia, el 27 de marzo de 1980. En ese accidente murieron 123 hombres, la mayoría de Rogaland, una de las áreas más pobladas de Stavanger, en lo que se ha considerado el mayor desastre de Noruega desde la Segunda Guerra Mundial.

Otro monumento con forma de cadena rota, emplazado junto a las rocas del mar en un paraje tranquilo solo frecuentado por ciclistas, recuerda este episodio que acabó cambiando las normas que establecían la cadena de mando en estas plataformas marinas del oro negro. Los noruegos no lo han olvidado y mucho menos después de que la investigación posterior del percance demostrara que muchos fallecidos podrían haberse salvado con una evacuación más ordenada. De todo se aprende y hoy los trabajadores de estas plataformas en el mar, que acceden a su puesto en helicóptero desde el aeropuerto de Stavanger, han conquistado algunos logros laborales que ya nos resultan llamativos en una época de recortes en otros países europeos: el mayor es que trabajan dos intensas semanas extrayendo el fósil líquido debajo del mar y libran después otras cuatro.

De la pesca al "oro negro"

El petróleo ha cambiado, sin duda, la vida de Stavanger, que fue históricamente una ciudad de pescadores, y, como es lógico, de todo el país. Noruega inició una nueva era industrial en el otoño de 1969, cuando se descubrieron las primeras reservas del oro negro en Ekofisk, en el Mar del Norte central, de la que se han beneficiado socialmente sus habitantes como nunca podían haberse imaginado. En la actualidad operan 62 campos de producción en el mar, se extraen diariamente 1.600.000 barriles de petróleo y más de 200.000 personas están ocupadas en una industria que ha producido desde 1971 siete mil billones de coronas (NOK). El país de Harald y Sonja, sus soberanos desde hace 23 años, se ha convertido así en una nación muy próspera que comparte los ingresos producidos por el petróleo con sus ciudadanos en un fondo general de pensiones que de momento rebosa dinero de cara al futuro. A los que les interese este tema se les aconseja una visita al Norsk Oljemuseum (Museo del Petróleo) para introducirse en las plataformas, descubriendo muchos más detalles y curiosidades con la inestimable ayuda de las exposiciones interactivas y las maquetas gigantes del interior. Además, el edificio en sí, obra de los arquitectos Lunde Lovseth, ya se ve como otra auténtica atracción del puerto debido a sus líneas rectas y su diseño futurista.

Los que prefieren, en cambio, dirigir una mirada melancólica al pasado de Stavanger deben reservar una cita en la ciudad vieja, situada al otro lado del puerto, casi enfrente de la torre Valberg. Ese casco antiguo lo componen 173 casas de madera construidas a finales del siglo XVIII y principios del XIX. La mayoría de estos edificios, de reducidas dimensiones y pintados en un color blanco reluciente, se han transformado en galerías de arte y tiendas de artesanía, pero también quedan algunos reductos antiguos de este lindo conjunto que cuenta con la colección de casas de madera más grande de Europa. Un reconocimiento que lleva la etiqueta de Patrimonio Mundial de la Unesco desde 1975.

La tradición conservera

En una de esas construcciones, la antigua fábrica de conservas ubicada en el 88-90 de Ovre Strandgate, hay que sentir esa atmósfera centenaria y olvidada del Stavanger que vivía de sus reservas pesqueras y de su potente industria conservera. El Museo Noruego de las Conservas conduce al visitante a una época pasada que ya no volverá... A un lugar donde el tiempo parece haberse detenido, en un entorno de calles estrechas, empedradas y ahora muy tranquilas, que fueron patrimonio casi exclusivo de obreros y pescadores. Antes del petróleo prácticamente solo había sardinas y miles de latas que se producían diariamente, pues en Stavanger se desplegaba la mitad de las fábricas de conservas de Noruega. Unas setenta en su momento más álgido. Y una excelente manera de entenderlo es visitando esta exposición que muestra el proceso en doce fases, primero artesanal y después industrial, de la producción conservera. Desde la elaboración de las latas a su llenado, pasando por las fases de salado, ensartado, ahumado, descabezamiento y colocación del pescado en las latas. Muchas mujeres se dejaron la piel en estas fábricas, pues su rendimiento era superior al del hombre. Un ejemplo lo dice todo: las trabajadoras conseguían llenar una lata de sardinas en siete segundos, por casi un minuto que empleaba cada trabajador.

Las espadas vikingas y el púlpito

Antes de abandonar el Stavanger de sus animados restaurantes y bares del puerto, que revientan cuando se asoma el sol, y de iniciar la excursión a Preikestolen, el famoso Púlpito, merece la pena hacer una parada en Las Espadas en la Montaña (Sverd i Fjell). Es éste un monumento nacional, enclavado en el fiordo de Hafr, donde contemplamos tres espadas gigantes, de diez metros de altura, que rememoran el pasado vikingo de Noruega. Se dice que este emplazamiento, hoy muy fotografiado por esas empuñaduras de espadas que se alzan desafiando al cielo desde 1983, fue el lugar elegido por Harald I para unificar estas tierras en un solo reino en el año 872. El paraje resulta especialmente encantador a la caída de sol, con los últimos rayos que brillan en las armas, diseñadas al estilo de las antiguas, y con los vikingos del siglo XXI, que terminan aquí su excursión de kayak en una pequeña playa con parque, ideal para merendar o tomar un pic-nic.

Con la energía de los viejos guerreros del norte es quizás un buen momento de acometer la subida a Preikestolen, en Lysefjord, el fiordo de la luz. La mítica roca, formada con toda probabilidad hace diez mil años como consecuencia del deshielo, es el destino principal de los viajeros que se acercan a esta región noruega. ¿Pero qué buscan en este entramado pedregoso, catalogado como el más grande del norte de Europa? Seguramente alcanzar el mirador natural más espectacular del mundo, aunque no den certificado escrito alguno... Un lugar elegido por la naturaleza, que aquí ha esculpido una obra sublime, donde admiramos en toda su integridad la belleza de este fiordo verdaderamente impresionante en Escandinavia.

La leyenda de las hermanas

Claro que ascender a Preikestolen -así se llama en noruego- no es precisamente un cómodo paseo a pie. Dos horas de ascenso hasta la cima y otras dos de descenso se necesitan para cubrir un recorrido de casi ocho kilómetros abarrotado de piedras y escalones naturales que pone a prueba el estado físico del viajero. El camino se distingue por su buena señalización, con dos fuertes repechos, y es conveniente llevar calzado de montaña, agua y comida en la mochila. Una vez en la cumbre, todos se olvidan del sudor o del dolor en las articulaciones. La adrenalina invade el cuerpo y el alma de los viajeros que se creen por un día reyes del mundo, mientras se sientan en la base de la roca de 25x25 metros y disparan fotografías sin parar. Solo un aviso más. Al alcanzar la ansiada meta, después de rendirse ante un grandioso paisaje de pequeños lagos y montañas onduladas, todos reparan en la grieta que separa la roca del Púlpito de la montaña. Una leyenda cuenta que el día que siete hermanas se casen con siete hermanos en Lysefjord, la gran piedra se separará definitivamente, caerá y se hundirá en el fiordo, formando una ola que acabará con la vida de toda la región.

Más aconsejable es no pensar en esa vieja profecía y completar la excursión a Preikestolen con un crucero por el Lysefjord que permite regocijarse con la belleza del entorno, un archipiélago de tranquilas islas llenas de paz y de paisajes verdes, y del propio fiordo, de 42 kilómetros de longitud, con otra atracción montañosa: el Kjerag, la majestuosa cima a mil metros sobre el mar. Del puerto de Stavanger parten diariamente los barcos que se dirigen al fiordo de la luz y los turistas que contratan la excursión reciben alguna sorpresa más desde la propia nave, como la de tocar con las manos la cascada Hengjane, un prodigioso salto de 400 metros, y beber sus puras y cristalinas aguas con toda tranquilidad.

Excursiones por la región

El viaje a Stavanger no quedaría rematado sin realizar alguna excursión por sus atractivos alrededores. Una ruta aconsejable es la que parte hacia al Magma Park por la costa de Jaeren, salpicada de playas, faros y tumbas de la Edad de Hierro. Sorprende la cadena de bunkers instalados por la artillería alemana en la II Guerra Mundial. Se puede acceder a estas defensas bélicas en Vedafjellet, y también queda muy cerca el Jossingfjord, imponente escenario del incidente del buque cisterna alemán Altmark que provocó que Hitler acelerara los planes para invadir Noruega. Hoy es puerto que exporta titanio, de la mina de Tellnes, y centro atractivo para los escaladores más audaces. Bajo una de estas formaciones, que lleva el nombre de Helleren, han sobrevivido en el tiempo algunas de las casas más fotografiadas del país. Fueron edificadas en el siglo XVII y en ellas los pescadores convivían con los animales domésticos, sobre todo ovejas, en estas construcciones sin tejado firme, al abrigo de la roca. El broche final de la ruta puede situarse en alguna de las playas ideales para la práctica del surf que se extienden por Jaeren, a lo largo de cuarenta kilómetros, o en Sogndalstrand, el único pueblo protegido de Noruega. Localizada en la desembocadura del río Sokn, esta típica villa marinera destaca por sus casas de madera del periodo 1700-1800 y su único hotel, repartido en varios edificios de la calle principal que cruza la población. Encantador, como todo Stavanger y su región.