Sierra Nevada, el amanecer y el atardecer del verano

La nieve ha desaparecido, pero no así las muchas tentaciones que Sierra Nevada brinda en agosto. Pradollano es una tentación continua y un buen punto de partida para subir a las cumbres más altas de la península. Al amanecer y al atardecer nada mejor que mirar al cielo en busca de las estrellas a las que pedir deseos.

Carolina Oubernell
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Foto: Fotomicar / ISTOCK

Hay un lugar en Andalucía donde las noches de verano son frías y ventosas. En Sierra Nevada, cuando el sol desaparece, es necesario abrigarse, aún cuando cientos de metros más abajo la temperatura diurna no baje de los cuarenta. Subir a Sierra Nevada es una tentación aún en agosto. La carretera más alta de Europa atraviesa un paraje de extraordinario valor medioambiental, parque natural y parque nacional incluidos. La ciudad de Granada queda a los pies y el visitante se adentra por paisajes coronados por altas cimas que conducen al centro de interpretación de la naturaleza de El Dornajo. En él, sobre la cumbre del pantano de Canales, se obtiene información de las rutas y senderos, de los itinerarios y los pueblos que conforman la cordillera más alta de la Península Ibérica

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El último trecho es de lo más excitante. Antes de coronar Pradollano salen al encuentro del visitante un puñado de miradores desde los que se advierte en la lejanía la Vega, la Alpujarra y las aristas montañosas de la Cordillera Penibética. Pradollano es toda una ciudad; eso sí, una ciudad a dos mil metros de altitud. Hoteles, restaurantes, exclusivas tiendas, centros deportivos de alto rendimiento, urbanizaciones de lujo, complejos comerciales... Un sinfín de tentaciones para los amantes de la alta montaña. El Mirlo Blanco es un área de actividades enfocadas no solo a los deportes blancos sino también a los meses de deshielo. Hay atracciones para todos los públicos y es un buen punto de partida para iniciar excursiones a pie por los picos más emblemáticos del macizo como el Veleta y el Mulhacén.

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Agosto es un buen mes para ejercitar las piernas, subir a la bicicleta de montaña y adentrarse por las escarpadas sendas que rodean los picachos más altos del macizo. Empresas de turismo activo ofrecen la posibilidad de realizar una agotadora travesía por la denominada “integral de los tres mil”, un paseo demoledor de subidas y bajadas por los picos que superan estas alturas. Entre nieves perpetuas, tajos y borreguiles es posible admirar la majestuosa estampa de la cabra hispánica, que merodea cada mañana y cada tarde por los rellanos y las lagunas glaciares. Es duro, pero la recompensa no puede ser mejor. Otras actividades a primera hora de la mañana o a última hora de la tarde nos invitan a mirar al cielo a través de potentes telescopios. Es una experiencia inenarrable porque apenas existe contaminación lumínica. Desde estas alturas el cielo parece más próximo.