Seis hoteles de naturaleza donde esperar los fríos del otoño

No existe experiencia más sugerente que esperar desde un delicioso hotel con una cálida chimenea encendida a que los fríos lleguen. Estos seis hoteles son los mejores lugares donde aguardar a que el otoño tiña de colores ocres los paisajes.

Manuel Matero Pérez
 | 
Foto: Nathan DeHart

Hotel Molino Tejada

Es un antiguo molino de piedra del siglo XVI, escondido en recónditas tierras de cultivo junto al río Ebro, cerca de su nacimiento. Se halla en Polientes, en Cantabria. Caminos de sauces, campos de lavanda y rosales conducen a una bella construcción recuperada con mimo y buen gusto con un salón de lectura, chimenea y un original suelo de cristal por donde discurren las aguas del río más caudaloso de España. Es un delicado hotel boutique que forma parte de Rusticae y que se extiende por una finca de 15.000 metros cuadrados de frondosos jardines.

Vista del Hotel Molino Tejada. | Nathan DeHart

Hotel Son Penya

El hotel Son Penya se sitúa en una impresionante finca a escasos kilómetros de la localidad de San Llorenç, en la isla de Mallorca. Los edificios que albergan este hotel con encanto combinan elementos tradicionales como la madera o la piedra mallorquina de marés con elementos contemporáneos. Cuenta con veinte habitaciones decoradas con tonos neutros y suaves desde las que disfrutar del más bello horizonte. Todas las habitaciones están diseñadas para proporcionar el máximo confort y detalles exclusivos como la terraza privada o la bañera de hidromasaje.

Habitación Hotel Son Penya. | Archivo

Casa do Batán

Está en Chavín, en Lugo, y la casa se halla entre dos ríos que invitan a disfrutar de la tranquilidad y la belleza natural del norte de Galicia. La casa data del año 1800 y ha sido rehabilitada preservando materiales y detalles originales como la piedra, el hórreo, grabados, hornacinas o la estructura del antiguo batán. Este alojamiento sólo para adultos dispone de tres habitaciones decoradas hasta el más ínfimo e inapreciable detalle. Es una delicia descansar en el salón junto a la chimenea o disfrutar de una agradable tertulia en la biblioteca del molino, en torno a la original mesa de piedra. No hay televisión, pero sí muchos libros.

Vista del Hotel Casa do Batán y el lago. | Archivo

Hotel Iribarnia

El hotel se ubica en una casona del XVI que ha sido rehabilitada manteniendo los elementos tradicionales de la zona. Está en Lanz, en la región de Navarra. En sus exteriores, la antigua huerta es en un hermoso jardín, perfecto para disfrutar de un libro o una buena conversación al aire libre. En sus interiores se combinan el estilo colonial, el victoriano y provenzal francés, y en sus diez habitaciones, diferentes entre sí, destacan la madera, la piedra y los materiales nobles y también en muchas de ellas se puede disfrutar de un baño relajante en sus bañeras extra-grandes para dos. El salón es un lugar encantador para disfrutar del calor de la leña, sus libros y su mesa de juegos.

Habitación del Hotel Iribarnia. | Archivo

Hotel Mas El Mir

Mas El Mir es una antigua masía con registros históricos del año 1366. Se encuentra situada en plena naturaleza, a sólo cuatro kilómetros de la población gerundense de Ripoll. Su estructura de piedra y sus dimensiones transmiten una sensación de autenticidad, paz y bienestar. Forma parte de Rusticae y su salón de estar es un espacio que convoca al descanso y la paz. Su chimenea es uno de sus rincones más apreciados y desde ella se goza de deliciosas vistas a los alrededores. Posee un restaurante de cocina creativa que respeta la sencillez de los productos de la zona y una extensa carta de vinos.

Vista aérea del Hotel Mas El Mir | Archivo

Finca La Ramallosa

Ciento treinta hectáreas que permite perderse en un entorno único donde la naturaleza en estado salvaje y la tradición son los principales elementos. El caserío de La Ramallosa se halla en San Martín de Trevejo, en la provincia de Cáceres, y lo conforma un conjunto de bellas construcciones de piedra con más de cien años de antigüedad que forman una pequeña aldea, con el horno donde cocían el pan o la era para el trigo, entre otros espacios. Un lugar mágico donde antaño vivieron las familias que trabajaban las tierras que lo rodean. Cinco pequeños caseríos rehabilitados con mimo y estilo, decorados con alfombras, cuadros y esculturas, que permiten disfrutar a los huéspedes de la maravillosa experiencia de vivir como vivieron en aquella época.

Vista de la Finca La Ramallosa. | Archivo