Se estrena la ruta de los vinos de la Ribera del Guadiana

La cuna de estos vinos es tierra de conquistadores, y este año 2013 se recuerda precisamente a aquellos que avistaron el Pacífico. Ahora se conquista al prójimo no con picas y espadones sino con armas sutiles y persuasivas, como un buen vino, un buen cava, un buen chorro de ingenio o unas gotas de romanticismo. La D.O. Ribera del Guadiana ingresa este mes de abril en el selecto club de las Rutas de los Vinos de España.

Carlos Pascual

La Asociación Española de Ciudades del Vino (ACEVIN), creada en 1994, puso en pie un selecto Club de Producto Rutas del Vino, las cuales ascienden a 21, repartidas por toda la geografía española. Hace una década, Almendralejo, capital de la comarca pacense Tierra de Barros, se adhirió a ACEVIN, y en 2007 solicitó la admisión al club de la Ruta Ribera del Guadiana. Agotado el proceso de certificación, la nueva ruta será realidad este mismo mes de abril.

La idea es galvanizar el territorio y su oferta turística con un marchamo que aúne la alta calidad con algo distintivo, diferente. Que comprometa a bodegas, hoteles, restaurantes, comercios e iniciativas de ocio. Tras la presentación en Fitur, el pasado febrero, se cuenta ya con más de un centenar de empresas adheridas, se ha perfilado la entidad corporativa, se ha creado una página web y material impreso, y se están señalizando a marchas forzadas pueblos y carreteras.

Uva autóctona

El caso es que la D.O. Ribera del Guadiana es territorialmente muy amplia. Abarca media docena de subzonas (no sería acertado decir comarcas), dos en la provincia de Cáceres -Cañamero y Montánchez (con Trujillo)- y cuatro en la de Badajoz: Tierra de Barros, Matanegra (que engloba Zafra y Río Bodión), Ribera Alta (con Don Benito y la Serena) y Ribera Baja (en torno a la ciudad de Badajoz). Naturalmente, las tierras y paisajes varían mucho en ese abanico generoso; también los reclamos históricos y artísticos presentan facetas poliédricas. Solo el vino es hilo conductor, el verdadero protagonista. Vinos blancos jóvenes, elaborados con uva autóctona como pardina, cayetana y eva de los Santos, además de la variedad macabeo; actualmente se están fermentando algunos blancos en barrica. También vinos rosados de extraordinaria frescura, y tintos obtenidos sobre todo a partir de uva tempranillo, aunque a veces intervienen la merlot, cabernet sauvignon o syrah, tanto en los vinos jóvenes como en robles, crianzas y reservas.

Olivos y viñedos

Se impone, por razones de espacio, la tarea de precisar el foco, de acotar terreno. Parece justo elegir, de esas seis zonas ribereñas, la que podría ser en cierto modo el epicentro y motor, la que tiene sello y nombre muñido por el tiempo, los trabajos y los días: la Tierra de Barros. Una comarca histórica al sur de Badajoz cuyo solo nombre evoca el agua y la presencia del gran río. Una presencia guadianesca (es una expresión de diccionario: caudal que aparece y desaparece); el río se ve a veces, y otras muchas se vislumbra y deja sentir, por el frescor que él mismo, o sus múltiples feudatarios, o acequias industriosas, extienden generosamente por vastas parcelas. Son campos que llaman la atención por su mimado aspecto: el horizonte es puro vergel, feraz e infatigable. Cabeza de esa comarca histórica es Almendralejo. Un diminutivo (Almendral se quedó como estaba y Almendralejo creció hasta alcanzar sus actuales 35.000 habitantes). Arropada por lomas pulcramente cubiertas de olivos y viñedos, esta población creció, históricamente, a la sombra de Mérida, como feudo de la Orden de Santiago -que tenía encomienda local en la vecina Aceuchal, a un par de leguas-. Almendralejo envió a las Américas 59 conquistadores, dicen (¿no serían 60?). Y obtuvo título de ciudad en tiempos de Isabel II.

Poco antes, en 1808, nacía en el palacio barroco de Monsalud José Ignacio Javier Oriol Encarnación de Espronceda Delgado. Espronceda para los amigos, y para las letras. Uno de los grandes poetas románticos del país, nuestro Byron doméstico, que murió a los 34 años de garrotillo (difteria), cuando estaba a punto de casarse, el pobre. Como también nació en el pueblo, algo después (1823), Carolina Coronado, otra poetisa y escritora de cierto fuste, la ciudad natal de ambos organiza desde hace un lustro una ruta o fiesta del Romanticismo, que parece haber prendido con fuerza; casi un millar de personas se viste de época y recorre las calles principales de la localidad evocando a los vates. Lo hacen en mayo.

Colección arqueológica

Almendralejo es una población grandona, pero acogedora, con cierto aire andaluz. Son precisamente sus calles ordenadas y blancas las que le dan un empaque señorial. Aunque no faltan, claro está, los monumentos de interés, como la parroquia de la Purificación (cuyas bóvedas interiores fueron pintadas en el siglo pasado por dos italianos) o el citado palacio de Monsalud (ahora Ayuntamiento), o algunos conventos y ermitas -el convento de Santo Antonio (de 1640) aloja la colección arqueológica de Monsalud, y la ermita de la Piedad, un pequeño museo devocional-.

Pero es el vino el que da auténtico protagonismo a la capital de la Tierra de Barros. En el edificio de la antigua Alcoholera Extremeña, fábrica de alcohol del siglo XIX, se abrió en 2009 el Museo de las Ciencias del Vino, tras una feliz intervención arquitectónica. En cinco salas luminosas y bien organizadas se abordan áreas como la arqueología local, antropología o ciencias del vino. Y se muestran objetos (originales o copias) que van de Tartessos o los romanos a los viejos y nuevos cachivaches relacionados con el cultivo de la vid y la elaboración del vino.

Aparte del museo, un puñado de bodegas abren sus puertas a las visitas, incluso organizan catas. La bodega Viña Extremeña incluye un pequeño museíllo; la cooperativa San Marcos, la más internacional y representativa, luce un vanguardista edificio; Bodegas Sani exhibe ambiente taurino, y otras (Martínez Payva, Medina/Las Monedas, Santa Marina) despliegan el encanto de un cortijo palaciego. La actividad en torno al vino se completa con la oferta gastronómica, tiendas excelentes (algunas enotecas organizan cursos de cata) y tratamientos terapéuticos o de belleza (vinoterapia en el Balneario El Raposo).

Ciudad de la música

La Tierra de Barros fue célebre por sus cacharros de barro -precisamente, la añorada Natacha Seseña recogía en sus trabajos pioneros, allá por los años 70, una docena larga de alfares en activo-. Muchos pueblos ostentan el apellido de Barros. Algunos destacan en la nueva Ruta Ribera del Guadiana. Villafranca de los Barros se considera "ciudad de la música" por la tradición que arrastra desde el siglo XIX, cristalizada en una decena de agrupaciones musicales (banda, coros, conjuntos de cámara...); una antigua fábrica de harinas es ahora una preciosa Casa de la Cultura, utilizan la plaza de toros (reciente) como Auditorio y no les falta un Museo Etnográfico. En Santa Marta de los Barros también tienen un Museo Etnográfico, aparte de iglesia con portada gótica, rastros de su pasado minero y hasta (el nombre obliga) ¡un tranvía! Aunque el tranvía de la canción se refiera a Santa Marta de Colombia, los de esta Santa Marta compraron a Madrid un viejo y entrañable tranvía que han convertido en mascota. La Tierra de Barros está llena de sorpresas. Y, por supuesto, de buen vino.

Bendición de la tierra

Ese título de la más célebre novela del nobel noruego Knut Hansum (traducido también como Los frutos de la tierra) puede servir de escaparate para los frutos más granados de las riberas del Guadiana, y más concretamente de la Tierra de Barros. Además de los vinos, ya citados, hay que hacer hincapié en el cava: Almendralejo es la única población de Extremadura que puede producir ese vino espumoso bajo método champenois y al amparo del Consejo Regulador del Cava. También resultan destacables licores muy de la tierra, como el licor de bellota. Junto a la vid y el vino, el olivo es la otra gran riqueza del terruño: aceituna de mesa en variedades como manzanilla, gordalillas, verdiales, pico limón y serranas; aceites vírgenes de altísima calidad y protegidos por denominaciones de origen. El Salón del Vino y la Aceituna, que se celebra cada año en Almendralejo, es un evento de eco internacional. Olivos, encinas y alcornoques dan sombra a las dehesas por donde corretea el cerdo ibérico. Jamón, chorizo, carrilleras, presa, secreto o pluma ibérica son el preciado botín que puede adquirirse en la Plaza del Mercado, interesante edificio neomudéjar en Almendralejo, para rematar el viaje. Sin olvidar los dulces conventuales, mermeladas o confituras de elaboración artesanal.