Santa Cruz de Tenerife sin salir de la Rambla

La arteria más hermosa de la urbe es la Rambla de Santa Cruz, un bulevar que desciende hacia la Avenida Anaga jalonado por quioscos de prensa y terrazas, en medio de palmeras, tinajas con flamboyanes en flor y otros árboles de los que cuelgan esculturas contemporáneas.

Emilio Sánchez Mediavilla
En la esquina de la Rambla con la calle Pérez de Rozas se encuentra el bar Ramón (Rambla, 56) (1), una pequeña tasca tradicional de público abundante donde se pueden degustar unas tapas muy generosas. Siguiendo por esa misma calle, un poco más abajo se llega al restaurante Solana (Calle Pérez de Rozas, 15. Tel.: 922 243 780. 60 euros) (2), que ha irrumpido con fuerza en el panorama gastronómico de la capital tinerfeña. Con sus menús de degustación personalizados y las originalísimas recomendaciones de la sumiller Erika, este establecimiento ha deslumbrado a los comensales tradicionalmente huérfanos de sorpresas.Si continuamos por la Rambla y giramos a la derecha por la calle Viera y Clavijo, llegaremos a la diminuta y circular Plaza de los Patos (3) (oficialmente Plaza del 25 de Julio, fecha que conmemora la derrota del almirante Nelson en el ataque a la isla en el año 1797). Los veinte bancos de la plaza están decorados con cerámica de Triana, que reproduce anuncios de publicidad de las empresas que patrocinaron las obras entre 1913 y 1917.La siguiente parada es el Parque García Sanabria (4), un pulmón verde de casi 68.000 metros cuadrados y que constituye una dirección obligatoria para padres con hijos. Aquí se encuentra el Reloj de Flores (regalo del cónsul de Dinamarca P. Larsen en 1958, y fabricado en Suiza por la casa Favag), un vivero con ranas y nenúfares, palmeras y todo tipo de exuberante vegetación tropical. En este parque y alrededor de toda la rambla hay desperdigadas obras de arte elaboradas durante la Exposición Internacional de Escultura al Aire Libre de Santa Cruz de Tenerife de 1973 y 1994, en la que participaron prestigiosos artistas como Henry Moore, Andreu Alfaro, Óscar Domínguez, Martín Chirino y Joan Miró. Junto al Reloj de Flores, que está situado en la parte de abajo del parque, próximo a la calle Méndez Núñez está el Quiosco Parque, popularmente conocido como el Shanghai (5). Representa un buen lugar para tomar contacto con el tridente mágico del desayuno en terraza bajo el cálido sol tinerfeño: bocadillo de pollo o pata con queso blanco, zumo recién exprimido y café con leche (o barraquito, elaborado con leche condensada, para los paladares más edulcorados). La variedad y nivel de los bocadillos alcanzan un nivel de deslumbrante perfección generalizada. Una de las asignaturas pendientes de Santa Cruz sigue siendo la oferta hotelera. El Mencey, cerrado por obras, ha dejado vacante el título de mejor hotel de la ciudad. Justo enfrente del hotel en obras, en plena Rambla de Santa Cruz y junto al Parque García Sanabria, se encuentra el Hotel Contemporáneo (Rambla de Santa Cruz, 116. Tel.: 922 271 571) (6). Además de sus líneas modernas y minimalistas, el hotel cuenta con un buen restaurante italiano, Alfredo, y un lounge bar, Macusamba, donde sirven las mejores copas de la ciudad y que tiene un ambiente muy animado. Justo debajo del hotel se encuentra el Víctor Cruz Bistró (7), un establecimiento que combina tapas modernas y vinos en uno de los pocos bares de pinchos que pueden descubrirse por las calles de la ciudad (Doctor Gigou, s/n. Esquina con Rambla, bajos Hotel Contemporáneo. 20 euros). Otra interesante opción de alojamiento en la capital tinerfeña es el Hotel Colón Rambla (Viera y Clavijo, 49) (8). Aunque algo viejo, tal vez incluso deliciosamente pasado de moda, resulta muy amplio (terraza y salón en cada habitación), tranquilo e ideal sobre todo para estancias familiares largas.