De la sabana a la Patagonia, cinco hoteles en medio de la nada

La soledad y el silencio, además de un paisaje espectacular, son las grandes bazas de estos alojamientos

Noelia Ferreiro
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Foto: Anantara Medjumbe Island Resort

Mala Mala Rattray’s (Sudáfrica)

La sabana adormecida, con su desfile de fauna salvaje y sus atardeceres sangrientos, es el telón de fondo de este hotel que condensa el exotismo del continente negro. Un hotel oculto en la inmensidad del Kruger, el más célebre parque nacional sudafricano, con una estética evocadora de su pasado colonial: madera y cuero, coloridos motivos tribales, pieles de cebra y de leopardo.

Mala Mala Rattray’s

Aquí, en la reserva más famosa del país, a orillas del río Sand, el alojamiento consiste en elegantes khayas (hogar en el idioma zulú) que destilan una atmósfera nostálgica: la de aquella época en que los exploradores del mundo entero sucumbieron a la belleza africana y al aura de romanticismo que acompaña a la palabra safari.

Mala Mala Rattray’s

Castillo de Duns (Escocia)

Más que un hotel, se trata de un castillo majestuoso por el que se desliza la pátina del tiempo y la solera monumental. Un castillo que está, como en los cuentos, oculto tras un bosque y rodeado de casi 500 hectáreas de reserva natural.

Duns Castle

Los huéspedes no sólo encuentran la soledad deseada sino que además experimentan un auténtico viaje al pasado, para lo cual ayudan algunas actividades que brinda, muy en sintonía con el que fuera el entretenimiento de los reyes: tiro con arco, exhibición de cetrería, croquet… Todo ello con la característica bruma de los paisajes escoceses y el inconfundible sabor de la Edad Media.

D.R.

Anantara Medjumbe Island Resort (Islas Quirimbas, Mozambique)

El Índico, con sus mil tonalidades turquesas, ocupa el horizonte de este hotel localizado en Medjumbe, dentro del archipiélago de las Quirimbas que se extiende a lo largo de la costa norte de Mozambique. Todo lo que le rodea es este océano que encarna lo místico y lo remoto, este inmenso mar que ocupa el 20% de la superficie del planeta.

Anantara Medjumbe Island Resort

Por semejante posición, estas exquisitas villas son una tentación para robinsones, de las que costará salir incluso para contemplar ballenas y delfines o para sumergirse en uno de los mejores arrecifes del mundo. Las playas de arena fina, aguas turquesas y naturaleza virgen completan la imagen arquetípica del refugio perfecto.

Anantara Medjumbe Island Resort

Feynan Eco-Lodge (Desierto de Wadi Rum, Jordania)

La nada, en este hotel, no es sino el mítico desierto de Wadi Rum, también llamado el Valle de la Luna, que dibuja un infinito manto de arena roja bajo montañas de roca arenisca. Un lugar donde los días discurren en soledad y las noches desvelan los secretos del firmamento.

Feynan Eco-Lodge

Admirar el brillo de millones de estrellas es lo que se puede hacer en este maravilloso ecolodge inspirado en los caravasares de antaño. Un lugar que no dispone de electricidad (obtiene su energía del sol) y en el que su funcionamiento es environmentally friendly. Todo está ideado para que, incluso sin aire acondicionado, no falten las comodidades.

Feynan Eco-Lodge

Estancia Harberton (Patagonia argentina)

TIERRA DE FUEGO

Perdido en la inmensidad del cono sur, este alojamiento es todo un clásico de ese vértice del fin del mundo llamado Tierra de Fuego. Se trata de la estancia más antigua de Argentina, emplazada a 85 km de Ushuaia y declarada Monumento Histórico Nacional. Una casa frente a la bahía, restaurada y redecorada, que condensa la esencia del rincón más austral del planeta, donde todo, desde la navegación por el Beagle a los pingüinos magallánicos, lleva el sello del último confín.

Estancia Harberton

Aquí donde los vientos soplan fuertes y la mirada se pierde en un paisaje agreste e infinito, sólo quienes logren estremecerse con el frescor de las montañas, el aroma a leña y los paseos a caballo, hallarán su hogar en esta hacienda.

Estancia Harberton