España a pie, de punta a punta: rutas para senderistas (Parte I)

Cascadas, valles, pasarelas, cuevas, ríos y hasta molinos forman parte de estas rutas para senderistas que invitan al viajero a hacer escapadas en plena naturaleza este otoño. Recorremos las primeras 5...

Andrés Campos
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Foto: Andrés Campos

Cueva del Santo (La Rioja)

Alfombra roja hacia el cielo

Cerca de San Millán de la Cogolla, río Cárdenas arriba, hay un hayedo paradisíaco. Sobre el bosque, en una cueva con inmensas vistas, el santo hizo vida retirada 40 años.

A ocho kilómetros justos de San Millán de la Cogolla, en la margen derecha del río Cárdenas, se encuentra el área de los Corrales de Urre, donde nace la ruta de la Cueva del Santo. Se trata de una senda bien señalizada, de solo una hora de duración (incluida la vuelta por el mismo camino), apta para personas de toda edad y forma física, que asciende a través de una espesa masa de hayas y avellanos, casi como por un túnel, y que zigzaguea a continuación por un bosque de pinos silvestres hasta llegar al cortado rocoso del que cuelga, como un nido de golondrina, la casa-cueva donde vivió Millán 40 años, a principios del siglo VI. Estaba ya en el cielo, antes de ser santo.

Andrés Campos

El mundo ha cambiado mucho en estos 15 siglos, pero el paisaje que se contempla desde la cueva, nada de nada: arriba sigue San Lorenzo, el pico más alto (2.271 metros) de la sierra de la Demanda, y al pie de la cueva, tapizando el valle, la misma alfombra de hayas, bellísima a finales de octubre y principios de noviembre, cuando la naturaleza la pinta con los colores más cálidos de su paleta. Días hay en que, para llegar a la cueva, los senderistas avanzan por una alfombra roja, como estrellas de cine.

Andrés Campos

Guía

Dónde: área recreativa de los Corrales de Urre, a ocho kilómetros de San Millán de la Cogolla, subiendo por la carretera LR-422. Tipo de ruta: lineal. Duración: una hora, incluida la vuelta. Desnivel acumulado: 120 metros. Dificultad: muy baja: Comer: In Vino Veritas. Dormir: La Posada de San Millán

De Soria a Numancia (Soria)

Duero arriba, por toda la orilla

Un paseo desde la capital soriana hasta Garray, donde yacen las ruinas de la famosa ciudad celtíbera. El otoño hace de oro los álamos del amor, los de Machado y Leonor.

Lo habitual es acercarse a Numancia en coche. Hacerlo a pie por la orilla del Duero, el río que sirvió de foso a la heroica ciudad, es una experiencia mucho más auténtica, primordial, casi celtíbera. El camino arranca en el viejo puente de Piedra de Soria, que lleva mil años cortando con sus ocho tajamares la plata del Duero. Al lado, para resolver cualquier duda, está el centro de recepción de visitantes El Fielato y, poco más allá, se encuentra el monasterio de San Juan de Duero, que fue construido por las mismas calendas que el puente por los caballeros de San Juan de Jerusalén, los cuales quizá importaron de Tierra Santa la fantasía de los arcos entrelazados de su claustro.

Camino junto al Duero | Andrés Campos

Empezaremos avanzando por la margen izquierda del Duero a través de un bello soto de álamos y sauces y, cruzando un puente peatonal que hay un kilómetro más arriba, seguiremos en lo sucesivo por la derecha. En una hora y media, estaremos en Garray y, 10 minutos después, en lo alto del cerro donde yacen las ruinas de Numancia, la ciudad celtíbera indomable, el Vietnam de Roma, que humilló a la mayor potencia de la Antigüedad durante 20 años, venciéndola primero en el campo de batalla y resistiendo luego heroicamente, hasta el último aliento, un asedio sin fisuras.

GUÍA

Dónde: puente de Piedra sobre el Duero, en Soria. Tipo de ruta: lineal. Duración: dos horas (solo ida). Desnivel acumulado: 100 metros. Dificultad: media-baja: Comer: Baluarte (Soria) y El Denario (Garray). Dormir: Parador de Soria (parador.es). 

Roblón de Estalaya (Palencia)

Un coloso a prueba de llamas

Un roble inmenso ha resistido más de 500 años al hacha y al fuego en la Montaña Palentina, cerca del nacimiento del Pisuerga. Otoño hace refulgir su cabellera dorada.

En el valle del Alto Pisuerga, dominando desde el cerro de San Cristóbal un hermoso panorama de la Montaña Palentina, se alza el Roblón, un árbol con un tronco de 10 metros de perímetro, para abrazar el cual harían falta seis hombres juntos, y cuya edad, según los cálculos menos alegres, es de más de 500 años. Así que ya era un pimpollo cuando, por poner un vistoso ejemplo, Miguel Ángel estaba pintando la Capilla Sixtina. Desde entonces, esta ha sido restaurada cinco veces, mientras que el Roblón ha permanecido firme en su sitio sin recibir cuidado alguno. No, la verdad es que bien no se le ha cuidado. Hace 60 años se libró de una tala inmisericorde y hace 40, de un incendio intencionado. No hay quien acabe con él. Es un árbol a prueba de humanos.

El Roblón de Estalaya. | Andrés Campos

A 500 metros de Estalaya, en la carretera que lleva a Herreruela de Castillería, nace la senda del Roblón (circular, de 4,5 kilómetros y 90 minutos de duración). Hay un aparcamiento y un panel informativo. Lo que no hay es posibilidad de perderse ni de confundir al árbol en cuestión, pues resplandece de ancianidad y hermosura en lo alto del cerro. Medio millar de otoños han hecho refulgir su cabellera dorada. Eso, por no hablar del incendio de marras. Medio millar de primaveras la han hecho reverdecer.

Guía

Dónde: kilómetro 5 de la carretera PP-2173, a 500 metros de Estalaya. Tipo de ruta: circular. Duración: una hora y media. Desnivel acumulado: 275 metros. Dificultad: baja: Comer: La Taba (San Salvador de Cantamuda). Dormir: Parador de Cervera de Pisuerga

Sendero de la Molata (Almería)

Solos en el Cabo de Gata

Una batería del siglo XVIII, unos acantilados llenos de fósiles y unos fondos marinos perfectos para bucear. Encima, el Playazo, que no es pequeño, está vacío (es otoño).

De las muchas sendas que recorren el Parque Natural Cabo de Gata-Níjar, ninguna más bella y solitaria que la que va del Playazo de Rodalquilar a la cala del Cuervo, en Las Negras, bordeando alucinantes acantilados de arenisca amarilla tachonados de fósiles marinos. Nada más rebasar la batería de San Ramón, del siglo XVIII, hay una plataforma rocosa al pie de los acantilados que es idónea para darse un baño y hacer snorkel en unas aguas de color elixir de menta, buceando entre picachos semisumergidos, cuevas copadas de erizos y grandes bancos de peces que indican la riqueza de un litoral donde, poco antes de que llegaran los turistas, se pescaba a copo halando las redes desde tierra.

Camino que lleva a la Torre de los Lobos, el faro más alto de España. | Andrés Campos

En ir y volver por el mismo camino, bien señalizado, se tarda hora y media. ¿Y por qué en otoño? Pues porque apenas hay turistas, porque aquí es verano (o eso parece, por el buen tiempo) casi hasta final de año y porque sí. Como es una ruta cortita, podemos hacer otra en el mismo Rodalquilar, subiendo por la pista asfaltada (cerrada al tráfico) que lleva dando un paseo de 45 minutos hasta la torre de los Lobos, del siglo XVIII. La torre es también el faro situado a mayor altitud en España (265 metros sobre el mar) y el mejor mirador del parque natural.

Andrés Campos

Guía

Dónde: playa de El Playazo, en Rodalquilar, a 50 kilómetros de Almería. Tipo de ruta: lineal. Duración: una hora y media (ida y vuelta). Desnivel acumulado: 60 metros. Dificultad: baja. Comer: Oro y Luz (Rodalquilar). Dormir: Hotel de Naturaleza Rodalquilar

Río del Infierno (Asturias)

Un valle nada invernal

Castaños gigantes, robles, hayas y alisos colorean en otoño un bellísimo valle del Oriente asturiano, lleno de animales y cascadas. El nombre del río no le hace justicia.

Le dicen del Infierno, pero es un río paradisíaco, que baja brincando por los bosques celestiales del Parque Natural de Redes entre criaturas tan angelicales como corzos, rebecos, nutrias, urogallos y otros 204 animalejos (la mayor biodiversidad vertebrada de Asturias). En otoño, cuando el bosque de robles, hayas y alisos que lo arropa se viste de alegres colores, ya es el cielo total. O, como dicen allí, el cielu absolutu.

Cascada y poza del río del Infierno. | Andrés Campos

El camino que recorre este hermoso valle nace en La Pesanca, que es el área recreativa más antigua de Asturias y está asombrada por castaños gigantescos. Y no es otro que la prolongación de la carretera: una excelente pista de tierra que cruza allí mismo el río del Infierno por el primero de los siete puentes que vamos a encontrar a lo largo de la jornada. Llegando al segundo puente, admiraremos el estrecho de la Lanchosa, donde el río se encabrita en espumeantes cascadas. Al llegar al sexto (que no cruzaremos), tomaremos la bifurcación que allí se ofrece por la pista de la derecha, la cual traza un par de revueltas, cruza el río por última vez y se aleja de él para morir en un desfiladero chico, alto y precioso: la foz de Moñacos. Es la puerta’l cielu.

Andrés Campos

Guía

Dónde: área recreativa La Pesanca, a 11 kilómetros de Infiesto. Tipo de ruta: lineal. Duración: cuatro horas (incluida la vuelta). Desnivel acumulado: 500 metros. Dificultad: media-alta. Comer: El Rincón de Espinaréu (Espinaredo) y Vízcares (Espinaredo). Dormir: Palacio de Cutre