La ruta Vaqueira, un paso entre Somiedo y Cudillero

Transitar por estos pueblos y brañas es sumergirse en un mundo mágico en el que se funden la naturaleza y el hombre. Es una auténtica escapada a la leyenda, enigmas y misterios que existen sobre estas tierras.

Irene González
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Foto: THEPALMER / ISTOCK

El camino desde Somiedo hasta Cudillero transcurre perpendicularmente por el centro del occidente asturiano, en un suave descenso desde las altas cumbres somedanas y sus misteriosos lagos, hasta el bravío Cantábrico que golpea las costas y acantilados. Desde antiguo, desde finales del siglo XVIII, los vaqueiros de alzada, eran los protagonistas de la ruta Vaqueira. Estos pastores trashumaban en mayo hacia las tierras altas, donde permanecían hasta la llegada de los fríos. Aunque hoy es una figura casi extinguida en la vida y cultura asturiana, estos pastores eran los que campeaban por los montes asturianos, los que conocían todos los caminos como la palma de su mano. Según las leyendas, estaban mal vistos por sus paisanos, ya que el vaqueiro eludía las leyes y los impuestos, y, sin casa fija, su espíritu de vagabundo transcurría entre las montañas y el mar.

Se decía que practicaban la brujería y se les prohibió ser enterrados en terreno sagrado, pasar a las iglesias o poder disfrutar o pernoctar en las posadas. Así que, el vaqueiro creó sus propios pueblos, que eran provisionales conjuntos de cabañas situadas en las brañas. Y de hecho, pueblos como El Puerto, La Peral o Llamardal son poblados de alzada donde se establecen varias familias de primavera a otoño. Es un entorno natural único, que guarda algunos de los parajes menos poblados de Asturias. Las brañas vaqueiras de esta comarca convocan tradición y leyendas que aún se pueden respirar. Es tierra de oso pardo, de rebecos, de halcón peregrino y de águila real. Es zona de teitos, las cabañas con techumbre de piorno y escoba, el cobijo y hábitat de los vaqueiros de alzada.

Es una ruta de ensueño a través de un mosaico de paisajes. Todo en este vasto territorio es idílico para el senderismo, para disfrutar de la naturaleza sin obstáculos o para descansar en cualquier arenal de su costa. Es una zona de montañas amables y redondeadas que flanquean innumerables valles que desembocan en el bravo Cantábrico. Un mar de ensueño, de acantilados, aguas limpias y trasparentes, de color azul intenso.